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	<title>Librosylibretas.com &#187; Reflexiones</title>
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	<description>Blog de literatura, libros y anotaciones</description>
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		<title>El espíritu áspero de Gonzalo Hidalgo Bayal (Análisis, III)</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 01:43:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[4. Narrador erudito: referencias literarias 4. 1. Tipos de referencias En el transcurso de la lectura, el lector puede apreciar referencias a obras literarias conocidas de la literatura universal, desde los clásicos latinos hasta los clásicos españoles, rusos, ingleses, franceses, etc. Para comprender esta operación hemos establecido dos tipos de referencias, dada la variedad en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>4. Narrador erudito: referencias literarias</strong><br />
<strong> 4. 1. Tipos de referencias</strong><br />
En el transcurso de la lectura, el lector puede apreciar referencias a obras literarias conocidas de la literatura universal, desde los clásicos latinos hasta los clásicos españoles, rusos, ingleses, franceses, etc. Para comprender esta operación hemos establecido dos tipos de referencias, dada la variedad en el modo de citar.</p>
<p>En primer lugar, hablaremos de <strong>referencias explícitas</strong>, que son las más evidentes. Hay algunas en las que se menciona directamente el título de la obra literaria citada y otras en las que se nombra a un personaje. Veremos ejemplos a continuación.</p>
<p>En segundo lugar, hablaremos de <strong>referencias implícitas</strong>, que son ciertamente las que más abundan en la novela. Dentro de este modo de referirse a obras literarias, como verán, encontraremos diferentes maneras de operar.</p>
<p>Así, pues, vamos a pasar a las referencias explícitas.<span id="more-5304"></span></p>
<p><strong>4. 2. Referencias explícitas</strong><br />
La referencia explícita que más destaca es la que encontramos en el capítulo 107, uno de los más divertidos de la novela, cuando los universitarios salen de fiesta y mantienen una conversación calcada del <em>Quijote</em>. Es explícita por lo siguiente: en primer lugar, porque se cita exactamente el capítulo al que hacen referencia (el capítulo VIII de la Primera Parte, donde don Quijote se enfrenta al Vizcaíno). Sucede que a uno de los amigos de Sín —don Gumersindo— lo llamaban El Vizcaíno porque su nombre es Justo Vizcaíno, y a raíz de ese apodo y el amor por la lectura de cada estudiante, iban por la calle hablando como si fuesen don Quijote y el Vizcaíno. La referencia textual se hace de manera muy explícita, como hemos dicho: es un calco del original de Cervantes. Veamos el ejemplo:</p>
<p>«Pero con no menos frecuencia regresaban los tres juntos, ebrios, cada uno por una acera de cualquier calle angosta y repitiendo ritos triviales. “Si fueras caballero como no lo eres, yo ya hubiera castigado tu sandez y atrevimiento cautiva criatura”, gritaba Sín. “¿Yo no caballero?”, respondía el Vizcaíno. “Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas!”. Y así fue, de hecho, como (…) llegaron a conocer de memoria el final del capítulo VIII de <em>La historia del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</em>, donde se da cuenta del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación» (2009: 251-252).</p>
<p>Si comparamos este fragmento con el texto original de Cervantes, podremos ver la similitud:</p>
<p>«–Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura.<br />
A lo cual respondió el vizcaíno:<br />
–¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas!» (Cervantes, 2008: 173).</p>
<p>Tal como se puede apreciar, es un calco literal de la escena del Vizcaíno del capítulo VIII del <em>Quijote</em> de 1605, cuyo epígrafe dice así: «Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación», lo cual es otro calco del original de Cervantes.</p>
<p>La otra referencia explícita que encontramos en la novela es la que aparece en la escena perteneciente al capítulo 124, cuando dice: «Quedó así en carnes y pañales, como don Quijote en Sierra Morena» (Hidalgo Bayal, 2009: 288), que simula la famosa escena en que don Quijote se queda en Sierra Morena reflexionando y echando de menos a su amada mientras Sancho va a entregar una carta a Aldonza Lorenzo, Dulcinea del Toboso.</p>
<p>Estas dos son las referencias literarias más explícitas de <em>El espíritu áspero</em>. Puede que haya otras explícitas, pero tampoco tratamos de dar constancia de todas y cada una de las citas. Pasaremos a continuación a las referencias implícitas, que sí nos ocupará más tiempo porque hemos de hacer una mínima clasificación según el modo de citarlas.</p>
