Brujas Infiltradas (59 Enfrentando al mal)

Me ha sonreído como si no estuvieran sucediendo cosas graves en nuestro entorno, como si tan natural fuera que una ciudad entera se hubiese vuelto loca ante las amenazas de ataque de seres malevolos.

     Un grave sopor se fue apoderando de la escena mientras seguí escuchando sus palabras, quedé estatico, solo escuchandola.

     —¿En verdad piensas que soy un gran peligro?, mírate Marco, somos iguales, por fuera y por dentro. Aunque tu memoria de mortal se borre por instantes, no puedes huir a la realidad. No podrás.

     Sentí su calida piel morena tocar mis hombros, yo no podía moverme, quedé petrificado, únicamente escuchaba y sentía los roces de su piel…¡Sí! Me acariciaba. Recordé aquella ocasión cuando llegó a mi hogar, sus dulces ojos me habían cautivado, los instintos de hombre chispeaban en mi cerebro. Al fin pude moverme, y terminamos sobre el suelo humedo de aquella vieja casona. No importó la maldad, su belleza me había embrujado y la hice mía.

*

Desperté sentado sobre el sillón, al lado de la cama donde yacía inconciente mi hermana Carolina. No pude recordar el modo en que llegué hasta ahí, ni siquiera de cómo regrese de la casa del río. Todo se tornaba confuso en mis recuerdos. Observe que carolina seguía sin mejora, acomode la cobija protegiendola del frío y baje las escaleras. No había ruido,  aún no obscurecia y todo estaba tan tranquilo. Me conduje a la habitación de Simona, fue un mero impulso ya que no traia en mente objetivo alguno, como si alguien controlara mi destino.

Continuará…

Autor: Martín Guevara Treviño

1 comentario en «Brujas Infiltradas (59 Enfrentando al mal)»

  1. Pingback: Brujas Infiltradas (58 La ciudad del caos)

Deja un comentario