Michel Houellebecq – Lanzarote

Michel Houellebecq nació en 1958 en la Isla de Reunión con el nombre de Michel Thomas. Las circunstancias familiares provocan que se críe con su abuela paterna, de la que toma el apellido con el que conocemos al autor. Sus obras han sido reconocidas como hitos de la narrativa francesa del siglo XX y XXI, destacando entre ellas Partículas elementales o Plataforma, traducidas al castellano en 1999 y 2002 respectivamente.

Lanzarote es una de las obras menos conocidas del escritor francés. Publicada en Francia en el año 2000, tardó tres años para ser traducida al castellano. Esta novela de cien páginas publicada en Anagrama en 2003 tiene una trama muy sencilla, a saber, el protagonista decide realizar un viaje a un lugar poco común ya que no es un lugar de grandes atractivos para un turista vulgar: la isla de Lanzarote. Su estancia en la isla durante los primeros días del año 2000 serán la excusa perfecta para que Houellebecq despliegue su capacidad de ironía, provocación y reflexión que hará de esta novela una obra que se alarga más allá de su centenar de páginas.

De entre todos los aspectos destacables de Lanzarote me centraré en el viaje como renacimiento. El autor crea un paisaje propicio para que los personajes que se encuentran en la obra se enfrenten a la necesidad de volver a nacer. Comencemos con el protagonista. Un hombre que finalizará el año 1999 con una fiesta que ya presume que será un fracaso y decide salir de su entorno, un viaje a un lugar atípico. Lanzarote es una isla volcánica en pleno resurgir geológico después de las grandes erupciones del siglo XVIII y por tanto un lugar poco atractivo para el turismo común. Con playa desérticas y un paisaje considerado por la UNESCO como reserva de la biosfera, el protagonista no encontrará más visitas ni compañía que la que él mismo sea capaz de encontrar.

El momento histórico también supone un nacimiento. Enero del 2000. Houellebecq recrea en las primeras páginas un irónico y divertido coloquio en el que distintos profesionales determinan los motivos por los que el año 2000 puede ser considerado o no el inicio del nuevo milenio. Un genetista, una actriz porno, un historiador y un académico son los encargados de resolver esta cuestión.

Creado el contexto, el autor nos propone los personajes secundarios. El primer encuentro del protagonista es con Rudi, un policía que trabaja en Bélgica y que está cansado de su trabajo y del país. Este personaje parece buscar un cambio en su vida y será en la isla donde encuentre el impulso para llevarlo a cabo. El segundo encuentro, entre turistas de la tercera edad, se materializa con Pam y Bárbara, dos lesbianas alemanas que no se niegan al contacto con el sexo masculino, y que se plantean la posibilidad de la maternidad como un cambio en su vida. Por último aparece una secta religiosa, los azraelianos, que apuestan por la llegada de los extraterrestres para la renovación de la humanidad. Esta secta elige la isla para ubicar su lugar de acogida para la venida de los seres de otros planetas.

Cuatro personajes, una secta, una isla y un final de siglo que se entretejen durante unos días para cambiar la vida de los personajes. Pero como todo viaje, lo que parece un cambio radical se tropieza con el regreso a la realidad, como le ocurre al personaje principal con su regreso a Francia, a su trabajo y al frío del invierno.

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