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	<title>Librosylibretas.com &#187; citas caprichosas</title>
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	<description>Blog de literatura, libros y anotaciones</description>
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		<title>Citas Caprichosas XIX &#8211; Gabriel García Márquez</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Apr 2009 15:37:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Muy buenas tardes a todos. Después de varias semanas sin hablar del tema que nos incumbe los jueves, traigo una nueva cita, recogida hace ya tiempo, para reflexionar sobre ella en la sección de las Citas Caprichosas. Hoy estamos ante la decimonovena entrega de este apartado literario, que comparte habitación con la filosofía en parte. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Muy buenas tardes a todos. Después de varias semanas sin hablar del tema que nos incumbe los jueves, traigo una nueva cita, recogida hace ya tiempo, para reflexionar sobre ella en la sección de las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>. Hoy estamos ante la decimonovena entrega de este apartado literario, que comparte habitación con la filosofía en parte.</p>
<p>Para hoy he recogido una cita bastante interesante cuya reflexión resultará, creo, curiosa, pero no emocionante como otras frases que nos hacen pensar y pensar hasta saltarnos las lágrimas. No obstante, me ha parecido una frase bastante ingeniosa que refleja con gran maestría la realidad. Pertenece a la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, obra ya comentada por el compañero Sol de Infancia (y que aparecerá este domingo también comentada por mí, para contaros mi experiencia).</p>
<p>Vamos a hacer uso de la memoria y la imaginación para recurrir a un momento de nuestra vida, que hay muchos, en el que hayamos perdido algún objeto, por ejemplo, un mando a distancia, eso que tanto sucede diariamente. <span id="more-4387"></span>¿Qué ocurre cuando vamos a cambiar de canal en la televisión, o simplemente vamos a encenderla, y no encontramos el mando a distancia en el sitio donde siempre está? En principio, empezamos a buscarlo, pero al final terminamos por volvernos locos cuando no damos con su localización exacta. Lo que sucede en realidad es que buscamos siempre por los mismos lugares, encima de la mesita del salón, encima del mueble donde está la televisión, en los armarios que hay por su alrededor, en los sofás, en la sala más próxima, que puede ser la cocina (muchas veces se está haciendo la comida y se cambia de canal desde la cocina para no dar un viaje innecesario hacia el salón y tocar el mando desde el sofá) o puede ser la entrada o cualquier habitación que esté cercana al salón.</p>
<p>Después de buscar por todas partes, pero sin haberlo hecho estrictamente (pues si buscásemos por todas partes lograríamos encontrar el mando a distancia perdido), llegamos incluso a gritar de rabia o a agobiarnos en silencio si es de noche y hay gente durmiendo o si está amaneciendo y sucede más de lo mismo. Pero cuando nos sentamos en el sofá, dispuestos a abandonar nuestra búsqueda, a fracasar en nuestra particular misión, vemos, quizá por debajo del sofá, quizá por debajo de la mesa, quizá entre los cojines o quizá, por qué no (muchas veces ocurre), en nuestra propia mano, el tan buscado artilugio. ¿Por qué sucede, pues, esto? Porque estamos acostumbrados a dejar determinados objetos en también determinados lugares, y si nos alteran el orden de su disposición llegamos a no saber dónde encontrar nada. Es curioso, pero es así.</p>
<p>Por tanto, nuestra cotidianidad se ve interrumpida en muchísimas ocasiones por sucesos así de insignificantes pero, sin embargo, así de reales. Y muchas veces no nos damos cuenta de ello, y nos enfadamos con nosotros mismos o con la persona más cercana (quién sabe), pero lo cierto es que el objeto que buscamos no ha desaparecido, sino que está en un lugar en el que nosotros juramos no haberlo colocado. A veces hemos sido nosotros mismos, pero no nos percatamos.</p>
<p>Bueno, pues hasta aquí la reflexión sobre una nueva cita caprichosa. Espero que se hayan divertido. Creo que si piensan en lo que más arriba se ha dicho, se podrán dar cuenta de muchas cosas de las que suceden a diario. En fin, les dejo con la cita. Que pasen buena semana.</p>
<p><em>“La búsqueda de las cosas perdidas está entorpecida por los hábitos rutinarios, y es por eso que cuesta tanto trabajo encontrarlas”.</em></p>
<p>Gabriel García Márquez.</p>
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		<title>Citas Caprichosas XVIII &#8211; Juan Rulfo</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Mar 2009 14:27:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenas tardes a todos. Hace casi un mes, nos salva una semana, que no hablamos sobre las Citas Caprichosas que se fueron publicando periódicamente aquí los jueves de un tiempo a esta parte. Ya anuncié el motivo de la ausencia de reflexiones con nuevas citas: tengo muchas citas recogidas en un documento, pero muchas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes a todos. Hace casi un mes, nos salva una semana, que no hablamos sobre las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a> que se fueron publicando periódicamente aquí los jueves de un tiempo a esta parte. Ya anuncié el motivo de la ausencia de reflexiones con nuevas citas: tengo muchas citas recogidas en un documento, pero muchas de ellas son de los mismos autores, y no se trata aquí de alabar a un autor en concreto, sino de reflexionar basándonos en citas de diferentes autores y diferentes libros, así que disculpen si hay alguna ausencia. No es, lo prometo, falta de dedicación.</p>
