Brujas Infiltradas (54 fe)

No cabía duda que con mi nerviosismo había contagiado un gran temor a la vieja Simona, pero era preferible no estar confiados. Si resultaba cierto que Elisa Carpe era una bruja, ya había llegado demasiado lejos y no se tentaría el corazón por conseguir el libro maléfico que resguardó el tío Camilo.  Repentinamente Simona se acerca y con las yemas de sus dedos unge sobre mi frente algo que sentí como aceite tibio, no pronuncio palabra y siguió susurrando sus oraciones mientras continuó colocando algunas velas rojas por la habitación. Casi en un suspiro agradecí que la vieja Simona hiciera todo esto con tanta fe para ayudarnos.

     Subí a la recamara de Carolina, se me oprimía el corazón al ver a mi hermana indefensa, débil, recostada sobre su lecho, pude observar que su pálida piel se estaba poniendo de un verde ligero. Con mis manos acaricie su rostro, pareciera que la sangre se le hubiera evaporado, miré hacia la ventana de la recamara y me tranquilice al ver que la columna de ajos sobre la ventana y la sal en el suelo formaban una protección que antes me parecía ridícula, hoy era la única esperanza en que podíamos confiar para protegernos del mal.

   Esa noche no me despegaría ni un solo momento de mi hermana, así que decidí sentarme en el pequeño sillón a orilla de la cama de Carolina, y me dispuse a leer un libro de Elena Poniatowska. El ambiente estaba tranquilo, se percibían los olores del incienso que Simona esparció por la casa, seguí leyendo.

 

Continuará…

 

Autor: Martín Guevara Treviño

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