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		<title>El espíritu áspero de Gonzalo Hidalgo Bayal (Análisis, II)</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 14:19:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[3. Afán de cronista y semejanzas con el esquema narrativo del Quijote. El narrador de esta novela tiene lo que podríamos llamar “afán de cronista”, es decir: su labor será la de dejar constancia en el papel de lo que ha leído en la autobiografía de don Gumersindo y lo que éste en persona, amigo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><div id="_mcePaste"><strong>3. Afán de cronista y semejanzas con el esquema narrativo del <em>Quijote</em>.</strong></div>
<p>
<div id="_mcePaste">El narrador de esta novela tiene lo que podríamos llamar “afán de cronista”, es decir: su labor será la de dejar constancia en el papel de lo que ha leído en la autobiografía de don Gumersindo y lo que éste en persona, amigo y compañero de trabajo, le ha confiado. En el capítulo 2 refleja este afán (Hidalgo Bayal, 2009: 17): «Pero lo más interesante, con todo, fue la larga serie de preguntas a que lo sometieron los muchachos y el ingenio, la argumentación o la rotundidad de las respuestas del profesor. Algunas se irán recuperando en estas páginas».</div>
<p>
<div>En el capítulo siguiente muestra un rasgo más importante: la narración parece utilizar la técnica del manuscrito encontrado que inaugurara Cervantes en 1605. En dicho capítulo, el número 3, el narrador habla de una conversación mantenida con don Gumersindo en la que éste le dice que ha escrito unas memorias. Esas memorias serán el apoyo informativo empleado por el narrador a lo largo de toda la novela, como si fuera un manuscrito encontrado.</div>
<p>
<div>Sin embargo, no termina aquí la caracterización de la narración: en el siguiente capítulo habla de un tal Lucas Cálamo, a quien, al parecer, don Gumersindo entregó el manuscrito para «su mecanografía y corrección» (<em>op. cit.</em> 21). ¿A qué se parece esta intervención de un tercero en la elaboración del manuscrito? La respuesta es sencilla: al moro aljamiado de Cervantes, el traductor del manuscrito que Cide Hamete Benengeli escribió en árabe, donde cuenta la historia de la segunda y tercera salidas de don Quijote. Es similar en el sentido de que es una persona que se ha dedicado a transcribir las memorias de don Gumersindo. El lector del manuscrito es Gonzalo Hidalgo Bayal, y así completamos un esquema narrativo más sencillo que el del <em>Quijote</em> pero parecido en el juego de cajas chinas. Pero a lo largo de la narración no vuelve a hablar de la intervención de Lucas Cálamo, quizás porque no es tan interesante jugar con los narradores como entrar de lleno en el asunto a tratar.</div>
<p><span id="more-5294"></span></p>
<p>
<div>Por último, cabe añadir un aspecto muy ingenioso: el autor está escribiendo una tesis. Así, la historia se articula como una historia más, con sus digresiones, sus saltos en el tiempo y sus núcleos narrativos que sostienen la trama, pero además de eso, cuando habla de un asunto que se trata en otro lugar, antes o después del momento en que habla, el narrador utiliza el símbolo que se emplea en los manuales para dirigir al lector o estudiante a otro capítulo del libro. El símbolo es el siguiente: §121, por ejemplo, para referirse al capítulo 121. Así tenemos un rasgo más del narrador.</div>
<p>
<div>Recapitulemos: el narrador cuenta la historia en tercera persona e interviene a veces en primera como autor implícito; tiene lo que hemos llamado “afán de cronista”, ligado al empleo de ese recurso de manual docente; y es el lector de un manuscrito redactado manualmente por don Gumersindo y mecanografiado por Lucas Cálamo. Así se configura un narrador a medias tradicional y a medias novedoso: un buen hallazgo del autor de esta novela.</div>
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		<title>El espíritu áspero de Gonzalo Hidalgo Bayal (Análisis, I)</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 02:15:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorge.andreu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[1. Introducción Este trabajo no sólo no pretende ser un estudio de carácter científico, ni siquiera una guía de lectura para quien tras ver esta información se enfrente a la obra analizada, sino sólo un conjunto de impresiones de lector y semejanzas con otros elementos presentes en otras obras literarias, con la única intención de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>1. Introducción</strong><br />
Este trabajo no sólo no pretende ser un estudio de carácter científico, ni siquiera una guía de lectura para quien tras ver esta información se enfrente a la obra analizada, sino sólo un conjunto de impresiones de lector y semejanzas con otros elementos presentes en otras obras literarias, con la única intención de sacar a relucir aspectos que quizás algún lector no perciba, para de ese modo enriquecer su experiencia. Para ello, nos limitaremos a exponer y explicar brevemente los conceptos técnicos que emplearemos y a ilustrar la información con ejemplos tomados del libro. Así pues, hemos considerado desde un principio que lo más importante de <em>El espíritu áspero</em> de Gonzalo Hidalgo Bayal es el narrador, sin restar por ello importancia a la perfecta configuración del personaje principal, el de don Gumersindo, así como a las reflexiones sobre la lengua y, más concretamente, el latín.</p>