<p>Bueno, dicho esto, vamos a comenzar con la Cita Caprichosa número 18, que pertenece a un escritor mexicano llamado Juan Rulfo. Supongo que lo conocerán. Recojo esta cita de su novela <em>Pedro Páramo</em>, uno de los máximos exponentes, si no el que más, del realismo mágico. Gabriel García Márquez, entre otros, lo tuvo siempre como padre de este estilo literario. Verán comentado el libro en cuestión dentro de unas semanas, en domingo, como siempre.</p>
<p>La cita representa una imagen de un hidrante, y habla de cómo gotea el agua de manera sucesiva. Luego dice que se escuchan pies que caminan hacia un lugar y vuelven. Podríamos reinterpretar esto y sacarlo de la narración para hacer hincapié en una metáfora sobre la vida.<span id="more-3942"></span></p>
<p>En la vida todo sucede muy deprisa. Todo está en constante cambio y todo va en orden diacrónico sucediéndose: nacemos, crecemos, vivimos, morimos. Todo es un constante fluir que, como el agua, nos lleva en poco tiempo desde el momento más primitivo de nuestra existencia hasta la última parada de nuestro viaje. Y mientras tanto, vemos pasar los trenes vecinos: los amores que tuvimos en nuestra adolescencia, que hoy no son más que recuerdos, unos felices, otros tristes, otros simplemente cargados de nostalgia; las experiencias excitantes de un viaje de riesgo, la escalada a una montaña, un salto de un puente colgado de unas cuerdas que, como el respirar, sostienen nuestras vidas; las fiestas a las que hemos asistido y en las que hemos tenido ocasión de presenciar nuestras primeras embriagueces o las primeras risas sin motivo aparente; y todo eso lo vemos pasar ante nosotros como si hubiesen sucedido hace cientos de generaciones, pero en realidad tenemos esos recuerdos pegados a la memoria, al corazón, y no los despegamos porque seguimos pisando, en el fondo, los mismos charcos de agua, pero sólo con una nimia diferencia: ya no son las primeras fiestas, otras muchas se han ido y otras muchas vendrán; ya no saltamos de un puente, el escalofrío que recorre nuestro cuerpo al pensarlo nos lo impide; ya no escalamos montañas; ya no vivimos los primeros amores, todos esfumados; ahora tenemos el presente, un chorro de agua que lentamente va cayendo, gota a gota, de un hidrante, gotas que luego pisan nuestros zapatos y en las que dejamos marcadas nuestras huellas, gotas que vibran con los rumores de nuestros recuerdos y que se plasman en la memoria de nuestros herederos, gotas de agua que nunca, nunca, van a dejar de caer, porque después de nosotros habrá más cataratas que se vuelquen contra el arenal de nuestro mundo.</p>
<p>Por eso vemos caer tantas gotas en nuestra vida, por eso no se acaban, por eso continúan derramándose, como las lágrimas que se resbalan por nuestras mejillas cuando pensamos, impotentes, en el momento en que el agua viva de nuestro corazón deje de fluir para convertirse en espumosa ciénaga, sin saber que las tierras de nuestra piel volverán a mojarse con las aguas de nuestros hijos, si nos acompañan. Cómo fluye el tiempo, igual que el agua, igual que los pasos que oímos a nuestro alrededor.</p>
<p><em>“En el hidrante las gotas caen una tras otra. Uno oye, salida de la piedra, el agua clara caer sobre el cántaro. Uno oye. Oye rumores; pies que raspan el suelo, que caminan, que van y vienen. Las gotas siguen cayendo sin cesar. El cántaro se desborda haciendo rodar el agua sobre un suelo mojado”.</em></p>
<p>Juan Rulfo, en <em>Pedro Páramo </em>(Cátedra, p. 85).</p>
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		<title>Citas caprichosas XVII &#8211; Emmanuil Roídis</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Feb 2009 19:48:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes. Ante todo, dar la bienvenida a todos los que lean, después de mucho tiempo sin escribir sobre este tema, el presente artículo. Hace mucho que no encuentro buenas citas de diferentes autores para incluirlas en este apartado, así que he decidido a partir de ahora no centrarme en leer muchos libros seguidos de un autor en concreto, para que así cada jueves pueda hablaros sobre las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>. He de decir que sí es verdad que encuentro muchas citas que darían lugar a grandes reflexiones, pero todas son de autores que ya he nombrado muchas veces (conocerán mi debilidad por Saramago y Almudena Grandes…). Así que, a partir de ahora, si puedo abarcar cada semana a un autor distinto, todos los jueves habrá una nueva entrega de las Citas Caprichosas. Hoy llegamos al número 17 de los artículos que, desde hace ya tiempo, venía escribiendo cada semana sobre frases bonitas o que inducen, de alguna manera, a una reflexión. La de hoy me lleva a pensar varias cosas, como supongo que también llevará a los que la lean. Vamos a ello.</p>
