<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Librosylibretas.com &#187; reflexión</title>
	<atom:link href="http://www.librosylibretas.com/tag/reflexion/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.librosylibretas.com</link>
	<description>Blog de literatura, libros y anotaciones</description>
	<lastBuildDate>Tue, 06 Dec 2011 16:00:47 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.1.3</generator>
		<item>
		<title>José Saramago &#8211; Las intermitencias de la muerte</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/jose-saramago-las-intermitencias-de-la-muerte/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/jose-saramago-las-intermitencias-de-la-muerte/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 15:23:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[intermitencias de la muerte]]></category>
		<category><![CDATA[jose saramago]]></category>
		<category><![CDATA[libro]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[nobel]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[saramago]]></category>
		<category><![CDATA[Vida]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=4598</guid>
		<description><![CDATA[“Al día siguiente no murió nadie”. Es el comienzo de una novela increíble que me ha cautivado por completo, un libro ingenioso, como tantos otros, del gran José Saramago, escritor al que, como sabrán ya a estas alturas, aprecio y admiro bastante. Pensaba que la mejor novela que había leído de Saramago era Ensayo sobre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><a href="http://www.librosylibretas.com/wp-content/uploads/2009/04/8420469459.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-4599" src="http://www.librosylibretas.com/wp-content/uploads/2009/04/8420469459.jpg" alt="" width="92" height="140" /></a></p>
<p>“Al día siguiente no murió nadie”. Es el comienzo de una novela increíble que me ha cautivado por completo, un libro ingenioso, como tantos otros, del gran José Saramago, escritor al que, como sabrán ya a estas alturas, aprecio y admiro bastante. Pensaba que la mejor novela que había leído de Saramago era Ensayo sobre la ceguera, pero creo que esta, titulada <em>Las intermitencias de la muerte </em>y con una reflexión sobre la vida y la muerte bastante interesante, me ha gustado más en muchos aspectos. Creo que ambas son obras geniales, pero esta ha logrado cautivarme con otros recursos diferentes.<span id="more-4598"></span></p>
<p>En un país cuyo nombre se desconoce por completo, la muerte deja de aparecer y la gente deja repentinamente, y sin saber por qué, de morir, lo cual causa gran euforia desde el principio, una felicidad propia de aquellos que piensan que ojalá la muerte no existiese, que ojalá la gente dejase de morir y todos viviéramos felices; pero con el paso del tiempo querrán volver a la situación inicial, pues si bien la gente ha dejado de morir, no ha cesado el paso del tiempo, por lo que los ancianos están condenados a vivir una vejez eterna, desgastándose naturalmente y perdiendo las capacidades que se llegan a perder a la edad más avanzada de la vida, y los enfermos, por su parte, desearán la muerte por encontrarse en tan mal estado que desean abandonar la vida, hartos ya de sufrir. Los hospitales empiezan a llenarse hasta arriba, siendo incapaces los médicos de atender a sus pacientes y de distribuir adecuadamente las camillas en las habitaciones, ni siquiera en los pasillos. La solución que muchos verán a esta situación será sacar a la gente fuera del país, donde sí se pueden morir, y dejar que esto suceda. Pero un buen día, o más bien malo, la muerte regresa, y entonces se produce el peor desequilibrio.</p>
<p>Un libro cargado de mensajes sobre la vida y reflexiones sobre qué es verdaderamente la muerte, una filosofía deliciosa cargada con la prosa tan típica del escritor portugués, con ese narrador tan al borde de la narración, tan distante del propio escritor como del lector, tan bien utilizado, tan sincero y tan ameno, que nos sumerge en la historia mucho mejor que cualquier narrador omnisciente, pues siendo tal, se presenta como si fuese un lector más, un contador de historias, un juglar.</p>
<p>Con todo, lo que más me ha impresionado, además de la excelente idea de la que parte el autor para contar una historia antes nunca vista —creo—, es la forma de darle “vida a la muerte”, aunque pueda sonar algo paradójico. Esta forma de darle vida a la muerte consiste en hablar de ella como un personaje más, tratar de consolarla poniéndole la mano en el hombro, acercarse como a un amigo más. Es un dato ingenioso que ha influido mucho en que la novela me cautivase. Una deliciosa lectura, con todos los factores necesarios para mi gusto: reflexiones, profundos diálogos, narración espontánea y críticas a ciertos aspectos sociales de gran relevancia con relación a la vida y la muerte. Muy buen libro, bajo mi punto de vista. Lo recomiendo con firmeza.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/jose-saramago-las-intermitencias-de-la-muerte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Citas Caprichosas XIX &#8211; Gabriel García Márquez</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xix-gabriel-garcia-marquez/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xix-gabriel-garcia-marquez/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 09 Apr 2009 15:37:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Cien años de Soledad.]]></category>
		<category><![CDATA[cita]]></category>
		<category><![CDATA[citas caprichosas]]></category>
		<category><![CDATA[frase]]></category>
		<category><![CDATA[garcia marquez]]></category>
		<category><![CDATA[libro]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Vida]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=4387</guid>
