La Caverna, de José Saramago

Publicado por jorge.andreu el 16 de mayo de 2008 · 6 comentarios

José Saramago, el escritor portugués que ganó en 1998 el Premio Nobel de Literatura por su trayectoria literaria, recurrió en el año 2000 al famoso mito de Platón, el Mito de la Caverna, que nos explicaba el filósofo griego en el Libro VII de su obra La República el modo como la gente se encierra en un mundo de sombras –datos confusos– y no quiere salir a ver el sol –la realidad, el conocimiento verdadero, inteligible–. Basándose en ese mito, uno de los más famosos del filósofo griego –por no decir el más famoso–, José Saramago escribió una novela titulada La Caverna.

Esta novela cuenta la situación en la que viven Cipriano Algor, un alfarero, Marta Algor, su hija, y Marcial Gacho, el yerno del protagonista. Todos se ven inmersos en un mundo en el que su trabajo artesanal empieza a ser rechazado porque la industria está arrasando con él. El autor nos intenta transmitir mediante esta gran obra su forma de ver el mundo, que no es otra que la platónica de querer mantener un orden en todos, siendo el que manda el que más conoce la realidad. “No cambiaremos de vida si no cambiamos la vida”, dice la sinopsis del libro, y es de lo que se trata en este apoyo a la tesis platónica del mundo universal y permanente que existe por encima de nosotros.

Para más carácter personal, ya que basarse en la tesis platónica era ya algo bastante personal, el escritor tiene el ingenio de escribir frases muy largas en las que las comas hacen las veces de puntos. En otras palabras, el autor no suele poner un punto a no ser que claramente, muy claramente, haya un cambio de idea o de situación, entonces sí utiliza un punto y seguido, o un punto y aparte si realmente cambia de situación en verdadero contraste con la anterior. Además de esto, las comas también las utiliza el escritor para separar los diálogos, escribiendo una mayúscula cada vez que interviene un personaje, lo que parece estar mal gramaticalmente, pero es un rasgo propio de su escritura.

Puede resultar algo confuso si se piensa a la ligera, pero si hay concentración uno se llega a sumergir en la lectura, de tal manera que las páginas se pasan solas –hablo desde experiencia propia–. Eso sí, hay que estar concentrados, es el único problema que pueda suponer leer este libro u otros del mismo autor, pero vale la pena.

Frente a todo esto, yo, personalmente, que recolecto citas literarias, he encontrado en esta obra bastantes citas de carácter filosófico. Esto se debe a la gran cantidad de reflexiones que hace el autor a través del pensamiento de los personajes.
Todo esto supone una lectura bastante amena que, en parte, puede ayudar a comprender la teoría platónica de los dos mundos diferentes dentro de la realidad, uno de los cuales es el que tenemos que alcanzar, el inteligible, el universal. Cuando lean la novela completa se darán cuenta de por qué se llama así y por qué hace referencia al mito platónico. Es una obra maestra, sin duda. La recomiendo a viva fe.

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