El cuento de hojalata oxidada

Roberto creció y vivió en una nube. Nunca sintió la necesidad de irse, ¿por qué iba a hacerlo?, su nube le proporcionaba todo lo que necesitaba, un suelo cómodo dónde dormir, unas vistas magníficas, y en verano, cuándo su nube estaba cargada de agua la humedad le hacía cosquillas en los pies y le arrancaba una sonrisa inocente ver a la gente correr en busca de un techo protector.

De pequeño su madre solía contarle un cuento que ella llamaba «El cuento de hojalata oxidada», Roberto amaba ese cuento, aunque, a decir verdad lo que más le gustaba era en realidad la voz de su madre contándolo, le tranquilizaba.

En el cuento, el protagonista era un chico que vivía recluido en un balcón del que nunca se atrevió a salir. Desde él, veía a la gente pasear, sonreír y amar, pero sobre todas las cosas, veía cada mañana a una preciosa chica. El protagonista nunca bajo a por ella, por lo que murió sólo. No era difícil para Roberto entender la moraleja, pues estaba bien clara.

Sin embargo, ahora que su madre no estaba, Roberto tenía más tiempo para reflexionar y darse cuenta de los numerosos paralelismos entre su vida y el protagonista del cuento. Desde su nube, veía a todo el mundo vivir, pero él sólo podía ser un mero espectador, se sentía un voyeur. Su vida se basaba en la cotidianeidad insignificante de los demás, en los pequeños detalles de personas que no conocía. Roberto pensó en todo esto, y por un momento se dio cuenta de qué todo lo propio era ajeno. De que todo lo que tenía era de otros y que todo lo que era relevante en su vida no era más que un simple capricho del destino.

Roberto pensó, lloró y se sintió tan devastado que se puso boca arriba y contó, cómo cada noche, las estrellas que poblaban el cielo de su nube.

11 comentarios en “El cuento de hojalata oxidada”

  1. Oye, Adrien, el relato me gusta. Esta bien su argumento. Pero hay una cosa que no soporto, que no es por tí, sino por la escritura, y es que todos esos «qué» no llevan tilde: son pronombres relativos.
    No sé si ha sido un fallo tuyo al escribir deprisa o ha sido porque no sabías lo que hay que saber sobre los pronombres relativos, pero te animo a que si no lo sabes, lo aprendas, porque es una de las cosas más curiosas y, sin embargo, bonitas de la lengua. Cualquier duda, aquí estoy.
    Ánimos, y a seguir escribiendo.
    Un saludo

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