Cuando me lance al precipicio no pensé en nada. Sólo quise alcanzar libertad, volar, seguir, llegar.
La presión del viento calaba la piel de mi rostro, pero no quise cerrar los ojos, disfruté del momento.
Cuando me estrellé con el pavimento, pude abrir la puerta…
Tranquilidad que invade, silencio que duerme, sabor inigualable.
Mis ojos vieron todo.
- Martín Guevara Treviño
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