Brujas Infiltradas (38 Matar a las brujas)

   —¿Las derrotaron?—pregunté ingenuamente.

   —Se hizo una cacería, tu tío fue uno de los principales conspiradores, odiaba a esos engendros. Al igual que todos los de ésta región, el valor de defender a sus hijos fue el impulso. Los niños desaparecían cada noche y después eran encontrados totalmente secos, así como lo escuchas, secos…—respiró un poco y continúo el relato—. Se hizo la cacería de brujas, se pretendía su exterminio, se fue aniquilando a toda mujer de practicas dudosas de los pueblos cercanos, así viajamos los ejércitos de gente civil y del gobierno con un solo fin, la muerte. La batalla más cruenta fue en el nido, la Villa de Rosales, cerca de los pueblos de los manantiales, ahí es donde ellas se instruían, donde nacían, donde aprendían su maldad. Fuimos hasta ahí y las atacamos… Desgraciadamente han regresado, no han  muerto. Tú, como médico recién egresado acudiste al lugar de los hechos con la finalidad de ayudar a los cazadores heridos, por ningún motivo pretendíamos dejar una de nuestras vidas en manos de esas bestias. Comenzamos a devastar sus viviendas, quemamos el pueblo entero, les cortábamos la cabeza, las colgamos de los árboles, las quemamos vivas, les dimos todo el castigo merecido. La multitud se cobró uno a uno todas las muertes que realizaron en nombre de su maligno dios. Dimos muerte a todos los habitantes de la villa, nunca nos detuvimos a discernir quien sí, y quien no era de su estirpe, todo el pueblo estaba en duda, así que decidimos dar muerte masiva.

 

Continuará…

 

Autor: Martín Guevara Treviño

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