<p>Para esta semana, y para retomar el hábito periódico de reflexionar en base a lo que han dicho grandes escritores, traigo una cita de un libro que empecé a leer ayer por la tarde y que me está impresionando sobremanera, entre otras cosas, por la forma de expresarse del autor. Éste es Emmanuil Roídis, y en su novela <em>La Papisa Juana</em>, que ya comentaré en su debida sección del domingo cuando el momento llegue, he encontrado una cita bastante ingeniosa.</p>
<p>Todo esto trata sobre el sueño, el despertar y nuestra percepción posterior de lo que tenemos ante nosotros: el mundo, simplemente, el mundo, los ropajes y la habitación desordenada, las ventanas y las puertas cerradas, las mantas al contacto con nuestro cuerpo proporcionándonos calor. Muchas veces soñamos algo que no nos gusta, una horrible pesadilla, y estamos, aunque en sueños, deseando despertar, salir de ese mundo de fantasías donde todo puede ser verdad. Y cuando Morfeo nos concede ese placer, despertamos y vemos que el mundo sigue como estaba, tranquilo, pacífico en nuestra habitación, y volvemos a dormir tranquilos.<span id="more-3684"></span></p>
<p>En cambio, otras muchas veces también soñamos cosas agradables. ¿Cuántas veces nos habremos levantado con una sonrisa de oreja a oreja por haber pasado toda una noche junto a la persona a la que más nos gustaría abrazar en la cama? Pues eso sucede en incontables ocasiones, a menudo, y sin embargo, en otras incontables ocasiones, muy, muy a menudo, nos despertamos antes de desearlo, y es entonces cuando nos enfadamos con nosotros mismos y queremos volver a empezar el sueño o, quién sabe, seguir por donde lo dejamos. Es curioso el cerebro humano, un mundo, un universo sin fin, una galaxia inexplorada…</p>
<p>Ojalá pudiéramos retener los buenos sueños en el disco duro y revivirlo del mismo modo una y otra vez, y olvidar las pesadillas sin necesidad de pensar en que eso que tanto tememos no va a suceder. Aunque no tendríamos todo este sentimiento con nosotros, porque siempre nos faltaría, como es común en el hombre, algún dato para hacernos felices, qué felices seríamos en ese caso, ¿verdad?</p>
<p><em>“¿Alguna vez te ha sucedido, mi buen lector, soñar que te están colgando o que caes desde un precipicio y en el momento en que la soga oprime tu cuello o tu cuerpo está a punto de hacerse pedazos, despiertas y descubres que estás en tu confortable cama con tu gorro de noche en la cabeza y tu perro a los pies? ¡Nada más dulce que ese despertar! Te palpas los miembros y te alegras de encontrarlos intactos. Luego abres los ojos y la ventana para que no vuelva esa pesadilla. Pero si has tenido un sueño placentero, por ejemplo, que has encontrado la piedra filosofal o a una mujer sensata, y despiertas en el preciso instante en que extendías tu mano hacia estos quiméricos tesoros, entonces, todo te parece desagradable e insípido. Rechazando la cruda realidad, hundes de nuevo la cabeza debajo del edredón, tratando de atrapar, como sea, los fantasmas que huyen”.</em></p>
<p>Emmanuil Roídis, en <em>La Papisa Juana </em>(Universidad de Sevilla. Traducción de Carmen Vilela Gallego, pág. 96)</p>
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		<title>Citas Caprichosas XVI &#8211; Eduardo Mendoza</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jan 2009 15:10:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenas tardes a todos. Hoy, que desde mi ventana puedo contemplar un día de espléndidas temperaturas, que me ha hecho, entre otras cosas, cargar con mi chaqueta vaquera por las calles de la ciudad, me siento con ganas de pensar sobre una nueva Cita Caprichosa, como cada jueves, y hablar largo y tendido de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes a todos. Hoy, que desde mi ventana puedo contemplar un día de espléndidas temperaturas, que me ha hecho, entre otras cosas, cargar con mi chaqueta vaquera por las calles de la ciudad, me siento con ganas de pensar sobre una nueva <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Cita Caprichosa</a>, como cada jueves, y hablar largo y tendido de un tema en concreto, un tema que merodea por las mentes de los dementes personajes que encontramos a veces en cualquier parte.</p>
<p>Recuerdo que, cuando leí la increíble novela de Luis Landero que <a href="http://www.librosylibretas.com/luis-landero-juegos-de-la-edad-tardia/">comenté </a>hace poco en este mismo blog, el personaje de Gregorio Olías, protagonista de la fabulosa historia, sentía miedo porque un mundo imaginario, de mentira, por completo ficticio se le caía poco a poco encima. Ese miedo lo hemos sentido todos alguna vez, cuando nos hemos visto obligados (al menos para mí eso es un calvario, si no, no sería obligación) a soltar alguna mentirijilla por una buena causa. Hemos pensado, qué ocurriría si nos descubrieran. Y en definitiva, lo que estamos haciendo realmente es encubrir que el hermano pequeño ha faltado a clases porque quería ver la televisión, o que el padre ha ido a comprar un regalo a la madre y le hemos dicho a ésta que ha ido a ver a un amigo. Pero ese miedo se nos ha venido a la cabeza, y es inevitable.<span id="more-3379"></span></p>
