Análisis de Juegos de la edad tardía (parte 6) – Estructura de la tercera parte y epílogo

A estas alturas, Gregorio ya ha planeado su huida porque la situación se ha complicado demasiado y Gil va a hacerle una visita en la ciudad, con lo cual descubrirá las mentiras. Y para no decepcionarlo desmintiendo cuantas historias le ha contado a lo largo de estos años de relación telefónica, decide que la mejor salida es la de la huida. Así, la mañana del 4 de octubre, Gregorio Olías se levanta más temprano de lo habitual para empezar una nueva trayectoria de su vida. Este es el comienzo de la tercera parte del relato, a lo largo de la cual las situaciones se complican y los acontecimientos se aceleran. Las mentiras ya no van dirigidas únicamente a Gil, sino que también Angelina es víctima de las falsas historias de Gregorio, que confiesa su afiliación al partido comunista y, por ende, la necesidad de esconderse fuera de casa para que no culpen también a su esposa. En cuanto a Gil, le dice a su mujer que es un policía que viste de un modo extraño, y que si lo ve venir a la casa, no le hable del paradero de Gregorio porque tratará de persuadirla para capturarlo. Por otra parte, Gregorio obtiene extrañamente la complicidad con el camarero del café Hispano Exprés, a quien deja el recado de informar a Gil de que no debe entrar en ese café por su propia seguridad.

Por último, antes de la huida de Gregorio —con otros acontecimientos de tensión creciente a lo largo de esta parte de la novela—, Angelina le dice que debe subir al piso de arriba porque don Isaías quiere hablar con él. Así, en el último capítulo de la tercera parte, Gregorio descubre algunas verdades con respecto a su vida y a la de su tío Félix, gracias a la larga explicación de don Isaías, un personaje misterioso que resulta ser el diablo que le regaló los libros de la sabiduría al tío Félix con el objeto de mantenerlo vigilado.

Llegado este momento, cuando Angelina le pregunta a Gregorio si de verdad ha sufrido en los últimos tiempos algún percance del que no haya querido hablarle, éste se derrumba y le confiesa toda la verdad, aunque sin decirle nada claro (2007: 403-404):

—Lo que pasa (…) es que soy un bicho. Siempre fui un bicho. Ya de niño maté una vez un gato. Lo metí en una jaula y lo ahogué. ¿Comprendes? Mi vida casi toda es mentira. He engañado a todos, empezando por mí. Y debo de ser tan bicho que ni siquiera tengo muy claro que haya mentido a nadie. Lo que pasó es que de pronto empezaron a hacerme preguntas y yo respondí. Pero yo no he dicho ninguna mentira que no haya sido una respuesta a algo. De chico me preguntaba mi abuelo, «¿qué quieres ser?», y yo decía por decir algo, «toro», y él, «¿toro?», y mi madre, «¿y no querrás ser sacerdote?», y yo les decía, «sí, sacerdote y toro, toro santo», porque yo quería complacer a los dos. Y mi padre, «mejor almirante», y yo, «pues también almirante, santo toro almirante». Y así empezó todo. Y a ti, ¿qué te dije? Que iba a ser ingeniero, y hasta te propuse marcharnos a la selva a hacer puentes, ¿no? Bueno, y aquí estoy ahora. ¿No te doy pena? Me hubiera gustado tener un hijo para enseñarle a ser un hombre de verdad, y no como yo, que soy un mal bicho.

Por último, en el epílogo vemos a un Gregorio Olías desanimado y errante, que huye de la ciudad y vaga sin rumbo durante unas semanas hasta que, por casualidad, llega a un pueblo donde encuentra un edificio con el letrero de Círculo Cultural Faroni, y en su interior, sentado y con la misma ropa del poeta imaginario, a Dacio Gil Monroy, su amigo Gil Gil Gil, que cansado de buscar a su amigo en la ciudad ha vuelto a su pueblo sin tener novedades de su persona. Entonces hacen pacto de amistad y deciden dedicarse a la agricultura, como Sancho y Quijote al final de la novela.

Hasta aquí el análisis de las tres partes y el epílogo de la novela. A continuación hablaremos del paralelismo que se puede hacer entre esta estructura y la música, uno de los posibles análisis de esta trama narrativa.

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