ensayo sobre helados

Publicado por rodrigo mundini el 5 de diciembre de 2008 · 3 comentarios

Helados

En un análisis profundamente anticientífico del helado, posicionado en bases teóricas sumamente frágiles  sobre el funcionamiento de la subjetividad y el deseo individual, me pasé ocho tardes seguidas sentado en la mesa de una heladería intentando llegar a establecer alguna repetición de acciones y pedidos que marquen una tendencia bastante fuerte como para generalizar y establecer diferentes categorías de compradores de helados.

Lo primero que pude corroborar fue la tesis de un gran filósofo popular que me dijo una vez, no hace mucho tiempo, que aquella frase que reza “sobre gustos no hay nada escrito” tiene su excepción en el tablero de sabores pegado contra la pared, detrás del mostrador donde se expenden los cucuruchos rellenos de crema dulce. Es decir. Sobre gustos si hay cosas escritas.

Quizás  usted se ha detenido a preguntarse que es un “filosofo popular”. Lamentablemente no tengo respuesta a su interrogante, solo me pareció que hace a la estética literaria. Gracias.

 

Conclusión primera: Crema del cielo, la fantasía de los niños olvidada por los adultos

 

En el transcurso de las dos primeras tardes (empecé mi investigación un martes de muchísimo calor, aproximadamente 38 grados y una humedad insoportable) estudié el comportamiento de los niños y comprobé que la tendencia marcaba lo siguiente:

La mayoría pidió “Crema del Cielo” acompañado por otros gustos tradicionales y de bajo costo de producción para los fabricantes como la frutilla, vainilla y limón. Sólo tres niños de los que pidieron Crema del Cielo lo acompañaron con  dulce de leche.

Sobre este dato empírico “la mayoría pidió crema del cielo” decidí ahondar y entrevistar informalmente, no a los  niños sino a sus padres, madres o mayores que acompañaban a los niños.

La pregunta fue: ¿A que tiene gusto la crema del cielo? “No sabe, no contesta” fue el casillero de mi cuaderno que mas cruces tuvo al final de las entrevistas.

Solo un par de  padres (los dos que hicieron el mismo chiste eran hombres y padres de las criaturas) contestaron: “no se… a cielo”. Muy graciosos, felicitaciones por haber rozado el cielo con la lengua en alguna oportunidad.

Conclusión de los primeros dos días: Los adultos no piden Crema del Cielo, ni siquiera saben gusto a qué tiene ese helado.

El tercer día no obtuve ninguna conclusión:

El cuarto día: concurrencia a la heladería

 Me detuve en las parejas y grupos de tres o más personas que concurrían a la heladería, a las que ya venía observando desde el primer día, pero los dos primeros el análisis se centro en la crema del cielo.

Las parejas que asistían variaban entre: Amigas, novio y novia, madre e hija, padre e hija, madre e hijo, padre e hijo, amigo y amiga. Solo una pareja de amigo y amigo en tres días.

Entre los grupos de más de dos personas encontré, Parejas con hijos, grupos de amigas, ningún grupo de tres o más amigos varones.

Conclusión cuarto día: Los  hombres no van juntos a tomar un helado, para ellos (y me incluyo) el helado es para tomar en pareja (existieron excepciones por supuesto, pero esto era un análisis en la tendencia, no una determinación taxativa, recuérdese o lease aquello de la relatividad de las verdades). Solo pude ver a un hombre sentado solo tomando un helado. Era yo! Un espejo gigante me hizo advertir que en un porcentaje marcadamente menor, había gente que gustaba tomar helados de manera solitaria. De todas maneras lo mí soledad en el consumo no era voluntaria, podría haber invitado a alguien, de sexo femenino, para continuar la tendencia, pero sabía que eso estancaría mi proyecto de ensayo sobre helados y se mezclaría con mi ensayo sobre mujeres.

Quinto dia: pregunta fundamental

El sábado decidí solamente preguntar por una hora seguida a todas las personas que me premitieran interrumpir en su ritual de consumo de helado lo siguiente: ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado. ¿Comes helado o tomas helado? Tomo helado.