<p>Lo peor es cuando alguien miente, y conozco a muchas personas así, y encima de soltar por esa boca mentiras que nadie con dos dedos de frente puede creerse, son ellos mismos, los mentirosos, los cuentistas, quienes se creen sus propias mentiras. Ven cosas que sólo existen en sus sueños, o ni siquiera sueños, en sus trolas. Y llegan a vivir toda una vida creyéndose marqueses y adinerados, cuando en realidad trabajan limpiando casas y sirviendo la comida a los verdaderos marqueses y adinerados (trabajo, por otra parte, desde cualquiera de las perspectivas, honrado como cualquier otro).</p>
<p>Frente a éstos, fíjense qué variedad social encontramos en el día a día: hay otros que, teniendo ese poder que caracteriza a los adinerados, teniendo la felicidad que la fortuna les ha concedido desde el principio, sin tener problemas demasiado graves como los que motivan el llanto de otros muchos, con esos recursos que tan fácilmente les conduce a la felicidad que ellos tanto buscan, se ven sometidos diariamente a un llanto incontenible, a una ceguera tal que les priva de ver lo que tienen ante ellos, la verdad, el mundo real. Tan soñadores y tan ilusos llegan a ser algunos, que les ponen delante de sus propios ojos la solución a sus problemas (un médico, por ejemplo, en mayoritarios casos, incontables en ocasiones), y se ven sometidos a un proceso de rechazo continuo y permanente a esa solución. Qué ciega puede llegar a estar una persona.</p>
<p>En fin, gentes que ven con ojos de mentira, gentes que creen que es mentira lo que ven. El alfa, la omega, el más, el menos, el sí, el no, lo opuesto: lo real.</p>
<p>Les dejo con la cita de esta semana, que pertenece a un libro que aparecerá comentado dentro de unas semanas. Espero que les guste.</p>
<p><em>Unos tienen ojos y no ven, y otros, en cambio, ven cosas que sólo han existido en su imaginación.</em></p>
<p>Eduardo Mendoza, <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>.</p>
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		<title>Citas caprichosas XV &#8211; Isabel Allende</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jan 2009 19:53:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenas tardes, entrada ya para dejar paso a la noche. Aquí todo está oscuro, supongo que por el resto de mis alrededores también. Hace un mes que no escribía nada sobre este tema. Hoy vuelvo a la carga y vuelvo a reflexionar sobre algo en particular a partir de una frase recogida de algún libro, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes, entrada ya para dejar paso a la noche. Aquí todo está oscuro, supongo que por el resto de mis alrededores también. Hace un mes que no escribía nada sobre este tema. Hoy vuelvo a la carga y vuelvo a reflexionar sobre algo en particular a partir de una frase recogida de algún libro, como venía haciendo ya catorce semanas. La segunda temporada de las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>, que ahora empieza, va a dar comienzo con una cita recogida de un libro de Isabel Allende, <em>La casa de los espíritus</em>, ya comentado en alguna ocasión por mí.</p>
<p>El tema es algo curioso, pero sin embargo, es algo que nos sucede, a veces a diario, otras veces no tanto, pero lo que está claro es que nos pasa. Imaginad que vais por la calle y escucháis un accidente cerca de vosotros. Se monta, como es normal y viene siendo costumbre, y cada vez más, un barullo de gente alrededor, gente que observa, que curiosea, que cotillea, todo. Pero cuando hay algún herido, la gente no se acerca, simplemente mira de lejos sólo para ver al individuo en cuestión. Si alguien pide ayuda, la gente se quita de en medio. Eso me recuerda a la letra de una chirigota de Cádiz, Los que cosen pa la calle, se llamaban. ¿Por qué se va la gente, aparte de por no querer, como siempre, mancharse las manos? Porque tienen miedo… mucha gente tiene miedo de ver cadáveres o heridos, y eso son cosas a las que no hay que temer.<span id="more-3303"></span></p>
<p>Tengo un amigo que, como yo, ha iniciado este año sus estudios universitarios, con una diferencia: yo soy de Filología Hispánica y él es de Medicina. Y a estas alturas del curso ya está diseccionando cadáveres. Lo primero que le pregunté fue: ¿y no te da miedo? Y la respuesta fue de lo más normal: no, es como si fuese un muñeco de cera. Claro, es evidente. No se mueven, no van a atacar a nadie, es una de las situaciones más seguras que puede tener un médico. ¿Cómo se va a levantar el muerto en mitad de una disección? Y sin embargo, nos da miedo acercarnos a un cadáver.</p>
<p>Pero verdaderamente a quien hay que temer es a los que se pueden mover, a los vivos, porque éstos sí son los peligrosos, los que pueden tendernos, cuando menos lo esperamos, una emboscada. Y sin embargo, hay gente que no tiene miedo del resto de la gente. Yo soy valiente, eso es lo que dicen de sí mismos, pero a la hora de tener ante ellos un cadáver, la cosa cambia, y viene el momento de echarse atrás, de no querer siquiera tocarlo. ¿Qué sería de nosotros si tuviéramos que vivir, como vivieron muchos, las escenas sangrientas y mortuorias de las guerras que han arrasado nuestro país?</p>
<p>En definitiva, tenemos miedo de lo que no deberíamos, y de lo que deberíamos no lo tenemos. Somos así, así de irremediables en muchos aspectos, así de curiosos también.</p>