<p>Por la importancia que hemos visto en el narrador de la novela, hemos dividido este análisis en tres partes: el narrador como elemento de la narración, es decir, el punto de vista; en segundo lugar, la situación del narrador en la diégesis, lo que hemos denominado “afán de cronista”, así como su relación con el esquema narrativo del <em>Quijote</em>; y por último, el narrador como erudito que se dedica a recoger citas de manera directa e indirecta, intercalándolas en la narración.<span id="more-5290"></span></p>
<p><strong>2. Narrador heterodiegético con mezcla de homodiégesis</strong><br />
El narrador de <em>El espíritu áspero </em>es el mismo autor de la novela: Gonzalo Hidalgo Bayal. Lo sabemos porque a lo largo de la narración habla de sí mismo en primera persona y dice que el personaje principal lo llama Bayal. Entonces tenemos un narrador en primera persona que cuenta la vida de otro personaje. Es algo no demasiado novedoso, pero sí interesante. Con todo, puesto que narra la vida de otro y la aparición de la primera persona es escasa —aunque se acentúa mucho más adelante— , la voz narrativa que predomina es la tercera persona, <strong>narrador heterodiegético</strong>, según la terminología de Gerard Genette, pero mezcla de heterodiégesis y homodiégesis: he aquí el ingenio del autor, que no aparece como personaje en cuanto que no participa activamente de los acontecimientos narrados, pero que sí aparece como testigo porque a veces los personajes han hablado con él. De manera que es una mezcla de narrador <strong>homodiegético</strong> (aparece como personaje) y <strong>heterodiegético</strong> (no aparece como personaje, sino que se limita a contar la historia de otros; es el narrador tradicional en tercera persona).</p>
<p>Este rasgo del narrador que habla en primera persona y cuenta la historia de otro aparece en otras novelas. Pongamos como ejemplo <em>Una palabra tuya</em>, de la escritora gaditana Elvira Lindo, creadora del conocido personaje Manolito Gafotas. En esta novela, que ganó el premio Biblioteca Breve en 2005 y fue llevada al cine en 2008, se encarga de la narración una de las protagonistas: Rosario, una barrendera que cuenta al mismo tiempo su historia y la de su compañera Milagros, amiga de la infancia. Lo que parece difuso es cuál de las dos es realmente la protagonista de la historia, porque puede haber muchas interpretaciones. Pero lo que nos interesa es el hecho de que es Rosario quien cuenta la historia, aunque en ella sí aparece como personaje a diferencia de la novela de Bayal, pero nos inclinamos más a pensar que la historia que cuenta Rosario es más bien la de su amiga Milagros, y no tanto la suya. En este sentido, se diferencian ambas novelas en que en la de Elvira Lindo la narradora aparece como personaje y participa en la acción principal de la historia, y en la de Gonzalo Hidalgo Bayal el narrador no participa en la acción, sino que se limita a contar. De ahí, quizás, lo que hemos llamado “afán de cronista”, que analizaremos a continuación.</p>
<p>Pero antes hemos de detenernos en un aspecto importante del narrador, que viene muy ligado a lo que acabamos de decir: se trata del llamado <strong>autor implícito</strong> (Wayne C. Booth), que consiste en intercalar reflexiones en primera persona en mitad de la narración, deteniendo así la historia durante su discurso. Este discurso, metanarrativo las más de las veces, sirve para que el lector se dé cuenta de muchas cosas en relación con los personajes: algunos preocupados por la creación musical, otros preocupados por la creación literaria, don Gumersindo preocupado por la lengua y todas sus vertientes.</p>
<p>Finalmente, es también destacable la relación que tiene el narrador o autor de la obra con el personaje principal: son compañeros de trabajo, ambos son profesores y amigos. El hecho de que el narrador, como autor, conozca en persona al protagonista, además de añadir verosimilitud a la historia, se asemeja en mucho a la técnica galdosiana de contar la vida de un amigo.</p>
<p>Así pues, tenemos un narrador omnisciente que cuenta la historia en tercera persona y conoce los pensamientos de algunos personajes por los testimonios escritos de don Gumersindo, quien también, por otra parte, intuye los pensamientos de los otros personajes. Todo un revuelto de esquemas narrativos que, sumado a la enorme variedad lingüística, proporcionan bastante riqueza al texto.</p>
