Quisiera ser…¡artista!

Creí ver el cielo entre mis manos, la tortura de la realidad había tocado su fin. Me encontraba satisfecho conmigo mismo al ver que todo se había solucionado, que la gente no hablaba de mi, que reconocerme por las calles, ahora, resultaba sencillamente inverosímil. Podía haberme imaginado sueños así, pero mi avaricia por superarme de una manera prácticamente abolida nunca me dejó. Desfilaba por las avenidas junto a los míos, entraba a cafeterías sin que nada ni nadie se conmoviese de una manera extraña al verme caminar.

Mi vida no había sido como yo opté, los ruidos siempre me molestaron, la multitud siempre me agobió y en una simple opinión en una revista nacional, mi vida dio un vuelco imprevisible. Yo, tan solo expresé mi opinión, siempre tuve mucho carácter y no me gustaba el que se hiciesen las cosas de una manera vulgar, por eso únicamente exprese mi furia en aquellas líneas, la gente se mostró desequilibrada ante aquel sentir que humildemente redacté. La multitud y los ruidos se hacían cada vez más altos dejándome a mí, en un ser terriblemente extraño.

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