<p>Les dejo con la cita. Espero que les guste. Reflexionen sobre el tema, da para mucho.</p>
<p><em>“Se lo contó a Clara en sus cartas y ésta respondió que no debía temer a los muertos, sino a los vivos, porque a pesar de su mala fama, nunca se supo que las momias atacaran a nadie; por el contrario, eran de naturaleza más bien tímida”.<br />
</em></p>
<p>Isabel Allende, <em>La casa de los espíritus</em></p>
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		<title>Citas Caprichosas XIV &#8211; Adolfo Cabrales</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Dec 2008 18:28:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenas tardes. Hoy, en nuestro apartado dedicado a reflexiones en base a ciertas frases, voy a hablar de un tema cuya esencia he ido descubriendo con el paso de los años, y que, supongo, con el paso del tiempo iré descubriendo cada vez más y mejor. Llamé a este apartado, hace ya catorce entregas exactamente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes. Hoy, en nuestro apartado dedicado a reflexiones en base a ciertas frases, voy a hablar de un tema cuya esencia he ido descubriendo con el paso de los años, y que, supongo, con el paso del tiempo iré descubriendo cada vez más y mejor. Llamé a este apartado, hace ya catorce entregas exactamente, cuando abrí el telón, <em><a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a></em>. Y la de hoy es, por completo, una verdadera cita caprichosa, pues es la primera de las veces –no creo que sea la última– que utilizo en esta sección una cita extraída de una canción, y no de un libro, una novela, un ensayo ni nada parecido. Aunque esta canción bien podría plantearse como un poema, porque es realmente poesía cantada, canción escrita en poesía, como quieran llamarla, pero es una letra excelente. No sé si pensarán lo mismo. Pero mi reflexión hoy no va sobre la canción, para eso está <a href="http://www.granmusica.com/joya-la-casa-por-el-tejado/">su correspondiente artículo </a>en el blog de música, sino sobre lo que dicen en concreto estos dos versos.</p>
<p>Pues bien, comencemos. Hagan un stop, dejen prioridad al de su derecha, estacionen cuando puedan, cuando encuentren un aparcamiento libre, enciendan, en su defecto, los intermitentes de emergencia y echen el freno de mano: vamos a debatir, vamos a pensar, que no está de más en días como éste.<span id="more-2760"></span></p>
<p>¿Están contentos con todo, absolutamente todo lo que han aprendido a lo largo de sus días de vida, más contados en algunos, menos en otros? ¿Están satisfechos con ciertas revelaciones que ya hubiera sido mejor que no os las hubieran hecho? Creo que todo el mundo tiene algo de lo que arrepentirse, algo que sabe y no debería saber, algo que han querido conocer y luego se han dado cuenta de que no debían haberlo intentado. Creo que todo el mundo es capaz de aprender cosas que no les conviene. Creo que a nadie se le escapará en la vida un asunto que no debería haber descubierto. Un rumor, una mentira, una travesura de niños, un crimen <em>imperfecto</em>, un atraso en la hora de recogida, un adelanto en el sueldo, una salida a destiempo, una respuesta, también a destiempo, una pregunta respondida cuya esencia mejor no haber conocido. Siempre, repito, siempre, creo, hay algo de lo que uno se puede arrepentir.</p>
<p>Yo, quizá, me arrepiento de haber conocido a cierta gente. Gente a la que tuve años y años viviendo en mi corazón y después, en cambio, me lo estrujaron, espachurraron hasta el más mínimo detalle de mi alma y hoy no son capaces de mirarme a la cara. Mejor no haber sabido, entonces, qué era lo que pensaba de mí, qué era lo que no quería decirme, qué era lo que ocultaba…</p>
<p>Aprendí también con el paso del tiempo, ese enemigo tan cruel, que las malas compañías, alguna vez, fueron buenas. De esto, estoy seguro, no me arrepentiré en la vida. Cambié, mi gente lo sabe, de un modo radical hace unos años, pocos realmente. Y en nada de eso tuvieron que ver ni las malas ni las buenas compañías. Pero sólo el hecho de saber qué iba a ser de mí de seguir con esas compañías, hizo que me diese cuenta, en parte, de lo que realmente era la vida. Otro factor <em>subito venit, cum minus id manebam</em>.</p>
<p>En fin, sé que darse cuenta de cosas que ya han pasado puede no servir de nada, pero también puede servir. ¿No os dais cuenta?</p>
<p>Por cierto, el examen de conducir, valga la intrusión del comentario aquí, lo aprobé a la primera. No es, en efecto, una de las cosas de las que me arrepienta, si bien ya lo tengo en mis manos y no puedo utilizarlo.</p>
<p><em>“Después de mucho tiempo aprendí que hay cosas que es mejor no aprender”.</em></p>
<p style="right;">Adolfo Cabrales Mato (Fito).</p>
