El matrimonio y la literatura

Por lo general el matrimonio y la literatura nunca pudieron ponerse del todo de acuerdo, es normal encontrarnos con amores clandestinos, pasiones que no conducen a ningún lado. Parejas que parecen actuar de manera hipócrita. Pero entre estos casos hubo una excepción, la del escritor Gilbert Keith Chesterton (1874 – 1936). Era un claro defensor del catolicismo, muy admirado por Borges. Él se encargo de defender el matrimonio no como un compromiso que se tomaba para toda la vida al que hay que cumplirlo con firmes convicciones sino más bien como una aventura que nos mantiene en vida.
Chesterton en La superstición del divorcio dijo:

“El ser humano es monógamo aun cuando lo es sólo por un mes; el amor es eterno aun cuando solo es eterno por un mes. Siempre deja detrás la impresión de algo roto y traicionado”.

Tal vez sus ideas más creativas sobre el matrimonio no aparezcan en sus ensayos sonó en su novela Un hombre vivo (Manalive, así, todo junto, 1926). Esta novela permaneció inédita en español hasta tres años atrás, cuando la editorial española Letras Libres y la editorial argentina Leviatán la dieron a conocer. En ella se cuenta la vida de una calma pensión inglesa que estaba rodeada de jardines cuando la misma es interrumpida por la aparición de Innocent Smith, quien se encargo de seducir a todos los personajes con sus locuras, quien luego de proponerle matrimonio a una muchacha termina por disparar una serie de balazos por encima de la cabeza de un médico. Los habitantes del lugar deciden juzgarlo y se dan cuanta que no estaba tan loco como parecía.

Casanova monógamo, sus estrategias insólitas son definidas por su abogado defensor diciendo «Buscaba en serio, por medio de una perpetua reputación de su esposa mantener vivo el sentido de su perpetuo valor y los peligros que habrían de correrse por ella” un hombre vivo pertenece a los muy pocos libros en que el matrimonio y las aventuras coinciden.

Y como siempre el matrimonio y el amor dependen del cristal con que se lo mire

Poscoe Purkapile
Ella me amaba ¡Oh! ¡Cómo me amaba!
Nunca tuve la posibilidad de escaparme
Desde el día en que me vio por primera vez.
Pero después, cuando no casamos pensé
Que podría demostrar su mortalidad y dejarme libre,
o que podría divorciarse de mí.
Pero pocas mueren, ninguna renuncia.
Entonces me escapé y anduve un año de parranda.
Sin embargo nunca se lamentó. Decía que todo saldría
bien, que yo volvería. Y volví.
Le dije que mientras remaba en un bote
había sido capturado cera de la calle Van Buren
por piratas del lago Michigan
y atad con cadenas, así que no pude escribirle.
¡Ella lloró y me besó, y dijo que era cruel,
ultrajante, inhumano!
Comprendí entonces que nuestro matrimonio
era un designio divino
y no podría ser disuelto
sino por la muerte.
Tuve razón

Mrs Purkapile
Huyó y se fue por una año.
Al volver a casa me contó la tonta historia
de su rapto que no pudo escribirme, amarrado con cadenas.
Fingí creerle, aunque sabía muy bien
qué había estado haciendo, que de tanto en tanto
se encontraba con la señora Williams, la sombrerera
cuando ella iba a la ciudad a comprar mercadería, según decía.
Pero una promesa es una promesa,
Y el matrimonio es el matrimonio,
y por el respeto que me debo a mi misma
no quise ser arrastrada al divorcio
por las tretas de un esposo simplemente
aburrido del voto y del deber conyugal
.

Este artículo contiene párrafos de La superstición del divorcio de Chesterton, y Un hombre vivo y De los 244 epitafios inventados por Edgar Lee Masters para otros tantos ficticios de la imaginaria Spoon River.

Deja un comentario