		<description><![CDATA[Muy buenas tardes a todos. Después de varias semanas sin hablar del tema que nos incumbe los jueves, traigo una nueva cita, recogida hace ya tiempo, para reflexionar sobre ella en la sección de las Citas Caprichosas. Hoy estamos ante la decimonovena entrega de este apartado literario, que comparte habitación con la filosofía en parte. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Muy buenas tardes a todos. Después de varias semanas sin hablar del tema que nos incumbe los jueves, traigo una nueva cita, recogida hace ya tiempo, para reflexionar sobre ella en la sección de las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>. Hoy estamos ante la decimonovena entrega de este apartado literario, que comparte habitación con la filosofía en parte.</p>
<p>Para hoy he recogido una cita bastante interesante cuya reflexión resultará, creo, curiosa, pero no emocionante como otras frases que nos hacen pensar y pensar hasta saltarnos las lágrimas. No obstante, me ha parecido una frase bastante ingeniosa que refleja con gran maestría la realidad. Pertenece a la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, obra ya comentada por el compañero Sol de Infancia (y que aparecerá este domingo también comentada por mí, para contaros mi experiencia).</p>
<p>Vamos a hacer uso de la memoria y la imaginación para recurrir a un momento de nuestra vida, que hay muchos, en el que hayamos perdido algún objeto, por ejemplo, un mando a distancia, eso que tanto sucede diariamente. <span id="more-4387"></span>¿Qué ocurre cuando vamos a cambiar de canal en la televisión, o simplemente vamos a encenderla, y no encontramos el mando a distancia en el sitio donde siempre está? En principio, empezamos a buscarlo, pero al final terminamos por volvernos locos cuando no damos con su localización exacta. Lo que sucede en realidad es que buscamos siempre por los mismos lugares, encima de la mesita del salón, encima del mueble donde está la televisión, en los armarios que hay por su alrededor, en los sofás, en la sala más próxima, que puede ser la cocina (muchas veces se está haciendo la comida y se cambia de canal desde la cocina para no dar un viaje innecesario hacia el salón y tocar el mando desde el sofá) o puede ser la entrada o cualquier habitación que esté cercana al salón.</p>
<p>Después de buscar por todas partes, pero sin haberlo hecho estrictamente (pues si buscásemos por todas partes lograríamos encontrar el mando a distancia perdido), llegamos incluso a gritar de rabia o a agobiarnos en silencio si es de noche y hay gente durmiendo o si está amaneciendo y sucede más de lo mismo. Pero cuando nos sentamos en el sofá, dispuestos a abandonar nuestra búsqueda, a fracasar en nuestra particular misión, vemos, quizá por debajo del sofá, quizá por debajo de la mesa, quizá entre los cojines o quizá, por qué no (muchas veces ocurre), en nuestra propia mano, el tan buscado artilugio. ¿Por qué sucede, pues, esto? Porque estamos acostumbrados a dejar determinados objetos en también determinados lugares, y si nos alteran el orden de su disposición llegamos a no saber dónde encontrar nada. Es curioso, pero es así.</p>
<p>Por tanto, nuestra cotidianidad se ve interrumpida en muchísimas ocasiones por sucesos así de insignificantes pero, sin embargo, así de reales. Y muchas veces no nos damos cuenta de ello, y nos enfadamos con nosotros mismos o con la persona más cercana (quién sabe), pero lo cierto es que el objeto que buscamos no ha desaparecido, sino que está en un lugar en el que nosotros juramos no haberlo colocado. A veces hemos sido nosotros mismos, pero no nos percatamos.</p>
<p>Bueno, pues hasta aquí la reflexión sobre una nueva cita caprichosa. Espero que se hayan divertido. Creo que si piensan en lo que más arriba se ha dicho, se podrán dar cuenta de muchas cosas de las que suceden a diario. En fin, les dejo con la cita. Que pasen buena semana.</p>
<p><em>“La búsqueda de las cosas perdidas está entorpecida por los hábitos rutinarios, y es por eso que cuesta tanto trabajo encontrarlas”.</em></p>
<p>Gabriel García Márquez.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xix-gabriel-garcia-marquez/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Citas caprichosas XVII &#8211; Emmanuil Roídis</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xvii-emmanuil-roidis/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xvii-emmanuil-roidis/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Feb 2009 19:48:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[citas caprichosas]]></category>
		<category><![CDATA[citas literarias]]></category>
		<category><![CDATA[frases]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=3684</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes. Ante todo, dar la bienvenida a todos los que lean, después de mucho tiempo sin escribir sobre este tema, el presente artículo. Hace mucho que no encuentro buenas citas de diferentes autores para incluirlas en este apartado, así que he decidido a partir de ahora no centrarme en leer muchos libros seguidos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes. Ante todo, dar la bienvenida a todos los que lean, después de mucho tiempo sin escribir sobre este tema, el presente artículo. Hace mucho que no encuentro buenas citas de diferentes autores para incluirlas en este apartado, así que he decidido a partir de ahora no centrarme en leer muchos libros seguidos de un autor en concreto, para que así cada jueves pueda hablaros sobre las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>. He de decir que sí es verdad que encuentro muchas citas que darían lugar a grandes reflexiones, pero todas son de autores que ya he nombrado muchas veces (conocerán mi debilidad por Saramago y Almudena Grandes…). Así que, a partir de ahora, si puedo abarcar cada semana a un autor distinto, todos los jueves habrá una nueva entrega de las Citas Caprichosas. Hoy llegamos al número 17 de los artículos que, desde hace ya tiempo, venía escribiendo cada semana sobre frases bonitas o que inducen, de alguna manera, a una reflexión. La de hoy me lleva a pensar varias cosas, como supongo que también llevará a los que la lean. Vamos a ello.</p>
