Thomas Mann – El cisne negro

Thomas Mann (1875-1955), uno de los novelistas más influyentes del siglo XX, dejó a su paso por el mundo una obra literaria encomiable, merecedora, sin duda, del premio Nobel de Literatura que le fue otorgado en 1929, en gran parte debido al éxito que consiguió con su primera novela, Los Buddenbrook, sobre la decadencia de una familia burguesa. Su obra, considerada imprescindible por muchos lectores y críticos, abarca el relato corto, el ensayo y la novela, si bien en su narrativa ofrece un cóctel de reflexiones que hacen de sus libros una fuente de conocimiento. Los memorables diálogos donde plasma ideas artísticas, estéticas o filosóficas, son de una riqueza inigualable. La novela que comentamos a continuación, El cisne negro, es un ejemplo de ello.

Fue la última novela que completó y se publicó en 1954. Se trata de un texto breve pero lleno de interés en cada página. Cuenta la historia de Frau Rosalía von Tümmler, viuda de un teniente coronel, que en 1920 vive en Düsseldorf con su hija mayor Ana y su hijo Eduardo. Recién cumplidos los cincuenta años, a Rosalía hace algunos meses que no le viene la menstruación, por lo que anda preocupada, baja de ánimos porque ha dejado de ser mujer para convertirse en una vieja incapaz de amar. Pero un buen día, con motivo de instruir a Eduardo en la lengua inglesa para su futura carrera de ingeniero, un joven norteamericano de 24 años, de nombre Ken Keaton, empieza a frecuentar su casa. Rosalía se enamora de él y de pronto vuelve a sentirse mujer, e incluso consigue que la madre Naturaleza la obsequie con el periodo menstrual.

Mientras tanto, esta historia guarda un conjunto de reflexiones acerca de la naturaleza en relación con la vida, la juventud, la felicidad, así como el arte, en concreto la pintura. Ana es pintora y sobre sus lienzos plasma imágenes abstractas que a su madre le cuesta entender, porque una defiende el realismo y la otra es partidaria de la abstracción. Entre esas discusiones, durante largos paseos, costosos porque Ana padece una discapacidad en un pie, madre e hija se toman por confidentes y trasladan el tema de sus conversaciones a niveles personales. Rosalía será quien vaya en busca de su hija para confiarle sus inquietudes para con el joven profesor, y esta será la base de las reflexiones acerca del amor y la juventud, mediante unos diálogos muy vivos, extensos en relación con el resto de la obra.

Thomas Mann consigue, una vez más, por medio de una prosa deliciosa y fuerte, ahora con el sabor añejo de sus últimos momentos de vida, fundir dos artes distintas como son la literatura y la pintura, así como nos da la posibilidad de plantearnos dos veces muchos de los asuntos que nos rodean en nuestra vida diaria en relación con el mundo que vemos.

Por último, cabe decir que esta novela sorprenderá también al lector habitual, que encontrará un discurso de lectura sencilla y amena, no como uno suele esperar al enfrentarse a una novela de este autor. Muy recomendable, en definitiva.

 

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