Fábrica de delitos 1 (Encuentro)

I

     Yoyis, con apenas 16 años trabajaba de maestra de aeróbics en un gimnasio modesto de la ciudad de México, el sueldo no le rendía más que para ponerse al corriente de sus atrasados meses de renta del cuarto de una pensión.

     Por las tardes se la pasaba caminando por el centro de esa enorme ciudad, ya tenía varios años que no regresaba a la provincia de donde era oriunda y su contacto familiar sólo había sido telefónicamente. Mientras caminaba soñaba con hacer realidad muchas cosas que llevaba en mente desde niña, sueños locos, le decía su madre.

     Una mañana de cielo claro, en que la jovencita se dirigía a su trabajo, abordó un microbús argumentando al chofer que iba a cantar (por lo cual la exentaron de pago). Más sin embargo el chofer al ver que no empezaba a entonar nada, le dirige una mirada agresiva a través del espejo retrovisor, en realidad Yoyis había dicho lo anterior por que no le había quedado ni un quinto para subsistir lo que restaba de la semana, ni para pagar el microbús. El sueldo que recibía se le iba en pagar la pensión y darse el lujo de comer tres veces a la semana, una vez al día.

     En ese momento comienza a cantar una canción conmovedora, más por la exigencia del chofer que por sus ganas de hacerlo. Logra captar la atención de los pasajeros que interrumpían su plática con el fin de escuchar a la joven, era tan hermosa la letra de su canción que una anciana dejó asomar unas lágrimas. Cuando terminó, los pasajeros aplaudieron sonrientes y le dieron unas monedas. Yoyis feliz bajó del microbús cerca de su trabajo, dándose el lujo de pagar y con un dinero extra, más sin embargo notó que un hombre le iba siguiendo los pasos, lo cual hizo que se sintiera insegura y comenzó a avanzar a toda prisa. El hombre también joven, la detiene del hombro:

—Espera, no te voy a hacer daño.

—¿Quién es usted? Yo no le conozco.

—Mira. Te escuché cantar y quiero hacerte una proposición.

     Pues si, como ya se han de imaginar, el hombre joven resultó ser un productor discográfico y Yoyis comenzó a estudiar artes escénicas y canto, al mismo tiempo dejó su trabajo en el gimnasio, y las instrucciones de aeróbics las impartió a sus compañeras de clase, de esta forma estudiaba y ganaba un sueldo.

     A los pocos años, después de muchas dificultades, la jovencita estaba lista para darse a conocer en los medios de difusión con un disco en donde ella era la autora de la mayoría de los temas, algo que le habían inculcado era la idea de que el propio creador interpreta sus temas, mucho más autentico es el artista, así que ahí estaba ella a punto de firmar un contrato con una disquera internacional.

     Al momento que bajó del pequeño escenario en ese salón pequeño donde los ejecutivos iban a evaluar su próximo contrato, se encontró con que era toda una novedad, así que sin dudarlo estamparon la firma de los interesados y ella con la mirada al cielo agradecía a Dios el haber cumplido uno de sus “sueños locos”. Esa noche dedicó mucho tiempo a la oración, y a pedir por que su carrera fuera fructífera. Estaba codeándose con los grandes, a pesar de su humilde procedencia y no iba a defraudarse a sí misma.

     Más sin embargo, Yoyis nunca imaginaría lo que años después le iba a ocurrir, ni de los atropellos que iba a ser sujeta, pero en la vida el destino ya estaba trazado, sin saber la clase de gente con la que se rodearía.

 

Continuará…

 

Autor: Martín Guevara Treviño

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