Pesadillas y alucinaciones II, de Stephen King

Hoy es lunes, y aunque el día fechado para dedicar libros era el domingo –fecha voluntariamente asignada por mí mismo y para distribuirme los temas a escribir a lo largo de la semana–, voy a dedicar un libro que leí hace tiempo y que me llamó la atención. Se trata de Pesadillas y alucinaciones II, de Stephen King. Evidentemente, al tratarse de la segunda entrega, existe un primer libro, pero añadiré que no es necesario haber leído el primero para leer el segundo: yo no lo hice. ¿Qué quiere decir esto, entonces? Pues que no están relacionados, al menos que yo sepa, ya que son historias cortas e independientes incluidas en un mismo volumen –podrían haber sido publicadas por separado, ya que abarcan incluso temas diferentes, aunque todos ellos inmersos en el mundo del autor: el terror–. Continuar leyendo »

El viejo y el mar

Acabo de terminarlo y todavía tengo la sensación de estar navegando por las costas de la Habana.

Una nueva joya del grandísimo Hemingway donde nos vuelve a mostrar como el estilo mas sencillo de escritua esconde un complejo entramado de sensaciones, sentimientos y lucha personal. Continuar leyendo »

Melancolía nocturna

Melancolía nocturna adornada por almas errantes. La ciudad queda alumbrada por luciérnagas eléctricas donde la soledad, fría y cortante es tan anónima como tu mismo. Sus calles siempre vigiladas bajo la atenta mirada del ojo de vidrio y las estrellas ocultas tras unas nubes de alquitrán. Las aceras quedan pobladas de gente sin rumbo, adicta a los hilos del destino, buscando una mano amiga entre tanto extraño. En los callejones se cuecen turbios negocios y en las esquinas el más viejo oficio. El amanecer nunca es bello para nadie que habite aquí. Continuar leyendo »

De vehementi

                                             Fué una cosa esta que a todos aquellas gentes puso en pasmo y angustia y luto, e hinchó de amargura y dolor, y de aquí a que se acabe el mundo, o ellos del todo se acaben, no dejarán de lamentar (Fray Bartolomé de las Casas. Brevísima relación de la destrucción de las Indias)

Era tan extraño volver a estar con él…

La primera duda del reencuentro llegó con el simple trámite del saludo. Lo hemos visto llegar, aparcar en la vereda y andar tambaleante y serio por el camino embarrado. De inmediato, un silencio vergonzoso, inevitable, ha trepado por la pared, nos ha paralizado las manos y nos ha reunido en torno a la puerta refugiados por la sombra segura y baja del porche.

Entonces ha llegado Elena. Quizá debería hablar de su arrojo, de su capacidad servicial, de su sacrificio, pero tan sólo diré que atravesó nuestra barrera muda a empellones, abriéndose paso entre mi hombro y la mole inerte de Julián, dispuesta a acabar con el silencio incómodo y justo a tiempo para simular algo parecido a la normalidad. Y lo logró. Nuestro visitante aún no había alcanzado la verja cuando lo recibió una animosidad que no dudo franca, aunque resultara excesiva en mitad de tanto parpadeo nervioso, de tanto titubeo mudo. Vestigios al fin y al cabo de aquella complicidad que al parecer conservaban. Nada que reprochar, sin embargo. De hecho Paul ha parecido reconfortado aunque inseguro, con el paso lento y la sonrisa helada y expectante de quien se siente bañado en ojos, presente en mentes, esperado en manos. Ha avanzado entonces decidido, escuchando alguna frase a la que no podía responder, preparándose para el encuentro. Éste, sin embargo, ha llegado sin aspavientos ni artificios. Nadie ha sido capaz de soltar palabra, porque ¿qué decir?, así que el trámite ha pasado con un par de palmetas asépticas y el roce en busca del reconocimiento fraternal, ansiando muescas de calor, algo que desdijera que el tiempo de ayer hoy ya ha pasado.

Continuar leyendo »

El diario (1ª parte)

“Hoy me he dispuesto a escribir algo que fuera a divertir a la gente, pero al tomar la pluma y el papel nada más que esto se me ha ocurrido. Me he dispuesto a escribir un relato de amor o humor y ha terminado por venirme a la cabeza este tema tan amargo.”