<p>Para esta semana, y para retomar el hábito periódico de reflexionar en base a lo que han dicho grandes escritores, traigo una cita de un libro que empecé a leer ayer por la tarde y que me está impresionando sobremanera, entre otras cosas, por la forma de expresarse del autor. Éste es Emmanuil Roídis, y en su novela <em>La Papisa Juana</em>, que ya comentaré en su debida sección del domingo cuando el momento llegue, he encontrado una cita bastante ingeniosa.</p>
<p>Todo esto trata sobre el sueño, el despertar y nuestra percepción posterior de lo que tenemos ante nosotros: el mundo, simplemente, el mundo, los ropajes y la habitación desordenada, las ventanas y las puertas cerradas, las mantas al contacto con nuestro cuerpo proporcionándonos calor. Muchas veces soñamos algo que no nos gusta, una horrible pesadilla, y estamos, aunque en sueños, deseando despertar, salir de ese mundo de fantasías donde todo puede ser verdad. Y cuando Morfeo nos concede ese placer, despertamos y vemos que el mundo sigue como estaba, tranquilo, pacífico en nuestra habitación, y volvemos a dormir tranquilos.<span id="more-3684"></span></p>
<p>En cambio, otras muchas veces también soñamos cosas agradables. ¿Cuántas veces nos habremos levantado con una sonrisa de oreja a oreja por haber pasado toda una noche junto a la persona a la que más nos gustaría abrazar en la cama? Pues eso sucede en incontables ocasiones, a menudo, y sin embargo, en otras incontables ocasiones, muy, muy a menudo, nos despertamos antes de desearlo, y es entonces cuando nos enfadamos con nosotros mismos y queremos volver a empezar el sueño o, quién sabe, seguir por donde lo dejamos. Es curioso el cerebro humano, un mundo, un universo sin fin, una galaxia inexplorada…</p>
<p>Ojalá pudiéramos retener los buenos sueños en el disco duro y revivirlo del mismo modo una y otra vez, y olvidar las pesadillas sin necesidad de pensar en que eso que tanto tememos no va a suceder. Aunque no tendríamos todo este sentimiento con nosotros, porque siempre nos faltaría, como es común en el hombre, algún dato para hacernos felices, qué felices seríamos en ese caso, ¿verdad?</p>
<p><em>“¿Alguna vez te ha sucedido, mi buen lector, soñar que te están colgando o que caes desde un precipicio y en el momento en que la soga oprime tu cuello o tu cuerpo está a punto de hacerse pedazos, despiertas y descubres que estás en tu confortable cama con tu gorro de noche en la cabeza y tu perro a los pies? ¡Nada más dulce que ese despertar! Te palpas los miembros y te alegras de encontrarlos intactos. Luego abres los ojos y la ventana para que no vuelva esa pesadilla. Pero si has tenido un sueño placentero, por ejemplo, que has encontrado la piedra filosofal o a una mujer sensata, y despiertas en el preciso instante en que extendías tu mano hacia estos quiméricos tesoros, entonces, todo te parece desagradable e insípido. Rechazando la cruda realidad, hundes de nuevo la cabeza debajo del edredón, tratando de atrapar, como sea, los fantasmas que huyen”.</em></p>
<p>Emmanuil Roídis, en <em>La Papisa Juana </em>(Universidad de Sevilla. Traducción de Carmen Vilela Gallego, pág. 96)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xvii-emmanuil-roidis/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Citas Caprichosas XVI &#8211; Eduardo Mendoza</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xvi-eduardo-mendoza/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xvi-eduardo-mendoza/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Jan 2009 15:10:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[citas caprichosas]]></category>
		<category><![CDATA[eduardo mendoza]]></category>
		<category><![CDATA[frase]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=3379</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes a todos. Hoy, que desde mi ventana puedo contemplar un día de espléndidas temperaturas, que me ha hecho, entre otras cosas, cargar con mi chaqueta vaquera por las calles de la ciudad, me siento con ganas de pensar sobre una nueva Cita Caprichosa, como cada jueves, y hablar largo y tendido de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes a todos. Hoy, que desde mi ventana puedo contemplar un día de espléndidas temperaturas, que me ha hecho, entre otras cosas, cargar con mi chaqueta vaquera por las calles de la ciudad, me siento con ganas de pensar sobre una nueva <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Cita Caprichosa</a>, como cada jueves, y hablar largo y tendido de un tema en concreto, un tema que merodea por las mentes de los dementes personajes que encontramos a veces en cualquier parte.</p>
<p>Recuerdo que, cuando leí la increíble novela de Luis Landero que <a href="http://www.librosylibretas.com/luis-landero-juegos-de-la-edad-tardia/">comenté </a>hace poco en este mismo blog, el personaje de Gregorio Olías, protagonista de la fabulosa historia, sentía miedo porque un mundo imaginario, de mentira, por completo ficticio se le caía poco a poco encima. Ese miedo lo hemos sentido todos alguna vez, cuando nos hemos visto obligados (al menos para mí eso es un calvario, si no, no sería obligación) a soltar alguna mentirijilla por una buena causa. Hemos pensado, qué ocurriría si nos descubrieran. Y en definitiva, lo que estamos haciendo realmente es encubrir que el hermano pequeño ha faltado a clases porque quería ver la televisión, o que el padre ha ido a comprar un regalo a la madre y le hemos dicho a ésta que ha ido a ver a un amigo. Pero ese miedo se nos ha venido a la cabeza, y es inevitable.<span id="more-3379"></span></p>
