Brujas Infiltradas (44 expulsemos a la intrusa)

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       Regresé a casa al atardecer, por mi cabeza rondaba la idea de encontrar aquel libro extraño que aparecía en mis pesadillas y según versiones del sacerdote, era real. Solo una persona de suma confianza para el tío Camilo pudo quedar con ese secreto, y dentro de mis sospechas solo dos personas cabían en la lista: La vieja Simona y el Doctor Noriega.

     Subí las escaleras y llegué hasta la habitación de mi hermana Carolina, se encontraba recostada, inconciente sobre su cama, una sábana de blanco inmaculado le cubría la mitad del cuerpo, en su frente había una marca como una llaga provocada por fuego, recorde la pesadilla  el día en que cayó inconciente. Algo realmente extraño le habría ocurrido para que el médico no hubiera detectado un mal aparente, por mis pensamientos cruzaron ideas absurdas al imaginar que ésto fuera producto de la brujería, pero fugazmente desbaraté esas imaginaciones.  Me sobresalte al ver algo de color plata que se asomaba por debajo de la almohada, metí despacio mi mano y pude extraer un crucifijo pequeño pero con un cristo invertido. El mismo que había encontrado en la habitación de Elisa Carpe. Mis nervios comenzaron a descontrolarse, un sudor helado escurrió por mi frente y al reunir la valentía suficiente abrí la ventana y lo arroje con todas mis fuerzas hacia el exterior.

     Corrí escaleras abajo llamando a gritos a Simona, quien acudió de inmediato a la sala de estar.

   —¿Quién ha estado con mi hermana?

   —¿Qué es lo que ocurre?

 

Continuarà…

Autor: Martìn Guevara Treviño

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