Los celos como atenuante

En un muy corto relato, Manuel Peyrou imaginó el caso en que los celos eran un atenuante a la hora de juzgar un crimen. El hombre engañado, celoso siempre tendrá un perdón mayor que quien pretenda enarbolar la causa de la justicia o la libertad.

“En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el conde.
Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer en la celda.
– ¿Por qué mentiste? – preguntó Giselle D’Orville- ¿Por qué me llenas de vergüenza?
– Porque soy débil –repuso- De este modo me cortarán la cabeza, simplemente. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.”

Este artículo cuenta con un fragmento de Cuentos breves y extraordinarios de Manuel Peyrou, recogido en la antología de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Un comentario sobre “Los celos como atenuante

  1. Mejor haría la gente leyendo este libro de Peyrou que sobre Yisel Charboneau, que además de ser una desvergonzada, arremete sin freno contra los valores políticos, o contra los toros, que si sufren o que si no sufren, y plantea escenas de prácticas sexules en el interior de una parroquia. Creo que tal tipo de libros no debería existir, pues se burla el autor, por llamarlo de alguna manera, de la institución monárquica y, como Iñaki Gabilondo en sus noticias, distorsiona la realidad utilizando algunos casos de pedofilia que se han dado en algunas parroquias para meter a todos en el mismo saco, como hace José Saramago con su nueva novela, ‘Caín’. ¿Qué tienes que ver la trama Gürtel con la Iglesia? ¿O el terrorismo con Amenábar?

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