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		<title>Entrevista a Mailer Daemon (La Fábrica Editorial, 2007) o la importancia de un título (primera parte)</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 13:42:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Culturajos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Daemon Mailer, por comenzar por el título y el nombre del protagonista, es el modo en el que el correo electrónico nos devuelve los envíos que no han llegado a su destino correctamente. DM es ese sistema ideal y anónimo por el que conseguir que nadie se sienta agredido por una devolución. DM parece, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Daemon Mailer, por comenzar por el título y el nombre del protagonista, es el modo en el que el correo electrónico nos devuelve los envíos que no han llegado a su destino correctamente. DM es ese sistema ideal y anónimo por el que conseguir que nadie se sienta agredido por una devolución. DM parece, en sí mismo, una creación del maligno. Objetivo último en la búsqueda del protagonista. El autor nos pone frente a la realidad, esa realidad virtual que es Internet y que tanto ayuda e inquieta a sus usuarios. Comencemos dejando las cosas claras, ese programa, ese método de devolución de correos lo inventó el protagonista. Por tanto nos encontramos ante un hombre inteligente, con gran capacidad de abstracción, capaz de pensar en claves de postmodernidad, pero atenazado por una pregunta universal: ¿qué es el mal y dónde se esconde?<span id="more-5140"></span></p>
<p>Chiappe no parece elegir los nombres en su novela de manera casual: Suya, Ji o mansión Plácida son algunos de los nombres parlantes que aparecen en su obra. Pero volviendo al protagonista, en él se mezclan dos palabras con sentido propio: por un lado daemon y por otro mailer. Daemon es el origen de la palabra demonio, utilizada en la religión cristiana con un carácter negativo y que serían los seguidores del diablo, ejemplo máximo del mal. Bien, en este caso el protagonista es un seguidor, un trabajador por la causa de Marc Ji, presentado desde el principio de la novela como la cabeza visible de un movimiento que, bajo la excusa de alcanzar la verdadera democracia, pretende instalar un imperio en el que los derechos de los ciudadanos se vean limitados por el bien de la sociedad. Este juego, fácil de observar en un principio, se torna más complicado al comprender que el protagonista no es un mero participante del mal, sino que lo busca e intenta identificarlo. Ahí encontramos el significado original de daemon, que en la tradición griega era considerado un espíritu bueno y que Sócrates lo identificaría como la voz de dios o la voz de la conciencia. Así nos encontramos la otra parte del personaje, el individuo que se ve empujado por su propia conciencia en la búsqueda del mal y que es capaz de vislumbrarlo en muchos de los actos humanos, aunque llega un momento en el que se plantea: ¿qué es matar: dar la orden o ejecutarla?, ¿qué es peor: la manipulación a través de la seducción o la propia violencia física? Aquí late la conciencia, el daemon del personaje que se enfrenta durante toda la novela a situaciones totalmente contradictorias.</p>
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		<title>Enrique Vila-Matas. Suicidios ejemplares.</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 13:12:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Culturajos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Enrique Vila-Matas nació en Barcelona el 31 de marzo de 1948. Pasó su infancia en una vivienda situada en frente del desaparecido cine Metropol. Es quizás, este hecho, el que marcara su gran afición al cine. En 1968 entró como redactor de la revista fotogramas, dirigiendo en 1970 dos cortometrajes, Todos los jóvenes tristes y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Enrique Vila-Matas nació en Barcelona el 31 de marzo de 1948. Pasó su infancia en una vivienda situada en frente del desaparecido cine Metropol. Es quizás, este hecho, el que marcara su gran afición al cine. En 1968 entró como redactor de la revista fotogramas, dirigiendo en 1970 dos cortometrajes, <em>Todos los jóvenes tristes</em> y <em>Fin de verano.</em> Su primera novela, <em>Mujer en el espejo contemplando el paisaje</em>, fue publicada en 1973 (Tusquets) pero no sería hasta 1985, donde publica <em>Historia abreviada de la literatura portátil</em> (Anagrama), cuando comenzó a ser conocido. A partir de ese momento Vila Matas es reconocido por la crítica y en la actualidad sus obras se han traducido a unos 29 idiomas distintos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.librosylibretas.com/wp-content/uploads/2010/03/Suicidios_ejemplares.jpg"><img class="size-full wp-image-5136 aligncenter" src="http://www.librosylibretas.com/wp-content/uploads/2010/03/Suicidios_ejemplares.jpg" alt="" width="120" height="184" /></a></p>