<p>Lo peor es cuando alguien miente, y conozco a muchas personas así, y encima de soltar por esa boca mentiras que nadie con dos dedos de frente puede creerse, son ellos mismos, los mentirosos, los cuentistas, quienes se creen sus propias mentiras. Ven cosas que sólo existen en sus sueños, o ni siquiera sueños, en sus trolas. Y llegan a vivir toda una vida creyéndose marqueses y adinerados, cuando en realidad trabajan limpiando casas y sirviendo la comida a los verdaderos marqueses y adinerados (trabajo, por otra parte, desde cualquiera de las perspectivas, honrado como cualquier otro).</p>
<p>Frente a éstos, fíjense qué variedad social encontramos en el día a día: hay otros que, teniendo ese poder que caracteriza a los adinerados, teniendo la felicidad que la fortuna les ha concedido desde el principio, sin tener problemas demasiado graves como los que motivan el llanto de otros muchos, con esos recursos que tan fácilmente les conduce a la felicidad que ellos tanto buscan, se ven sometidos diariamente a un llanto incontenible, a una ceguera tal que les priva de ver lo que tienen ante ellos, la verdad, el mundo real. Tan soñadores y tan ilusos llegan a ser algunos, que les ponen delante de sus propios ojos la solución a sus problemas (un médico, por ejemplo, en mayoritarios casos, incontables en ocasiones), y se ven sometidos a un proceso de rechazo continuo y permanente a esa solución. Qué ciega puede llegar a estar una persona.</p>
<p>En fin, gentes que ven con ojos de mentira, gentes que creen que es mentira lo que ven. El alfa, la omega, el más, el menos, el sí, el no, lo opuesto: lo real.</p>
<p>Les dejo con la cita de esta semana, que pertenece a un libro que aparecerá comentado dentro de unas semanas. Espero que les guste.</p>
<p><em>Unos tienen ojos y no ven, y otros, en cambio, ven cosas que sólo han existido en su imaginación.</em></p>
<p>Eduardo Mendoza, <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xvi-eduardo-mendoza/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Nochebuena (2ª parte)</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/nochebuena-2%c2%aa-parte/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/nochebuena-2%c2%aa-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 25 Dec 2008 00:20:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[nochebuena]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[tiempo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=2881</guid>
		<description><![CDATA[El tiempo se ha desprendido sobre nosotros como unas gotas, leves, de licor sobre una tarta de whisky. Las horas han pasado volando, eran tres, y el turno les llega ahora a las charlas de sobremesa, en las que se discute sobre trabajo, sobre música, sobre viajes, todo lo relacionado, ahora sí, con la vida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>El tiempo se ha desprendido sobre nosotros como unas gotas, leves, de licor sobre una tarta de whisky. Las horas han pasado volando, eran tres, y el turno les llega ahora a las charlas de sobremesa, en las que se discute sobre trabajo, sobre música, sobre viajes, todo lo relacionado, ahora sí, con la vida cotidiana. Ahora esperan todos los vasos vacíos que, una vez retirada por completo la mesa y todos los platos de comida usados, han sido colocados ante el asiento de cada uno, en la pequeña porción de la larga mesa familiar, a la espera de que sean llenados de hielo y de su correspondiente licor, a elegir por caprichosa decisión. Los invitados conversan y miran, una vez más, la televisión, que no ha estado apagada en ningún momento de la noche y que ahora emite un programa en el que incluyen las actuaciones de algunos cantantes, lo cual da lugar a comentarios sobre las canciones cuando se hace un breve silencio y se escuchan éstas de fondo, o sobre el cantante en cuestión, si sólo se ha mirado, como es el caso de ahora, la pantalla del televisor. En ella aparece un tipo con barbas vestido de blanco, barbas zarrapastrosa y pelos largos y rizados recogidos en una cola. Está sentado ante un piano negro y simula, moviendo los brazos al son de un vals de Chopin, que lo está interpretando con su más delicada dedicación pianística. Es el Sevilla, el famoso cantante de los Mojinos Escozíos, un artista donde los haya, pero no un pianista. Ello da lugar a una larga conversación de unos veinte minutos sobre la trayectoria artística del grupo, que ha provocado algunas risas, no más que las necesarias en una noche como ésta.<span id="more-2881"></span></p>
<p>En la cocina, el cabeza de familia prepara con exquisito empeño los postres, bien presentados, que vamos a tomar los que en la mesa estamos sentados debatiendo sobre el sabor del turrón y de los polvorones. <em>En la vida cada minuto es un milagro que no se repite</em>. Éste, seguro, no volverá a repetirse, en estas mismas circunstancias, con absolutamente toda esta gente que hoy cubre la mesa del salón, que no es mucha, sólo, también, las suficientes. Dentro de unos días, cuando el año llegue completamente a su fin y nos sentemos ante la televisión, de nuevo, para esperar a que suenen las campanadas que emiten el juicio final de este dos mil ocho, estaremos aquí otra vez presentes algunos de los que hoy estamos sentados ante la mesa, pero otros faltarán. No se repetirá, por ende, este acontecimiento, no hasta dentro de un año. <em>Carpe diem</em>. Lo hemos aprovechado, hemos pasado una velada importante y divertida, y no hemos pensado, como debiéramos, en la gente que no se puede permitir este lujo. En fin, si la vida fuese de color de rosa, no existirían las tragedias. Y éstas, las tragedias, ya existían en la época clásica, no las vamos a cambiar…</p>
