Schopenhauer y el amor que perturba

Cuando uno ve en diferentes textos o en la vida misma a los amantes que tristes y melancólicos van a parar al manicomio o se suicidan, cabe dudar acerca de tal sentimiento. Si bien es cierto que no es lícito dudar de la realidad del amor ni de su importancia, en este contexto Schopenhauer nos presenta su propia hipótesis: “el amor no es más que la tendencia a la perturbación de las especies” y trata el enamoramiento con cierto aire sarcástico:

“No espero aprobación ni elogio por parte de los enamorados, que naturalmente propenden a expresar las imágenes más sublimes y más etéreas la intensidad de sus sentimientos. A ellos mi punto de vista les parecerá demasiado físico, harto material, por metafísico y trascendente que sea en el fondo. Ante de juzgarme, que se den cuenta de que el objeto de su amor, o sea la mujer a la cual exaltan hoy en madrigales y sonetos, apenas hubiera obtenido de ellos una mirada si hubiese nacido dieciocho años antes. Toda inclinación tierna, por etérea que afecte ser, sumerge todas sus raíces en el instinto natural de los sexos (…) El amor, que es el fin ultimo de casi todo esfuerzo humano, que tiene una influencia perturbadora sobre los más importantes negocios, que interrumpe a todas horas las ocupaciones más serias; que a veces hace cometer tonterías a los más grandes genios, que tiene maña para deslizar sus dulces esquelas y sus mechoncitos de cabellos hasta en las carteras de los ministros y los manuscritos de los filósofos (…) y que aparece como un demonio que se esfuerza en trastornarlo todo, embrollarlo todo, destruirlo todo, al punto de exclamarnos: ¿Por qué tanto ruido? Pues no se trata más que de una cosa muy sencilla; sólo se trata, de que cada macho se ayunte con su hembra. ¿Por qué tal sutileza ha de representar un papel tan importante e introducir continuamente el trastorno y el desarreglo en la vida bien ordenada de los hombres? (…) El in definitivo de toda empresa amorosa, lo mismo si se inclina a lo trágico que a lo cómico, es el más grave e importante fin de la vida y merece la profunda seriedad con que cada uno lo persigue. Se trata nada menos que de la combinación de la generación próxima. Los actores que entraran en escena cuando salgamos nosotros, se encontraran así determinados en su existencia y en su naturaleza por esta pasión tan frívola.”

Siente una antipática y fría visión en lo que respecta a la pasión erótica, creyendo que tiene una profunda misoginia (esto es adjudicado a los celos que tenía el autor por el joven amante de su madre). Como consecuencia presenta una teoría sobre el matrimonio aclarando que es un gran negocio para las mujeres:

“Es inútil disputar acera de la poligamia, puesto que de hecho existe en todas partes y sólo se trata de organizarla. ¿Dónde se encuentran verdaderos monógamos? Todos, a lo menos durante algún tiempo, y la mayoría casi siempre vivimos en la poligamia. Si todo hombre tienen necesidad de varias mujeres, justo es que sea libre y hasta que se le obligue a cargar con varias mujeres. Estas quedaran de ese modo reducidas a su verdadero papel, que es el de un ser subordinado, y se verá desaparecer de este mundo la dama, ese monstruo de la civilización europea y de la estolidez germano – cristiana, con sus ridículas pretensiones al respecto y al honor (…)
El matrimonio es una celada que nos tiende la Naturaleza.
El honor de las mujeres lo mismo que el de los hombres, es un “espíritu de cuerpo” bien entendido. En la vida de las mujeres, las relaciones sexuales son un gran negocio. El honor consiste para una joven soltera en la confianza que inspire su inocencia, y para una mujer casada, en la fidelidad que tenga a su marido.”

Este artículo cuenta con fragmentos de El amor, las mujeres y la muerte de Schopenhauer.

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