<p>La obra que nos ocupa, <em>Suicidios ejemplares,</em> fue publicada por Anagrama en 1991. Vila-Matas toma el género de relato corto para contarnos dieciséis historias distintas. Todas ellas en torno al tema del suicidio. Los relatos, en su gran mayoría escritos en primera persona, nos muestran historias oscuras, de hombres atormentados, personas que caminan entre la vida y la muerte con su trágico desenlace. A través de la mirada de alguno de los personajes somos testigos de ciertas desgracias familiares, desamores, simple cansancio, problemas de personalidad, incomprensión del mundo que llevan al protagonista al suicidio. Conforme avanza la lectura podemos comprobar cómo los personajes, antes de suicidarse, ya están muertos, y, en ciertas ocasiones, el suicidio no se nos presenta como el habitual cese de la vida carnal, sino, más bien, un suicidio existencial en el que el personaje deja simplemente de existir para el mundo.<span id="more-5135"></span></p>
<p>Vila-Matas utiliza un estilo sencillo. Deja a un lado cultismos y términos barrocos para emplear frases llenas de claridad pero en cuyo interior albergan profundas reflexiones sobre la vida que a veces pueden dejarte sin aliento. En conjunto la obra goza de gran armonía y la lectura alterna pasajes de gran velocidad narrativa con otros donde la trama parece detenerse en el tiempo. La acción se nos presenta a través de la mirada de alguno de los personajes que, como un zoom de cámara cinematográfica, nos acerca hasta la profundidad del ser para terminar alejándose poco a poco hasta convertir el personaje, el mundo en sí, en algo abstracto absorbido por el tiempo.</p>
<p>La obra no pretende darnos lecciones sobre la vida. El autor evita aburrir con grandes parrafadas morales sobre la existencia. Los personajes son mostrados con sus distintas formas de actuar dejando al lector la tarea de juzgarlos.</p>
<p>Una gran novela donde conviven la vida y la muerte, donde el lector quedará sorprendido por el mundo que presenta y por el conflicto que envuelve a cada uno de los personajes. Con una lectura amena y divertida Vila-Matas pone de manifiesto su gran dominio del lenguaje. Estamos, quizás, ante un escritor que tiene mucho que decir y ha encontrado la mejor forma de hacerlo. Un escritor que en el futuro seguirá sorprendiéndonos.</p>
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		<title>Los celos como atenuante</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:20:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un muy corto relato, Manuel Peyrou imaginó el caso en que los celos eran un atenuante a la hora de juzgar un crimen. El hombre engañado, celoso siempre tendrá un perdón mayor que quien pretenda enarbolar la causa de la justicia o la libertad. “En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="text-align: justify;">En un muy corto relato, <strong>Manuel Peyrou</strong> imaginó el caso en que los celos eran un atenuante a la hora de juzgar un crimen. El hombre engañado, celoso siempre tendrá un perdón mayor que quien pretenda enarbolar la causa de la justicia o la libertad.<span id="more-4900"></span></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el conde.<br />
Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer en la celda.<br />
- ¿Por qué mentiste? – preguntó Giselle D’Orville- ¿Por qué me llenas de vergüenza?<br />
- Porque soy débil –repuso- De este modo me cortarán la cabeza, simplemente. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.”</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este artículo cuenta con un fragmento de <em>Cuentos breves y extraordinarios</em> de <strong>Manuel Peyrou</strong>, recogido en la antología de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.</p>
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		<title>Cuando una mujer venga sus celos</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:15:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Los amores de Leonor Montalvo – 1748]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Mujica Lainez]]></category>

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		<description><![CDATA[El pulpero Filomeno casi no lo cree, el hacendado Don Francisco Montalvo, un hombre grande que era dueño de muchas casas durante el virreinato pidió la mano de su hija (Leonor). Seamos sinceros, esta no era una joven ni bonita y sus modales eran bastante básicos. El pulpero cree que la fortuna le sonríe, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="text-align: justify;">El pulpero Filomeno casi no lo cree, el hacendado Don Francisco Montalvo, un hombre grande que era dueño de muchas casas durante el virreinato pidió la mano de su hija (Leonor). Seamos sinceros, esta no era una joven ni bonita y sus modales eran bastante básicos. El pulpero cree que la fortuna le sonríe, pero esto no es así. Leonor antes de cumplir los 18 años de edad termina casada con un hombre mayor, impotente y muy celoso. Él construye una casa para mantenerla encerrada y así evitar que ella busque algún joven de quien enamorarse. Obligada a padecer en silencio esta desdicha la joven ve cómo pasan sus años.