<p>Nos traen los postres. Mojamos la fabulosa tarda al whisky con cuarenta grados del licor que su mismo nombre lleva, y entonces siento cómo ha pasado, volando, <em>magnis itineribus</em>, el tiempo sobre nosotros.</p>
<p>Feliz Navidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/nochebuena-2%c2%aa-parte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Nochebuena</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/nochebuena/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/nochebuena/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 24 Dec 2008 17:46:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[nochebuena]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=2879</guid>
		<description><![CDATA[Esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad. Todos saben ya las rimas, no las voy a recitar. Y ande, y ande, y ande. Jesucristo era un jipi de guitarra en mano y caseta de campaña compartida. Un vividor que predicaba dando el visto bueno de los aspectos más negativos de la vida. Un profeta, dicen, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="right;"><em>Esta noche es Nochebuena<br />
y mañana, Navidad.<br />
Todos saben ya las rimas,<br />
no las voy a recitar</em>.</p>
<p>Y ande, y ande, y ande.</p>
<p>Jesucristo era un jipi de guitarra en mano y caseta de campaña compartida. Un vividor que predicaba dando el visto bueno de los aspectos más negativos de la vida. Un profeta, dicen, que nació en una noche como esta. De ahí el poner el niño Jesús en el portal de Belén a las doce de la noche del veinticuatro de diciembre.</p>
<p>Un jipi, sí. De esos de barba, pelo largo, juergas constantes y vida callejera. De esos de viajar de un lado a otro, sin rumbo fijo, nada más que adonde los lleven la curiosidad, el viento, la impaciencia, la esperanza de encontrar un mundo favorable. Todos buscan un mundo mejor, todos, cristianos, católicos, ortodoxos, musulmanes, budistas, todos. ¿Quién no busca un futuro para sí mismo? Un mundo en el que no haya peleas, ni muertes injustas, ni prohibiciones incoherentes como las que tenemos hoy en día.</p>
<p>En fin. En nombre de Jesucristo todos celebran esta noche, <span id="more-2879"></span>las familias se reúnen, se cena en conjunto, se cuentan chistes, se echan unas risas, se toman unos licores, se brinda, se charla, se mantiene el hilo de la vida durante toda una noche, y los malos rencores, los problemas familiares, las pasiones quedan a un lado durante unas horas de reunión.</p>
<p>En la mesa del salón se encuentran, elegantes, colocadas en perfecto orden y armonía, esperando a que todos vayamos en su busca, en su ayuda, en su atención, todas las bandejas de turrón, de polvorones, de jamón, de queso, de caña de lomo, de picos, de pan, todos los vasos, vacíos, esperando ser llenados por algún líquido exquisito, llámese Coca Cola, llámese Fanta, llámese Jerez, llámese Manzanilla, llámese Moscatel. Una cena deliciosa, cargada de trabajo y esmero, nos espera en la cocina, se está terminando de dar los últimos toques sabrosos al menú. Todos charlan, ven en la tele alguno de los programas de turno que dan en esta noche, todos buscan un tema agradable de conversación, tratando de evitar esos temas tabú como son el mal trabajo, el sueldo, los problemas económicos que arrasan ahora mismo nuestro país. Sentados en el sofá, expectantes, atentos a la programación televisiva, están el abuelo materno, vestido de camisa blanca y pantalón negro, zapatos negros y sonrisa abierta; el paterno, vestido de rebeca marrón y pantalón de pana, a su estilo bien marcado, y facciones serias, marcadas, por su parte, por el carácter de su ser. El pequeño de la familia merodea entre nosotros, pregunta a uno, pregunta a otro, y recorre los pasillos de la casa corriendo. Los padres están en la cocina terminando de dar su punto al menú, como dijimos. Y el resto de los invitados esperan, ansiosos, hambrientos, sedientos, impacientes, la llegada del delicioso plato secreto. Entre ellos, por qué no, estoy yo, impaciente, sediento, hambriento, ansioso, secreto.</p>
<p>Comamos en paz, dividamos las raciones. Pensemos en lo bueno que nos da la vida, dejemos, pues, lo malo atrás. Jesucristo era un muerto de hambre, un mendigo, un vagabundo. Nosotros no lo somos, pero nos da igual. Todo el mundo piensa lo mismo, en comer, en disfrutar, en estar en compañía de su familia, sin preocuparse por los demás. El resto del mundo nos parece indiferente. Les pasa a todos, y al que no le pasa, sufre. Yo sufro… pero así es el hoy, ojalá el mañana sea diferente. <em>Comamos, bebamos y gocemos: tras la muerte no habrá ningún placer… </em></p>
<p>Feliz Navidad&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/nochebuena/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Citas Caprichosas XIV &#8211; Adolfo Cabrales</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xiv-adolfo-cabrales/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xiv-adolfo-cabrales/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Dec 2008 18:28:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[citas caprichosas]]></category>
