Brujas Infiltradas (71 La casa del río)

Rostros llenos de furia, miradas perdidas y mujeres sollozantes, era el cuadro que pintaba la ciudad, gente ir y venir como locos surcando la ciudad. Azucena, quién iba en el asiento trasero del coche, decidio recostarse para no ver las escenas de rabia, combinada con el sentimiento de miedo a ser vista, no deseaba ser atacada de nueva cuenta y sin dudarlo llevada a muerte por el clima de odio hacia personas diferentes como ella, debido a su mala experiencia cuando trataron de atraparla y probablemente asesinarla sin piedad en la improvisada hoguera.

     Al salir a camino abierto pude acelerar el vehiculo, dirigiendome a toda prisa a la casa del río.  El automovil danzaba al ritmo de la velocidad sobre el pavimento, hasta que pude ver a lo lejos la fachada enmohesida de la vieja casa de mi tío, donde nos esperaría la pista para terminar de una vez por todas con está maldición.

     Descendimos del auto con toda cautela, abrí la cajuela y saqué la varilla del gato hidraulico, el sacerdote tomó del suelo un grueso leño que las lluvias habían arastrado hasta el lugar. Caminamos despacio hasta la puerta de entrada y con un ligero rechinar abrí las hojas de madera de par en par, el olor a humedad penetro en nuestro olfato al instante, haciendo estornudar un par de veces a Azucena. Comprobamos que el ruido no había alertado a nadie que se encontrará en el lugar, haciendonos ver que estabamos en un recinto con aspecto macabro y sombrio, pero a todas luces solitario.

Continuará…

Autor: Martín Guevara Treviño

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