<span id="more-4898"></span></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Leonor Montalvo era como su casa de San Isidro: la uniformidad de su recato exterior disfrutaba lo que adentro escondía. Agarrotada por un marido celoso, cuidada como un objeto frágil, no dejaban aflorar las tempestades de su ánimo. Aprendió de Don Francisco a pronunciar sólo palabras ineludibles. Cruzaba como una sombra las galerías y nadie, ni su esposo taciturno ni las negras que remendaban infinitos lienzos, hubiera podido penetrar qué pensaba, qué soñaba, ni presentir en las líneas leves que empezaban a marcar su frente lisa la huella de una protesta contra la vida monjil que le había deparado la suerte.”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pasaron los años hasta que la sombra de la muerte de Don Francisco aparece.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“En 1748, cuando el hidalgo contaba con setenta y dos años y parecía un fantasma de aquel que seis lustros antes había alumbrado las aspiraciones del ya difunto Filomeno, un ataque postró a Don Francisco. El físico que audio de Buenos Aire, con más pompa que luces, declaró que se había roto un canal en su cerebro. Aconsejó reposo pues las consecuencias podrían ser fatales. (…) Aquella noche acostaron a Don Francisco más temprano que de costumbre (…) A los pies de la cama, Leonor desenroscaba un rosario de amatistas. Su sombra cuadrada, maciza, se volcaba sobre las esteras del suelo. Hundido en los almohadones, el viejo la espiaba. Meditaba la señora. Su vida entera desfilaba por su imaginación como pasaban por sus dedos las cuentas cristalinas. La veía en sus detalles íntimos y del fondo de su animo se levantaba por fin la rebeldía como un perro castigado por muestra los dientes (…) ¿Sobrevivía Montalvo? ¿O se iría para siempre atravesando las rejas de las ventanas? ¿Y si partiera para el viaje tenebroso, era justo dejarlo ir así, con la sensación del triunfo?”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Frente a la mirada desconfiada de Don Francisco Leonor se rebela por primera vez.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Insensiblemente, como quien piensa en voz alta, Leonor comenzó a hablar… El caballero parecía un heno que ardía sin crepitar, un leño podrido que las llamas iban vaciando por dentro, comiendo el corazón. Aleteaban sus párpados. Hubiera querido apretarse las manos en el oído, imprecar, rogar, pero nada era posible (…) Leonor hablaba como una poseída, confesaba las minucias más horribles, sin rotreceder (…) ¿Qué no le dijo en las horas tendidas hasta el amanecer? Las traiciones, una a una, representaron en el aposente sus escenas infames, que ella declamaba cambiando el tono y exagerando el ademán. Y entre unas y otras enlazábase el ritornelo de las acusaciones irónicas y sañudas al hombre incapaz de hombría. Don Francisco vio con nitidez al guitarrero más joven y más hermoso de la pulpería conducido por sus negros al cuarto de Leonor, durante uno de sus viajes a Córdoba. Vio al buhonero andaluz que, aprovechando una de sus ausencias a Buenos Aires había conseguido deslizarse al estrado con sus baratijas (…) Vio, a medida que trascurrían los años, a los esclavos robustos de Anola -¡sí, los mismos negros! ¡Los mismos negros!- buscando con el labio goloso el pecho blanco del ama, entre las cortinas de la cama enorme. Y así… y así… estremesíase el salón con el chasquido de los besos con las risas lascivas, con los quejidos pecadores. Ahora, mientras estallaba la fanfarria de los gallos en la huerta, la orgía culminaba con la estampa grotesca de la matrona acosada en su otoño por Don Sacristán, el esclavo idiota.<br />
Como un reloj que se para, roto e mecanismo, detúvose el tic que desencajaba el ojo izquierdo del hidalgo. La hija del pulpero continuo girando, desbocada, azuzada por la histeria.<br />
De repente la inmovilizo el terror. Fue como si el muerto hubiera recobrado el dominio. Entonces, inesperadamente ágil, la gruesa mujer huyó por los corredores hacia su alcoba. El eco de sus mentiras la seguía, rebotando en las puertas, entre el zumbido de los abejorros y de los insectos peludos escapados de la habitación.”</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este artículo cuenta con un fragmento de <em>Los amores de Leonor Montalvo – 1748</em> de <strong>Manuel Mujica Laínez.</strong></p>
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		<title>Campanita, muy simpática pero muy celosa</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2009 18:35:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[James Mathew Barrie]]></category>