		<category><![CDATA[fito]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=2760</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes. Hoy, en nuestro apartado dedicado a reflexiones en base a ciertas frases, voy a hablar de un tema cuya esencia he ido descubriendo con el paso de los años, y que, supongo, con el paso del tiempo iré descubriendo cada vez más y mejor. Llamé a este apartado, hace ya catorce entregas exactamente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes. Hoy, en nuestro apartado dedicado a reflexiones en base a ciertas frases, voy a hablar de un tema cuya esencia he ido descubriendo con el paso de los años, y que, supongo, con el paso del tiempo iré descubriendo cada vez más y mejor. Llamé a este apartado, hace ya catorce entregas exactamente, cuando abrí el telón, <em><a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a></em>. Y la de hoy es, por completo, una verdadera cita caprichosa, pues es la primera de las veces –no creo que sea la última– que utilizo en esta sección una cita extraída de una canción, y no de un libro, una novela, un ensayo ni nada parecido. Aunque esta canción bien podría plantearse como un poema, porque es realmente poesía cantada, canción escrita en poesía, como quieran llamarla, pero es una letra excelente. No sé si pensarán lo mismo. Pero mi reflexión hoy no va sobre la canción, para eso está <a href="http://www.granmusica.com/joya-la-casa-por-el-tejado/">su correspondiente artículo </a>en el blog de música, sino sobre lo que dicen en concreto estos dos versos.</p>
<p>Pues bien, comencemos. Hagan un stop, dejen prioridad al de su derecha, estacionen cuando puedan, cuando encuentren un aparcamiento libre, enciendan, en su defecto, los intermitentes de emergencia y echen el freno de mano: vamos a debatir, vamos a pensar, que no está de más en días como éste.<span id="more-2760"></span></p>
<p>¿Están contentos con todo, absolutamente todo lo que han aprendido a lo largo de sus días de vida, más contados en algunos, menos en otros? ¿Están satisfechos con ciertas revelaciones que ya hubiera sido mejor que no os las hubieran hecho? Creo que todo el mundo tiene algo de lo que arrepentirse, algo que sabe y no debería saber, algo que han querido conocer y luego se han dado cuenta de que no debían haberlo intentado. Creo que todo el mundo es capaz de aprender cosas que no les conviene. Creo que a nadie se le escapará en la vida un asunto que no debería haber descubierto. Un rumor, una mentira, una travesura de niños, un crimen <em>imperfecto</em>, un atraso en la hora de recogida, un adelanto en el sueldo, una salida a destiempo, una respuesta, también a destiempo, una pregunta respondida cuya esencia mejor no haber conocido. Siempre, repito, siempre, creo, hay algo de lo que uno se puede arrepentir.</p>
<p>Yo, quizá, me arrepiento de haber conocido a cierta gente. Gente a la que tuve años y años viviendo en mi corazón y después, en cambio, me lo estrujaron, espachurraron hasta el más mínimo detalle de mi alma y hoy no son capaces de mirarme a la cara. Mejor no haber sabido, entonces, qué era lo que pensaba de mí, qué era lo que no quería decirme, qué era lo que ocultaba…</p>
<p>Aprendí también con el paso del tiempo, ese enemigo tan cruel, que las malas compañías, alguna vez, fueron buenas. De esto, estoy seguro, no me arrepentiré en la vida. Cambié, mi gente lo sabe, de un modo radical hace unos años, pocos realmente. Y en nada de eso tuvieron que ver ni las malas ni las buenas compañías. Pero sólo el hecho de saber qué iba a ser de mí de seguir con esas compañías, hizo que me diese cuenta, en parte, de lo que realmente era la vida. Otro factor <em>subito venit, cum minus id manebam</em>.</p>
<p>En fin, sé que darse cuenta de cosas que ya han pasado puede no servir de nada, pero también puede servir. ¿No os dais cuenta?</p>
<p>Por cierto, el examen de conducir, valga la intrusión del comentario aquí, lo aprobé a la primera. No es, en efecto, una de las cosas de las que me arrepienta, si bien ya lo tengo en mis manos y no puedo utilizarlo.</p>
<p><em>“Después de mucho tiempo aprendí que hay cosas que es mejor no aprender”.</em></p>
<p style="right;">Adolfo Cabrales Mato (Fito).</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xiv-adolfo-cabrales/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Los Versos de Oro XIII &#8211; José Luis Tejada</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/los-versos-de-oro-xiii-jose-luis-tejada/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/los-versos-de-oro-xiii-jose-luis-tejada/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Dec 2008 15:31:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[jose luis tejada]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[versos de oro]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=2681</guid>
		<description><![CDATA[Buenos días. Volvemos a estar dentro de nuestro ámbito preferido, el de la poesía, el de los versos, el de los grandes poemas de los también grandes poetas. Ocupamos una semana más la situación correspondiente a los Versos de Oro de cada semana –no obstante la ausencia de la semana pasada–. Hoy vamos a hablar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenos días. Volvemos a estar dentro de nuestro ámbito preferido, el de la poesía, el de los versos, el de los grandes poemas de los también grandes poetas. Ocupamos una semana más la situación correspondiente a los <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/versos-de-oro/">Versos de Oro </a>de cada semana –no obstante la ausencia de la semana pasada–. Hoy vamos a hablar sobre un poeta muy cercano a mi tierra, y vamos a leer un poema breve, pero intenso, con una calidad emocional bastante impactante. Me refiero al poeta José Luis Tejada, un poeta que nació el 4 de agosto de 1927 en El Puerto de Santa María y murió el 11 de mayo de 1988 en Cádiz. Por ende, cercano a mis tierras.<br />
Este miembro del maravilloso mundo de la poesía desde que fue muy joven, trabajó en varias universidades como profesor colaborador en cursos de Literatura, por ejemplo, en la universidad de Nantes (Francia), pero aún no había obtenido la licenciatura. Ésta la obtuvo en 1970 con un trabajo de investigación sobre Marinero en Tierra, de Rafael Alberti, y ya había participado impartiendo varios de los citados cursos de Literatura. Poeta desde muy joven, sus conocimientos de literatura fueron lo que le impulsaron a poder impartir esas clases sin haber obtenido aún el título, lo que convierte a nuestro poeta en un hombre con más de una virtud, más que el don de escribir buenos versos.</p>