Así empezaba el libro que Johann encontró bajo la pata del sofá. Alguien lo utilizaba como equilibrador para que el sofá no estuviese cojo. No debe de ser un gran libro, o no debe de tenerle mucho cariño cuando estaba situado en tal lugar con tal finalidad, pensó el joven con el rostro enarcado por la curiosidad que sentía de pensar el motivo por el que un artilugio así hubiese llegado a estar bajo el sofá con el único pretexto de equilibrar las patas para que éste no se tambalease. Quizá no sea ése el único pretexto que tuvieron al colocarlo aquí, siguió pensando el chico. Continuar leyendo »

Puertenebros

Un leve sonido, casi un sollozo, desluce la tarde. Sucede que el niño acaba de recibir una pedrada en la frente y que la sangre se le desliza caliente y abundante entre el entrecejo, formando un meandro que le empapa la camisa. Por cada inspiración que le sacude el pecho, el gesto se le contrae, y haciendo muecas acompaña al ritmo agitado de sus pulmones con arduos esfuerzos por contener el llanto.

-¡Niños, no molestéis! ¡Iros a casa!.

Una voz cercana suena disgustada y alerta, porque el zumbido de las piedras y sus impactos inmediatos comienzan a incomodar a los vecinos, quienes temen que, en vez de las papeleras o algún otro chaval, sean las ventanas comunales sus próximas víctimas. Nadie, sin embargo, hace caso a la voz. Los niños, que vagan a esas horas como una cuadrilla impune con el poder entre las manos y la claridad clavándoseles en los ojos, no parecen dispuestos a abandonar aún el juego. Se mueven sigilosos y divertidos, con una mueca tan angelical que parece convertir los pedruscos en melcochas dulces, en uno de esas negras chucherías de carbón que sus padres, no sin sorna, colocan para asustarles allá por el día de Reyes. Cuando eso sucede, en un solo momento a la mueca infantil de sorpresa le sigue la de satisfacción, porque tras una cortina, en otra habitación, de la mano de papá, aparece el caudal abundante que esperaban, toda una carta ambiciosa rellena de pilas y tornillos al más puro gusto del consumidor. Les inunda el rostro entonces una sonrisa plena, feliz, catecumenal, limpia, parecida en exceso a la misma que tienen mientras se arrastran encogidos -en hileras de dos y tres- de un refugio a otro, a salvo del fuego cruzado que arrecia entre las trincheras.

Continuar leyendo »

Variación sobre la rueda

Una rueda consta, digamos, de ocho ejes; ocho mínimas baldas de madera que la aprehenden firmemente a un eje que funciona como centro, estando unida así a otra estructura superior; tal vez un carro, una cuádriga o cualquier otro vehículo que necesitara de ella. Ambos aditamentos –el eje y la estructura a la que se conecta- son, sin embargo, absolutamente prescindibles, toda vez que bastaría con un rudimentario objeto esférico para que pudiésemos hablar de la existencia de la rueda. Continuar leyendo »

Cumpleaños

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Breve gran referencia a un poema de Ángel González, uno de los mayores maestros de la poesía que haya parido este país –España–, poema con el cual me siento plenamente identificado en este día, 24 de abril de 2008.

Hoy es mi cumpleaños, lo sé, y no me alegro, mas un año más vivido siempre es un grato recuerdo, así que a la memoria vaya. Comienzo otro año en mi vida –me queda un año menos, sí–, comienzo una etapa nueva –aparento dieciocho– y, por tanto, una vida nueva –peligrosa–. Alerta debo estar ante lo que me plantean los años: ya puedo ser acusado legalmente, ya puedo ir a la cárcel –toco madera–, pero bien es verdad que ya puedo entrar en sitios donde antes no podía –y ahora no pienso hacerlo, pero eso no quiere decir que no pueda–. Continuar leyendo »

Encontrada una tarjeta de felicitación escrita por Ana Frank

Se ha encontrado en Holanda una tarjeta de felicitación escrita por la niña judía que murió en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. La misma joven que escribió el diario que ha sido publicado en formato libro, debió de escribir su felicitación para una amiga suya en 1937 en casa de su abuela, en la ciudad alemana de Aken.

Esta tarjeta escrita por la joven judía ha sido encontrada por un profesor mientras buscaba material para dar una clase sobre ella. La Casa Museo de Ana Frank quiere establecer un acuerdo con el profesor para adquirir en posesión la tarjeta de felicitación y conservarla en su colección.

Artículo basado en El Mundo.

Bubok: Nueva editorial virtual

Se llama Bubok y consiste en la auto-publicación gratis, tanto en ámbito privado como en ámbito público, con la opción de adquirir ISBN y poder adentrarse en el mundo de las librerías. El proceso es muy sencillo: registrarse es lo necesario. Luego se sube la obra que se va a publicar en formato PDF directamente a la web. Después de esto se maqueta la portada y el diseño de la encuadernación. Por último, el propio autor fijará el precio de venta al público, cuyas ganancias serán del 80 por ciento para el autor y del 20 por ciento para la editorial, basándose éstas en la diferencia que hay entre el precio de producción de cada ejemplar y el precio establecido voluntariamente por el autor. Continuar leyendo »