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		<title>Citas Caprichosas XIII &#8211; Elvira Lindo</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Dec 2008 20:56:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenas tardes, aunque ya entradas en horas. Volvemos, después de una semana de relativo relax en lo que se refiere a este tema, con nuestras Citas Caprichosas de los jueves. Hoy, con una invitada muy especial –entiéndaseme el concepto «invitada»–, una escritora de mi tierra, gaditana, una escritora a la cual tuve el gusto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes, aunque ya entradas en horas. Volvemos, después de una semana de relativo relax en lo que se refiere a este tema, con nuestras <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas </a>de los jueves. Hoy, con una invitada muy especial –entiéndaseme el concepto «invitada»–, una escritora de mi tierra, gaditana, una escritora a la cual tuve el gusto de oír en persona hace unas semanas en una reunión celebrada en la facultad a la que asisto como humilde estudiante. Estoy hablando de Elvira Lindo, autora de los libros con los que a tantos niños ha cautivado, esas historias de Manolito Gafotas, ese personaje creado, según dijo en esa reunión, con una idea básica, y desarrollado luego a partir de las peticiones de los lectores. No obstante, la cita que he recogido para esta ocasión no pertenece a ninguna de esas novelas, sino que se encuentra entre las líneas de <em>Una palabra tuya</em>, novela que obtuvo el Premio Biblioteca Breve en el año 2005 y que tenemos la ocasión, en mi curso, de analizar desde el punto de vista narratológico.</p>
<p>Esta novela, que ya aparecerá comentada en su correspondiente sección dentro de un tiempo, tiene algunas frases que me resultaron, en el momento de leerla por primera vez, ingeniosas. Digo por primera vez porque tendré que releerla para hacer dicho análisis narratológico, y posiblemente entonces encuentre alguna cita que en su momento se me pasó. Pues bien, la cita de hoy pertenece a un momento casi del final, que no voy a revelar, pero que sí nos puede dar para una buena reflexión.<span id="more-2676"></span></p>
<p>Nos habrá pasado a todos alguna vez, supongo. ¿Quién no se ha fijado nunca en una persona que le interesa pero que no abre completamente su alma? Me refiero a fijarnos en personas que realmente nos importan y que, aunque nos hayan confiado asuntos vitales de su intimidad, no nos han revelado todo cuanto podemos saber de ellas. Y las vemos un buen día, y ellas no nos ven a nosotros, y entonces es cuando nos damos cuenta de que había algo, ya sea bueno, ya malo –que de todo se puede dar cuenta uno–, que no nos había llegado antes a nuestra vista. Por ejemplo, encontrarnos con un modo de sonreír, con una manera de mover los labios al hablar, con una forma de mirar a los demás. Y entonces, sin saberlo, inconscientemente, nos damos cuenta de que esa persona no era como antes creíamos que era, y que nos resulta aún más interesante, o bien todo lo contrario –a veces el efecto es tan radical y tan mordaz a nuestros ojos que, quién sabe, incluso podemos toparnos con un muro de desconfianza repentino hacia esa persona. Es así…–, y entonces queremos, o no, pasar más tiempo junto a esas personas.</p>
<p>Conste una cosa: no estoy hablando del proceso del enamoramiento que, como supongo, todos los que estén leyendo esto habrán pasado alguna vez. Me refiero sólo al modo en que nuestro corazón se abre involuntariamente hacia otra persona cuando descubrimos algo que antes no conocíamos, y no lo descubrimos porque ella nos lo ha revelado, sino porque nosotros mismos, basándonos en nuestra capacidad perceptiva, hemos captado ese detalle, que, por insignificante que pueda parecer a veces, vale más que muchos otros.</p>
<p>En fin, espero no haberme alargado demasiado y no haber hecho este pequeño discurso aburrido. Les dejo, pues, con la cita, y dejo que reflexionen, que –ya lo dije– da para mucho. Un saludo.<br />
 <br />
<em>“Pensé que hay cualidades en las personas que no apreciamos hasta que no las vemos actuar sin que ellas sean conscientes de nuestra mirada”.</em></p>
<p>Elvira Lindo, <em>Una palabra tuya</em>.</p>
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		<title>Citas Caprichosas XII &#8211; Benito Pérez Galdós</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Nov 2008 18:12:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenas tardes, bienvenidos una semana más a nuestra sección ya establecida para todos los jueves, nuestras Citas Caprichosas, en las que reflexionamos acerca de temas de diversa índole en base a frases encontradas entre los legados de algún escritor literario. Esta semana, contamos con una cita recogida de un libro que dentro de unas semanas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Buenas tardes, bienvenidos una semana más a nuestra sección ya establecida para todos los jueves, nuestras <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>, en las que reflexionamos acerca de temas de diversa índole en base a frases encontradas entre los legados de algún escritor literario. Esta semana, contamos con una cita recogida de un libro que dentro de unas semanas aparecerá comentado en su debida sección –la de las <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/recomendacion-literaria/">recomendaciones literarias</a>–, un libro titulado <em>Tristana</em>. Su autor, como conocerán muchos que hayan leído la novela, es Benito Pérez Galdós.</p>
<p>De lo que os voy a hablar hoy es de algo que me inquieta sobremanera desde hace ya unos años, un tema que siempre me ha resultado interesante y siempre he sabido que da para una gran charla y, acompañado de ella, un amplio debate. Se trata de todo lo que hacemos durante nuestra juventud, durante nuestra adolescencia, y la relación que estas acciones tienen con la niñez de cada uno.<span id="more-2331"></span></p>