<p>Poco después, en 1973, se doctora con un estudio monográfico sobre la poesía del primer Rafael Alberti. A estas alturas es ya un poeta bastante reconocido, capaz de escribir poemas que hieren de buena manera el corazón de todos sus receptores.<span id="more-2681"></span></p>
<p>En cuanto al poema que vamos a leer, sólo cabe decir una calificación: sobresaliente. Y si tuviera que ponerle puntuación del 1 al 10, le pondría, evidentemente, un señor 10. Porque la calidad, aunque brevedad, del poema es tan grande que no se merece otra calificación. Habla éste, el poema, del paso del tiempo, un tema tan cultivado desde los inicios de la literatura, un tópico tan extendido por todo el arte, pero de una manera especial.</p>
<p>Realmente es una reflexión filosófica que bien podría relacionarse con el famoso “panta rei” de Heráclito –aunque hay estudios que afirman que no fue él quien lo dijo, pero se le reconoce por eso–. Se podría relacionar, digo, con ese dicho porque todo el poema está basado en que el tiempo va continuamente transcurriendo a una velocidad inalcanzable, que cuando miramos a un sitio ya no vemos lo que no podíamos ver antes de mirar, sino que vemos otra cosa, lo anterior ya se ha desvanecido. Eso, más o menos, es lo que decía Heráclito, todo fluye, todo está en constante cambio y todo puede ser, a su vez, lo uno y lo otro. En fin, filosofías varias, vamos con la poesía, ya hablaremos de filosofía en otro momento. El poema, digo, y con esto termino, consta de un número escaso de versos, pero verdaderamente intensos y directos, que muchos otros poetas pudieran haber expresado por medio de grandes estrofas y demás técnicas, pero que José Luis Tejada expresa en tan pocos. A mí, que nunca había leído nada de él, me ha impresionado sobremanera, y por eso he decidido exhibirlo aquí y leer sobre su vida. Espero que les guste, y creo que les gustará.</p>
<p>Disfruten del poema. <em>Tiempo</em>. Se encuentra en su libro <em>Silencio herido</em>.</p>
<p><strong>Tiempo.</strong></p>
<p><em>Tiemblo<br />
cuando pienso<br />
en lo que no es el Tiempo…</em></p>
<p><em>Que el momento no existe, prisionero<br />
entre el Antes y el Luego…</em></p>
<p><em>Que cuando digo “ahora”, estoy mintiendo<br />
porque ese “ahora” ya se ha muerto…</em></p>
<p><em>¡Que un día dejaremos todo esto<br />
sin llevarnos si quiera ni el recuerdo!</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/los-versos-de-oro-xiii-jose-luis-tejada/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Citas Caprichosas XIII &#8211; Elvira Lindo</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xiii-elvira-lindo/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xiii-elvira-lindo/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 04 Dec 2008 20:56:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[citas caprichosas]]></category>
		<category><![CDATA[elvira lindo]]></category>
		<category><![CDATA[frase]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=2676</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes, aunque ya entradas en horas. Volvemos, después de una semana de relativo relax en lo que se refiere a este tema, con nuestras Citas Caprichosas de los jueves. Hoy, con una invitada muy especial –entiéndaseme el concepto «invitada»–, una escritora de mi tierra, gaditana, una escritora a la cual tuve el gusto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes, aunque ya entradas en horas. Volvemos, después de una semana de relativo relax en lo que se refiere a este tema, con nuestras <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas </a>de los jueves. Hoy, con una invitada muy especial –entiéndaseme el concepto «invitada»–, una escritora de mi tierra, gaditana, una escritora a la cual tuve el gusto de oír en persona hace unas semanas en una reunión celebrada en la facultad a la que asisto como humilde estudiante. Estoy hablando de Elvira Lindo, autora de los libros con los que a tantos niños ha cautivado, esas historias de Manolito Gafotas, ese personaje creado, según dijo en esa reunión, con una idea básica, y desarrollado luego a partir de las peticiones de los lectores. No obstante, la cita que he recogido para esta ocasión no pertenece a ninguna de esas novelas, sino que se encuentra entre las líneas de <em>Una palabra tuya</em>, novela que obtuvo el Premio Biblioteca Breve en el año 2005 y que tenemos la ocasión, en mi curso, de analizar desde el punto de vista narratológico.</p>
<p>Esta novela, que ya aparecerá comentada en su correspondiente sección dentro de un tiempo, tiene algunas frases que me resultaron, en el momento de leerla por primera vez, ingeniosas. Digo por primera vez porque tendré que releerla para hacer dicho análisis narratológico, y posiblemente entonces encuentre alguna cita que en su momento se me pasó. Pues bien, la cita de hoy pertenece a un momento casi del final, que no voy a revelar, pero que sí nos puede dar para una buena reflexión.<span id="more-2676"></span></p>
<p>Nos habrá pasado a todos alguna vez, supongo. ¿Quién no se ha fijado nunca en una persona que le interesa pero que no abre completamente su alma? Me refiero a fijarnos en personas que realmente nos importan y que, aunque nos hayan confiado asuntos vitales de su intimidad, no nos han revelado todo cuanto podemos saber de ellas. Y las vemos un buen día, y ellas no nos ven a nosotros, y entonces es cuando nos damos cuenta de que había algo, ya sea bueno, ya malo –que de todo se puede dar cuenta uno–, que no nos había llegado antes a nuestra vista. Por ejemplo, encontrarnos con un modo de sonreír, con una manera de mover los labios al hablar, con una forma de mirar a los demás. Y entonces, sin saberlo, inconscientemente, nos damos cuenta de que esa persona no era como antes creíamos que era, y que nos resulta aún más interesante, o bien todo lo contrario –a veces el efecto es tan radical y tan mordaz a nuestros ojos que, quién sabe, incluso podemos toparnos con un muro de desconfianza repentino hacia esa persona. Es así…–, y entonces queremos, o no, pasar más tiempo junto a esas personas.</p>
