
Con el sol refractándose en mis rayban, el coche avanza por la llanura de asfalto. Al final se aprecia el horizonte acariciado por los últimos minutos de la tarde. Sólo se observan montañas y un cielo azul con nubes blancas. Enciendo un cigarrillo y mientras lanzo el humo a los techos del coche suena por la radio el pequeño rock and roll de Quique Gonzalez. Entre canción y canción se crea un silencio efímero dejándome apreciar el sonido de los neumáticos devorando la carretera. Los demás vehículos me adelantan, me sonríen, me dejan a su espalda, gente anónima que busca su destino. Atrás queda la ciudad, adelante el incierto futuro. Cuando consigo escapar de mi mismo, no hay problemas. Sólo rock and roll, humo y el último sol de la tarde.
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¿Quién te espera en una habitación de hotel?
¿Quién se estrella cuando tú te estrellas también?
Después, a la hora de la pena, dos gin tonics no te sientan tan bien
y tengo que ofrecerte yo el aire de la calle.
Pequeño rock and roll sudando en el jardín,
nunca quiso ser de nadie.
Ya sé que estás en otra, amor.
Pequeño rock and roll,
ya sé que estás a punto de decirme adiós.
(Quique Gonzalez)
Nos vemos en los bares.