Todas las personas entrevistadas tomaban helado. Yo solo me planteé mi interno y eterno interrogante cuasifilosofico. Si el estado del helado es Sólido, por que lo “toman”? Es como tomar un hielo o tomar un sándwich  de jamón y queso. Es una duda gramatical que siempre tuve, con la sopa y el helado. ¿Por qué hay quienes Comen la sopa?

Domingo dia: las personas, las edades  y los gustos

El sexto día hice una comparación entre los gustos que se piden de acuerdo a la edad del comprador y su nivel de “glamour”:

Las personas adultas piden gustos que van entre: Chocolate con, dulce de leche granizado, amarena, granizado, frutilla.

Los personas mayores (entran en esta división las personas que van entre los 55 años aproximadamente en adelante) piden gustos absolutamente incomibles pasa los niños: kinotos al wiski, higos al oporto, crema rusa, uvas al rum, chocolate con pasas.

Las mujeres y hombres con altos aires glamorosos eligen gustos exóticos y que no están en todas las heladerías, a saber: Ferrero rocher, helado sabor a chicle (solo en esa heladería vi dicho gusto), bombón irlandés, Mouse de chocolate, tiramizu, selva negra, frutos del bosque, oreo, bon o bon,  chocolate con avellanas, etc.

Y los niños que piden gustos que casi siempre van intercalados, por presión materna o paterna de una fruta y una crema. Argumentan los responsables de los niños que lo hacen para cuidar su equilibrio gastrointestinal. Podría verse como una de las primeras herramientas de censura hacia los niños, pero no problematizaremos el argumento de los padres ni de las madres.

Entonces los niños piden generalmente: frutilla y crema del cielo, crema del cielo y limón, naranja y crema del cielo. Los que no piden crema del cielo piden por ejemplo, frutilla y vainilla, frutilla y limón, chocolate y limón. La tendencia se mantiene en casi todos los casos una fruta y una crema.

Séptimo día: Estrategia para pedir los gustos

Según me contó una niña que conocí en la heladería, se habían juntado el sábado anterior todos los chicos y chicas del barrio para tratar un tema fundamental, habían descubierto el modo de funcionamiento del “despacho de helado”

Tres niños aficionados a las estadísticas habían dado con  que el heladero siempre ponía los gustos en orden de pedido, y uno siempre pedía, por una cuestión de ansiedad siempre primero el gusto favorito, por ende, para llegar a comerlo debía derribar la bola de helado que el despachante  ponía al último, que era el segundo que uno pedía.

  • - ¿No entendés? Me dijo la niña, si vos pedís primero la crema del cielo te queda toda abajo. Hay que pedirla siempre al último endendés? Viste que era cierto “los últimos serán los primeros”

También me aclaró que no debía ser tan “tonto” y que cuando el helado lo compre para llevar, el gusto preferido siempre debía pedirlo primero, pues es ahí donde el heladero pone más cantidad.

El octavo día llegué y sabiendo que terminaba mi investigación anticientífica sobre el consumo de helado, me acerque al mostrador y me pedí un helado, sabía que iba a ser de frutilla, mi gusto preferido y alguna crema, no sabia si americana o tramontana, dudaba entre estas ultimas dos. En ese momento la niña que me había aconsejado pasó por la vereda y yo pude verla desde el ventanal. Me saludo con su manito arriba y sonriente. No se por que me puse nervioso, quizás por que estaba por emplear lo que ella había profesado.

Me apresuré a hacer el pedido

-Buenas tardes. Higos al Oporto y Crema del cielo por favor…

Arrepintiéndome de tal decisión fui a sentarme a una mesa junto a la ventana. No pasaron treinta segundos cuando la niña se me sentó al lado.

  • - Que pediste?
  • - Higos al Oporto y Crema del Cielo.
  • - Higos al que? Eso es de viejos… bueno, por lo menos pediste el mas rico al ultimo, algo entendiste.

Me quedé sorprendido con la solvencia de la niña para expresarse, pero comprendí que no sería el primero si me decidía a hacer una investigación acerca del comportamiento de los niños.

Entonces sonreí, quizás fue este el primer ensayo sobre helados.

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