<p>Conste una cosa: no estoy hablando del proceso del enamoramiento que, como supongo, todos los que estén leyendo esto habrán pasado alguna vez. Me refiero sólo al modo en que nuestro corazón se abre involuntariamente hacia otra persona cuando descubrimos algo que antes no conocíamos, y no lo descubrimos porque ella nos lo ha revelado, sino porque nosotros mismos, basándonos en nuestra capacidad perceptiva, hemos captado ese detalle, que, por insignificante que pueda parecer a veces, vale más que muchos otros.</p>
<p>En fin, espero no haberme alargado demasiado y no haber hecho este pequeño discurso aburrido. Les dejo, pues, con la cita, y dejo que reflexionen, que –ya lo dije– da para mucho. Un saludo.<br />
 <br />
<em>“Pensé que hay cualidades en las personas que no apreciamos hasta que no las vemos actuar sin que ellas sean conscientes de nuestra mirada”.</em></p>
<p>Elvira Lindo, <em>Una palabra tuya</em>.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/citas-caprichosas-xiii-elvira-lindo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Citas Caprichosas XII &#8211; Benito Pérez Galdós</title>
		<link>http://www.librosylibretas.com/2331/</link>
		<comments>http://www.librosylibretas.com/2331/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 20 Nov 2008 18:12:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[benito perez galdos]]></category>
		<category><![CDATA[citas caprichosas]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[tristana]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.librosylibretas.com/?p=2331</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes, bienvenidos una semana más a nuestra sección ya establecida para todos los jueves, nuestras Citas Caprichosas, en las que reflexionamos acerca de temas de diversa índole en base a frases encontradas entre los legados de algún escritor literario. Esta semana, contamos con una cita recogida de un libro que dentro de unas semanas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes, bienvenidos una semana más a nuestra sección ya establecida para todos los jueves, nuestras <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>, en las que reflexionamos acerca de temas de diversa índole en base a frases encontradas entre los legados de algún escritor literario. Esta semana, contamos con una cita recogida de un libro que dentro de unas semanas aparecerá comentado en su debida sección –la de las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/recomendacion-literaria/">recomendaciones literarias</a>–, un libro titulado <em>Tristana</em>. Su autor, como conocerán muchos que hayan leído la novela, es Benito Pérez Galdós.</p>
<p>De lo que os voy a hablar hoy es de algo que me inquieta sobremanera desde hace ya unos años, un tema que siempre me ha resultado interesante y siempre he sabido que da para una gran charla y, acompañado de ella, un amplio debate. Se trata de todo lo que hacemos durante nuestra juventud, durante nuestra adolescencia, y la relación que estas acciones tienen con la niñez de cada uno.<span id="more-2331"></span></p>
<p>Se podrían decir muchísimas cosas acerca de este detalle tan pequeño, pero sin embargo tan profundo, que vive aún en todos nosotros que somos jóvenes, y también en el espíritu de todos aquellos que han entrado en edad más avanzada y recuerdan sus momentos de juventud, que al fin y al cabo son todos. Pero sin duda una de las cosas que puedo decir sobre este tema es que yo mismo, cuando actúo de una determinada manera, aunque a veces me equivoque con mis actos, soy consciente, una vez que lo pienso, de que hay cierto detalle de niñez dentro de cada acción. Eso es así, no podemos remediarlo a veces, otras veces quizá sí, pero yo creo que por lo general todas nuestras acciones, buenas y malas, tienen un profundo contenido de nuestra niñez.</p>
<p>A la gente, por ejemplo, que se siente mal con su propia vida le puede corresponder, como diría Freud, algún trauma de su infancia, alguna espina clavada en la parte más hundida del iceberg. Y por su parte, a la gente feliz, a cada una de las personas que se sienten plenamente satisfechas por su trabajo, por su cultura, por su personalidad, por su modo de ver las cosas, a todas esas personas les corresponde, por seguir el mismo camino citado, haber tenido una infancia feliz, de esas que todos añoran alguna vez, y que si no la añoran por no haberla tenido, desean haberla vivido.</p>
<p>Sin embargo, ahora que somos más maduros –aunque de vez en cuando nos sintamos como niños o como tal nos comportemos– y que sabemos más acerca del mundo que nos rodea, podemos darnos cuenta de que hasta los detalles más insignificantes de nuestras acciones tienen un sentido que en nuestra niñez ya existía. Pero hasta en momentos que un niño no puede vivir, muchos nos sentimos como si estuviésemos reviviendo nuestra infancia, porque nos sentimos felices, porque nos sentimos inocentes y protegidos por otra persona, porque nos sentimos capaces de cualquier cosa a su lado. Por cualquier tipo de motivo, creo, nuestros actos no dejan de tener trasfondo de niñez. Al fin y al cabo, niños seremos hasta que de ello no nos acordemos.</p>
<p><em>“Las inclinaciones juveniles tienen siempre un cierto airecillo de juego de muñecas”.</em></p>
<p>Benito Pérez Galdós, en <em>Tristana</em>.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.librosylibretas.com/2331/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