		<category><![CDATA[Peter Pan]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos estamos acostumbrados a ver a Campanita como un personaje muy tierno, simpático, travieso y encantador, por lo menos de esta forma la pensaron los realizadores de Disney. Pero la verdadera Campanita pertenece a la novela de James Mathew Barrie. Ella, en este caso, es el paradigma de la mujer celosa que ataca al rival [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Todos estamos acostumbrados a ver a <strong>Campanita</strong> como un personaje muy tierno, simpático, travieso y encantador, por lo menos de esta forma la pensaron los realizadores de Disney. Pero la verdadera Campanita pertenece a la novela de James Mathew Barrie. Ella, en este caso, es el paradigma de la mujer celosa que ataca al rival que tiene cerca.</p>
<p>En esta novela, el hada es mala y cruel, además de un poco calculadora llega a convencer a los Chicos Perdidos de que disparen contra Wendy –esa chica que ahora captura la atención de Peter Pan- hasta matarla con sus flechas.<span id="more-4878"></span></p>
<p>Al principio de la aventura cuando Wendy va por primera vez al encuentro de los Chicos Perdidos, se ofrece a llevar al hada en su sombrero. Entonces nos cuenta el autor:</p>
<blockquote><p><em>“Como veremos, esto causó dificultades. Campanita no quería deberle ningún favor a Wendy (…) Hubiera sido mejor para Wendy dejar caer el sombrero. No sé si la idea se le ocurrió a Campanita de pronto o si lo había planeado en el camino, pero de pronto saltó del sombrero y empezó a atraer a Wendy a la ruina. Campanita no era mala del todo, o mejor dicho era mala pero otras veces era buena. Las hadas tienen que ser una u otra cosa porque por desgracia son tan pequeñas que sólo tienen espacio para un sentimiento a la vez. Pueden cambiar, pero el cambio tiene que ser completo. En ese momento, Campanita estaba llena de celos hacia Wendy. Desde luego, Wendy no pudo entender lo que le decía el hada con su lindo tintineo (creo que en parte fueron malas palabras). Pero era amable y volaba a su alrededor indicando claramente.”</em></p></blockquote>
<p>Cuando llegan donde se encuentran los Chicos Perdidos, están solas Wendy y Campanita, y claramente ella la hostiga:</p>
<blockquote><p><em>“-¡Miren, ahí vienen!- Curly señaló a Wendy en el cielo.<br />
Wendy ya estaba casi sobre ellos, y pudieron oír su lastimero llanto.<br />
Pero más clara les llegó la voz chillona de Campanita. La celosa hada había abandonado su actitud amistosa y se lanzaba sobre su víctima desde todas las direcciones, pellizcándola salvajemente cada vez que la tocaba.<br />
-¡Hola Campanita!- exclamaron los chicos perplejos.<br />
Por respuesta, Campanita replicó:<br />
-¡Peter quiere que derribe a Wendy!<br />
Los chicos no solían cuestionar las órdenes de Peter.<br />
-¡Hagamos lo que quiere Peter!- exclamaron los muy simples-. ¡Rápido, arcos y flechas!<br />
Tootles ya traía su arco y sus flechas. Campanita lo notó y se rastreó las manitos.<br />
-¡Rápido Tootles, rápido!- lo incitó- ¡Peter quedará encantado!<br />
Tootles, excitado, encajó una flecha en el arco.<br />
-¡Correte, Campanita!- gritó y entonces disparó. Wendy cayó aleteando a tierra, con una flecha en el pecho.”</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con fragmentos de <em>Peter Pan</em> de <strong>J. M. Barrie</strong></p>
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		<title>Estar en la cama no significa siempre erotismo</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 15:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Especies de espacios]]></category>
		<category><![CDATA[Ezra Pound]]></category>
		<category><![CDATA[George Perec]]></category>
		<category><![CDATA[La buhardilla]]></category>
		<category><![CDATA[La casa de las bellas durmientes]]></category>
		<category><![CDATA[Mi noche triste]]></category>
		<category><![CDATA[Pascual Contursi]]></category>
		<category><![CDATA[Yasunari Kawabata]]></category>

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		<description><![CDATA[Si bien es cierto que es el escenario típico del erotismo, en lo referente a la literatura, no es el único sentido que se le da. La cama ha sido testigo de desazones, proezas, una prueba de la existencia del dios Eros, el terreno en donde uno puede llegar a sentirse invadido. Te presentamos una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="TEXT-ALIGN: justify">Si bien es cierto que es el escenario típico del erotismo, en lo referente a la literatura, no es el único sentido que se le da. La cama ha sido testigo de desazones, proezas, una prueba de la existencia del dios Eros, el terreno en donde uno puede llegar a sentirse invadido. Te presentamos una serie de fragmentos de artículos en donde se relacionan los distintos vínculos que se establecen entre el amor y la cama.<span id="more-4866"></span></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Ven y apiadémonos de lo que tienen más que nosotros.<br />
