León Tolstoi – La sonata a Kreutzer

León Tolstoi, considerado como uno de los mejores escritores de la literatura universal y de toda la historia, cuyas obras principales, Guerra y Paz y Anna Karénina, se sitúan en la cúspide del realismo, nació en 1828 en Yásnaya Poliana y murió en Lípetsk en 1910. Intentó reflejar con sus obras la sociedad en que vivía de la manera más fiel posible. El inicio de su escritura se debió al aburrimiento de estar sometido al tratamiento de aguas termales para una cura reumática en Piatigorsk, donde se pone a escribir su primera obra, Infancia, a causa del sopor que le proporcionaba estar encerrado en su habitación.

En La sonata a Kreutzer recupera el título de la sonata para violín y piano número 9 en La Mayor de Ludwig van Beethoven, op. 47. Es una novela muy breve y de muy rápida lectura donde analiza a fondo el sentimiento de los celos y la pasión carnal que rige las relaciones sentimentales: Poznishev, un hombre de aspecto siniestro, viaja en tren junto al narrador —de quien no se dice nombre en ningún momento— y otros pasajeros que empiezan a hablar del amor; y al escuchar las opiniones que a los demás les merece este sentimiento, se lanza a explicar su teoría con intención de que perdonen sus actos. Esto sucede en la primera parte de la novela, donde más que nada se analiza en un diálogo polifónico qué significa para cada personaje el amor. Poznishev defiende la superioridad del hombre frente a la mujer, el hecho de que la mujer no sea sino carne para el hombre y que sus vestidos sólo sirvan para despertar el deseo sexual, ante lo cual recibe una serie de insultos por sus consideraciones machistas. Después de irse los demás pasajeros, el protagonista se queda con el narrador y le cuenta su historia: cómo después de casarse con su esposa, ésta empieza a verse con un compañero músico para interpretar, ella al piano y él al violín, la Sonata a Kreutzer, y cómo esas visitas del músico terminan en un ataque de celos por parte de Poznishev y en el posterior asesinato de su esposa.
No revelo nada al hablar de la historia, es decir: el mismo protagonista, antes de sentarse a contar su historia, dice que ha asesinado a su mujer. En esta novela, lo que vale es la descripción que hace Tolstoi de los celos a través de la boca de ese segundo narrador que será Poznishev a lo largo de la segunda parte. El sentimiento del amor, que pronto se torna en odio y propicia los celos del amante: ese es el tema que aparece aquí magistralmente retratado. Suena injusto, políticamente incorrecto, pero es un excelente reflejo del sentimiento que estropea la mayoría de las relaciones sentimentales.
Una novela muy breve, con capítulos muy cortos que merece la pena leer sólo por eso: por la rapidez de los acontecimientos y por el retrato del hombre celoso. Esta obra fue censurada, pero aun así logró difundirse por periódicos hasta que también se prohibió el envío de estos periódicos. Roosevelt dijo sobre el autor de este libro que era “un pervertido sexual y un desvirtuador de la moral”, cuando no sabía que la intención de Tolstoi desde un principio era reflejar que el matrimonio fue impuesto por la Iglesia, no por Dios, y que “debemos abandonar el pensamiento de pecado y de exaltación ante el amor carnal, debemos entender que el objetivo del hombre es servir a la humanidad, a su país, a la ciencia o al arte y tener como objetivo menos prioritario el servicio a Dios”. Ante esto, espero que no lean la obra con la visión de que es propia de un escritor corrupto.

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