Dime Mar

Se encontraba tumbada en la arena, con la brisa acariciando su atezado rostro.

Todo estaba en silencio, tan solo el romper de las olas en la costa. El mar iba mojando sus pies y pequeñas algas, como jirones, se le enredaban en los pies.

Que infinito parece el mundo cuando se es tan pequeña, pensaba. El mar volvía a rugir.

Dime Mar, ¿Por qué eres tan bueno con los hombres? Ellos te explotan, recorren tu lomo a bordo de navíos dejando cicatrices de espuma. Robándote tus peces, escupiendo petróleo, construyendo titanes en tu estructura. Dime Mar, ¿Por qué eres tan bueno? Con tus diáfanas aguas, atrapando el sol de la aurora, esparciéndolo por el mundo. Tuya es la tierra, pero en el fondo, estas atrapado en ella. Entonando la melodía del vaivén de tus olas. A veces te has enfadado, y robas almas en altamar. Pero lo entiendo, se que lo haces para intentar comprender al hombre, para unirte un poco mas a él. Dime Mar, ¿por qué eres tan bueno?.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la cámara Polaroid de Pablo. Entonces se levantó y soltando una lágrima sobre la arena, lo abrazó. Los dos caminaron por la costa, mientras el mar seguía rugiendo y borraba sus huellas. Pues nadie puede pasear por las costas sin que el mar devore sus pasos.

A su alrededor, grandes estructuras de hormigón iban conquistando la costa, volvió a soltar otra lágrima. ¿Cuál es el precio de tu reino mar? Pero el mar volvió a rugir y allí empezó la tormenta.

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