<p>Se podrían decir muchísimas cosas acerca de este detalle tan pequeño, pero sin embargo tan profundo, que vive aún en todos nosotros que somos jóvenes, y también en el espíritu de todos aquellos que han entrado en edad más avanzada y recuerdan sus momentos de juventud, que al fin y al cabo son todos. Pero sin duda una de las cosas que puedo decir sobre este tema es que yo mismo, cuando actúo de una determinada manera, aunque a veces me equivoque con mis actos, soy consciente, una vez que lo pienso, de que hay cierto detalle de niñez dentro de cada acción. Eso es así, no podemos remediarlo a veces, otras veces quizá sí, pero yo creo que por lo general todas nuestras acciones, buenas y malas, tienen un profundo contenido de nuestra niñez.</p>
<p>A la gente, por ejemplo, que se siente mal con su propia vida le puede corresponder, como diría Freud, algún trauma de su infancia, alguna espina clavada en la parte más hundida del iceberg. Y por su parte, a la gente feliz, a cada una de las personas que se sienten plenamente satisfechas por su trabajo, por su cultura, por su personalidad, por su modo de ver las cosas, a todas esas personas les corresponde, por seguir el mismo camino citado, haber tenido una infancia feliz, de esas que todos añoran alguna vez, y que si no la añoran por no haberla tenido, desean haberla vivido.</p>
<p>Sin embargo, ahora que somos más maduros –aunque de vez en cuando nos sintamos como niños o como tal nos comportemos– y que sabemos más acerca del mundo que nos rodea, podemos darnos cuenta de que hasta los detalles más insignificantes de nuestras acciones tienen un sentido que en nuestra niñez ya existía. Pero hasta en momentos que un niño no puede vivir, muchos nos sentimos como si estuviésemos reviviendo nuestra infancia, porque nos sentimos felices, porque nos sentimos inocentes y protegidos por otra persona, porque nos sentimos capaces de cualquier cosa a su lado. Por cualquier tipo de motivo, creo, nuestros actos no dejan de tener trasfondo de niñez. Al fin y al cabo, niños seremos hasta que de ello no nos acordemos.</p>
<p><em>“Las inclinaciones juveniles tienen siempre un cierto airecillo de juego de muñecas”.</em></p>
<p>Benito Pérez Galdós, en <em>Tristana</em>.</p>
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		<title>Citas Caprichosas XI &#8211; Pío Baroja</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Nov 2008 14:32:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Volvemos a las andadas habituales de los últimos diez jueves, undécimo el de hoy, con nuestras <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/citas-caprichosas/">Citas Caprichosas</a>, nuestras reflexiones acerca de temas que se citan en todo tipo de obras literarias, y que no son, en absoluto, invención del autor de estas reflexiones –hablo de las citas, no de los pensamientos y opiniones que aquí se expresan–. Hoy vamos a hablar sobre un tema que también suele preocupar mucho a la mayoría de la gente que piensa en el futuro o, por qué no, en el pasado. Un tema que ronda por la cabeza de muchos, un asunto que incumbe a todo el que esté preocupado por saber cuál es el motivo por el que la gente, cada vez más, está dispuesta a estropear el mundo en todos sus sentidos. Así que, en base a esa reflexión, proponemos un nuevo autor literario con su correspondiente cita, recogida hace ya varios meses, pero no utilizada hasta hoy. Hablo del escritor Pío Baroja, y de una cita incluida en su novela El Árbol de la Ciencia, de la cual hablaremos en un futuro no muy lejano en la sección de <a href="http://www.librosylibretas.com/tag/libros/">recomendaciones literarias</a>.</p>
<p>Piensa Andrés Hurtado, quien en realidad es casi al cien por cien un alter ego del escritor, acerca del asunto ya citado con una opinión bastante curiosa. Reflexiona éste sobre qué es el mundo en un momento determinado de la novela, y concluye diciendo de lo que es capaz el hombre. Creo que merece una aclamación porque, por desgracia, tiene razón.<span id="more-2244"></span></p>
<p>Cuando vamos a la calle y vemos gente mendigando por los suelos, con una flauta, con un perro, con carteles de pésima caligrafía y ortografía, ¿no nos remuerde los sesos la conciencia al pasar por delante de estas personas y no hacerles caso? A mí, al menos, sí, y en incontables ocasiones. Voy de paseo, o a la facultad, o a una librería, qué sé yo, y me encuentro con indigentes durmiendo en los bancos del parque, tirados en el suelo de la calle mojado por la lluvia, con malas pintas, sucios, pobres, y pienso que yo voy a estudiar, que voy a comprarme un libro, que voy a tomar el aire, sabiendo que ellos no tienen ni para comprar comida ni para cobijarse. Se me cae el mundo encima al vivir ese tipo de experiencias. No obstante, y ahí es donde quiero llegar con esta reflexión, que se está alargando demasiado, hay muchos inconvenientes en ver a esa gente ahí tirada y pobre, y sentir tristeza por ellos.</p>
