YO PARA TI Y TÚ PARA MÍ (5)

     Afuera, el bullicio de la mañana ignoraba la melancolía y el sentimiento de dos almas solitarias compartiendo su propio sendero del caos del pensamiento humano. Ahí en ese cubo de habitación, un fantasma extraño emanaba de todos lados, indefinido pero intenso, cautivando y desarmando las propias defensas del ser pensante.

 

          ¿Qué harías si la volvieras a ver? –pregunto de golpe.

          No sé, simplemente no sé. –susurre abotonando mi camisa.

 

     Una lágrima broto hacia su rostro, mirando a la nada, como si le doliera la respuesta.

     Terminé de vestirme y mencione un adiós terminante, ella solo fijó su empañada vista en mi mirada y apretando los labios movió la cabeza en una afirmación.

     El abandonar aquel lugar conmovía mi pecho, ese fantasma invisible presionaba en mi corazón, con sensaciones encontradas, como si acabase de saldar una deuda pendiente, ¿Pero por qué?, ¿acaso el regresar a esa ciudad me habría librado de una deuda moral o sentimental? Mis pensamientos no encontraban forma a causa de la resaca.

 

     ¿Qué haría si la volviera a ver?  “No sé”. ¡Claro que lo sabia! La abrazaría fuerte, la besaría y le diría todo lo que la he extrañado, pero como siempre habría resultado ser tan cobarde para demostrar los verdaderos sentimientos, no pude darle la respuesta verdadera a aquella extraña.

 

 

     En una habitación de hotel yacía una joven mujer, húmeda en agua sobre la cama, llorando, ahogada en sentimiento. Era una de esas mujeres que por su trabajo suelen cambiarse el nombre; Ana Maria lo había sustituido por Mariana, y lloraba inconsolable, con el corazón a punto de estallar, observando en la muñeca de su brazo derecho, la cicatriz de una “M” ya casi desvanecida por el tiempo… Y es que el tiempo desvanece muchas cosas, pero nunca el verdadero amor.

 

 

 

FIN

Autor: Martín Guevara Treviño

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