¿Qué es un escritor?

Me senté en el bureau, acerqué el asiento hacia el teclado del ordenador, me dispuse a abrir el procesador de textos y a escribir una novela. Pero algo pasó por mi cabeza antes de escribir la primera palabra –nunca el título, pues el título debería ser lo último– que diera puerta abierta a un relato policíaco, literario, filosófico o cualquiera de los géneros que me viniera a la cabeza. Me pasó por la cabeza una pregunta que muchos antes que yo se habrán preguntado y que, curiosamente, se suele responder con la respuesta más simple del mundo, vulgar donde las haya. Esa pregunta era, ni más ni menos, la siguiente: ¿Qué es realmente un escritor?

Mi pregunta daría tema de conversación para aquellos que se interesaran por buscar una respuesta. Para los demás –claramente– sería una búsqueda fácil, pues su respuesta sería –como dije arriba– la más sencilla y vulgar del mundo: “un escritor es un hombre que escribe libros”. ¿A que es absurda? Mejor dicho que absurda, ¿a que es demasiado lógica, demasiado vulgar? Sólo hay que mirar lo que hay en las librerías: libros. ¿Están todos ellos escritos por un escritor? Evidentemente, si el escritor es el hombre que escribe libros, tienen que estar escritos todos por un escritor. Pero no es ésa la cuestión. Existe un número ilimitado de personas cuya profesión no pienso nombrar, porque no es mi intención en esta pequeña –minúscula, porque podría dar de sí– reflexión, que se creen que publicar un libro y vender cien ejemplares es ser un excelente escritor. El escritor es aquel que sabe escribir. No hay una respuesta más simple pero más directa que ésa. El escritor es una persona sensible, imaginativa, mordaz en algunos sentidos –hay a quien le gusta y hay a quien no esta característica–, pero, sobre todo, discente. El discente es el que aprende, y el mejor escritor del mundo es el que pueda aprender de lo que escribe, antes y después de haber escrito. Es necesario documentarse para escribir una novela histórica sobre las fechas y los sucesos que van a aparecer en el margen de tiempo de la novela, ¿no es verdad? Claro que el género de la novela es un género abierto, como decía Pío Baroja, que admite gran cantidad de técnicas diferentes, hasta la invención. Por tanto, llevo a la pregunta: ¿es un escritor aquel que escribe doscientas páginas que se pueden leer en dos horas por ser tan rápidas de lectura que no dé tiempo a disfrutar de ella? En mi opinión, creo que no. La prosa ligera es una técnica exquisita que sólo unos pocos saben utilizar bien. Lo demás es basura. La prosa ligera se ha adaptado en los días que vivimos a la prosa basura, aquella que, por no tener, no tiene ni orden sintáctico. ¿Qué pensáis de un tipo que –sin decir nombres– cometa el gravísimo error en plena descripción física o psicológica de un personaje de colocar un dequeísmo, o un laísmo, o un loísmo, o un leísmo –que, aunque se acepte, me sigue pareciendo una falta de cerebro–, u otros errores gramaticales o sintácticos que se puedan dar en una persona que ha estudiado una carrera completa de algo que no tiene absolutamente nada que ver con la escritura? Podrá tener el justificante de eso que acabo de decir, que haya estudiado algo no relacionado con la escritura, pero, entonces, ¿para qué están los cursos de escritura creativa, o –vamos a ponerle un pedestal– la asignatura de lengua y literatura que se estudia durante toda la vida hasta que uno llega al primer curso de facultad de ciencias? Eso, amigos, no sé dónde se puede colocar. Lo que sí sé es que un escritor debe tener claras de antemano las ideas de sintaxis, de gramática y de ortografía para ponerse a escribir.

Vivan, en cambio, todos aquellos que son capaces de adaptar el lenguaje de los personajes en una novela o en una obra de teatro a su rango social, y escribir, por ello, laísmos en el caso de tratarse de un madrileño –conste que Madrid es una ciudad a la que amo con locura, y por ello no tengo nada contra los madrileños– o algún detalle característico de la situación del personaje. Vivan.

Creo que decir que un escritor es aquel que sabe escribir también es, por otro lado, algo negativo, pues yo me considero buen escritor en cuanto a que sé escribir y no suelo cometer ni faltas de ortografías ni faltas de sintaxis ni nada por el estilo, pero no me considero buen escritor si me refiero a la calidad de mis escritos, al arte de mi prosa o mi poesía. Soy escritor, no de profesión aún, pero sí de vocación. Y creo que todo aquel que quiera sentirse escritor de profesión antes debe sentirse de vocación. Y, sobre todo, no escribir para vender, sino para gustar. Existen muchos libros que se encuentran en las mejores librerías del mundo y publicados en las mejores editoriales del mundo que son basura, pero que su título y su aspecto formal llaman la atención –aunque no llama la atención el precio, que cada vez sube más– de aquel que busca decoración en la estantería del salón.

Creo que una pequeña reflexión siempre viene bien para tratar de mejorar, y aquí queda. Quizá vuelva a retomarla cuando me vuelva a sentar en el escritorio. Pero ahora, si me lo permite Immanuel Kant y su deber, viviré.

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