<p>Cierto conocido, allegado, vecino del alma, cuyo nombre no voy a revelar, me dijo una vez, hablando del tema: <em>«Fuimos a Italia</em> –creo recordar que fue en Italia– <em>y entramos por la noche a cenar en un Mcdonalds. En la puerta nos encontramos con un hombre de barba negra e hirsuta, que nos suplicaba llorando que le diésemos algo de dinero para comer. Lloraba, lloraba mucho. Pero luego me di cuenta de lo buen actor que era. Salimos al cabo de unas horas y nos encontramos la calle vacía, ni un alma, y algo curioso ante nosotros: el mismo hombre barbudo, sentado en un banco, contando un taco de billetes».</em></p>
<p>No quiero decir, ojo, que todos los indigentes sean así. Por desgracia, la mayoría no tienen pinta de serlo. No conozco a ninguno en persona, más que por lo citado de encontrármelos en la calle. Pero el tema está bien claro: ¿a qué viene que un hombre se haga pasar por indigente y monte tal espectáculo con tal de ganar en una noche lo que un trabajador honrado gana en una semana? Es así, el hombre tiene esa ambición tan terrorífica: el dinero. «Está en su naturaleza».</p>
<p>Y una vez concluida mi reflexión, espero que no dañina, les dejo con la cita literaria. Espero, si no les ha gustado la reflexión, que les guste la cita de esta semana. Nos vemos dentro de siete días, si la literatura nos deja.</p>
<p><em>“—Verdaderamente —murmuró Andrés—, el mundo es una cosa divertida: hospitales, salas de operaciones, cárceles, casas de prostitución; todo lo peligroso tiene un antídoto; al lado del amor, la casa de prostitución; al lado de la libertad, la cárcel. Cada instinto subversivo, y lo natural es siempre subversivo, lleva al lado su gendarme. No hay fuente limpia sin que los hombres metan allí las patas y la ensucien. Está en su naturaleza”.</em></p>
<p>Pío Baroja, <em>El Árbol de la Ciencia</em>.</p>
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		<title>Citas Caprichosas X &#8211; Gustave Flaubert</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Nov 2008 17:39:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Vamos a hablar hoy de un tema que preocupa cada vez más al mundo, un tema de actualidad entre los adolescentes, sobre todo, un tema que inquieta tanto a padres como a hijos en edad de realizar estudios universitarios. Ese tema, como todos los que se tratan aquí los jueves, va a estar acompañado por una Cita Caprichosa que he recogido de internet, en una de esas webs donde plasman frases bellas. La que he leído para hoy es bastante bella, y tiene un mensaje con una filosofía bastante marcada en lo relativo al tema siguiente: el tiempo.<span id="more-1952"></span></p>
<p>¿Cuántas veces se escucha que los padres dicen a los hijos, y tú cuándo piensas estudiar, cuándo piensas ponerte las pilas, cuándo piensas dedicarte a algo? Esa pregunta tan a la orden del día, basada única y exclusivamente en qué se hará de nosotros –en el caso de la pregunta, del hijo o hija– dentro de unos años, cómo seremos cuando tengamos cinco, seis, siete años más que ahora. Es una preocupación tan típica del mundo actual, me refiero a la búsqueda de la vida del futuro.</p>
<p>También vemos por ahí a gente que está en paro y no quiere buscar ningún trabajo. Y a esa gente también se le dice: ¿cuándo vas a buscar un empleo, más o menos digno, que te dé lo suficiente, al menos, para mantenerte, para llenarte el estómago, para vestirte, y no tanto para caprichos cuanto para necesidades? Eso es así, mucha gente se queda en casa sentada en el sofá viendo la tele y no quiere buscar trabajo, sus motivos tendrán. Pero lo que sí está claro es que también tienen motivos, fuertes motivos, para ponerse corriendo a buscar trabajo, porque hoy en día, por desgracia, si no se tiene un buen sueldo, es muy difícil vivir, todo está tan caro, y cada vez más…</p>
<p>En fin, ese es el tema que tratamos hoy. El tiempo. La gente dice que hay que pensar en el futuro, yo creo que no. Es decir, creo que sí hay que pensar en el futuro, pero no tan estrictamente como lo hacen algunos. Por ejemplo, qué se dice de la gente que estudia ciertas carreras que, según los demás, «no tienen salida laboral». No me voy a ir muy lejos. ¿Cuánta gente piensa que las Filologías no tienen salida alguna? Pues yo soy estudiante de filología, y orgulloso que estoy de ello. ¿Pienso en el futuro? Claro que pienso, claro que quisiera que mi carrera contara con miles de salidas laborales, pero también sé que no tiene tan pocas como la gente dice. Es más, cada vez tiene más, porque cada vez, a causa del mito del filólogo parado, hay menos gente en la carrera. Y esto viene dado porque la gente sólo piensa en el futuro, que es, en definitiva, de lo que habla la cita de esta semana. Hay que pensar en el futuro, sí, pero hay que vivir el presente, ¡vivir el presente!, y acordarnos del pasado, por supuesto. Pero la vida está para vivirla, y para vivir hay que disfrutar del momento. Ya existe el gran tópico literario que habla precisamente de eso. Así que, ya saben, disfruten de la vida, miren el futuro de lejos, y no con lupa, y tengan en la memoria el pasado. No siempre todo lo que cambia tiene que ser a peor.</p>
<p>En fin, no me alargo más, les dejo con la cita de esta semana. Sobre el tiempo, que fluye como ríos. Sobre la vida, que pasa como el tiempo.</p>
<p><em>“El futuro nos tortura, y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente.&#8221;</em></p>
<p style="right;">Gustave Flaubert</p>
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