Ven, amiga y recuerda<br />
Que los ricos tienen criados y no amigos<br />
Y nosotros amigos, no criados,<br />
Ven y apiadémoslos de solteros y casados.</em></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>El alba entra en puntas de pie<br />
Como una dorada Pavlova<br />
Y yo estoy próximo a mi deseo.<br />
Nada puede darnos la vida<br />
Mejor que esta hora de clarísima frescura<br />
La hora de despertarnos juntos.”</em></p></blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>La buhardilla, </em>de <strong>Ezra Pound</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">“<em>De noche cuando me acuesto<br />
No puedo cerrar la puerta<br />
porque dejándola abierta<br />
me hago la ilusión que volvés,<br />
siempre llevo biscochitos<br />
pa tomar matecitos<br />
como si estuvieses vos<br />
y si vieras la catrera<br />
cómo se pone cabrera<br />
cuando no nos ve a los dos.</em></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>(…) Y la lámpara del cuarto<br />
también tu ausencia ha sentido<br />
porque su luz no ha querido<br />
mi noche triste alumbrar.</em></p></blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>Mi noche triste, </em>de <strong>Pascual Contursi.</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Cuando leí ‘Veinte años después’, ‘La isla misteriosa’ y ‘Jerry’ en la isla lo hice tumbado tripa abajo en mi cama. La cama se convertía en cabaña de tramperos, o bote salvavidas en pleno océano tempestuoso, o baobab amenazado por un incendio, tienda levantada en el desierto (…) La cama: lugar de la amenaza infortunada, lugar de los contrarios, espacio del cuerpo solitario atestado de sus serrallos efímeros, espacio prescrito del deseo, lugar improbable del arraigo, espacio del sueño y de la nostalgia edifica.”</em></p>
</blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>Especies de espacios, </em>de <strong>George Perec</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Se deslizó quedamente bajo ella, temeroso de que la muchacha, aunque sabia que seguiría durmiendo, se derpertara. Parecía estar totalmente desnuda. No hubo reacción, ningún encogimiento de hombros ni torsión de las caderas como sugerencia de que ella notaba su presencia. Era una muchacha joven y por muy profundo que fuera su sueño, debería haber una especie de reacción rápida. Pero él sabia que este no era un sueño normal (…) quizás únicamente con el objeto de rechazar una fría sensación de culpa, el anciano creyó sentir música en el cuerpo de la muchacha. En la música del amor. Como si quisiera escapar, miró las cuatro paredes, tan cubiertas de terciopelo carmesí que podría no haber existido un salida. El terciopelo carmesí, que absorbía la luz del lecho, era suave y estaba totalmente inmóvil. Encerraba a una muchacha que había sido adormecida, y un anciano.<br />
- Despierta, despierta…”</em></p></blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>La casa de las bellas durmientes, </em>de <strong>Yasunari Kawabata.</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Aquella noche nos habíamos acostado sin hablarnos. Yo estuve leyendo, no sé qué y a veces, de reojo, veía dormirse a Cecilia. Ella tenia una expresión lenta, dulce, casi risueña, una expresión de antes, de cuando se llamaba Ceci, para la que yo había construido una imagen exacta que ya no podía ser recordada. Nunca pude dormirme antes que ella. Dejé el libro y me puse a acariciarla con un género de caricia monótona que apresura el sueño. Siempre tuve miedo a dormir antes que ella, sin saber la causa. Aun adorándola, era algo así como dar la espalda al enemigo. No podía soportar la idea de dormirme y dejarla a ella en la sombra, lúcida, absolutamente libre, viva aún.”</em></p>
</blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de<em> El pozo</em>, de <strong>Juan Carlos Onetti.</strong></p>
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		<title>Notas de viaje por América Latina</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 04:24:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Centro de Estudios Che Guevara y Ocean Press]]></category>
		<category><![CDATA[Notas de viaje por America Latina]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de cuatro décadas, los ecos de esa ética acompañan a Ernesto Che Guevara en la partida, en su moto dirigiéndose a la América profunda. Las travesías y experiencias se pueden leer en la reescritura de los apuntes que fueron tomados en el año 1951, los cuales fueron publicados tiempo más tarde después de que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="text-align: justify;">Después de cuatro décadas, los ecos de esa ética acompañan a <strong>Ernesto Che</strong> <strong>Guevara</strong> en la partida, en su moto dirigiéndose a la América profunda. Las travesías y experiencias se pueden leer en la reescritura de los apuntes que fueron tomados en el año 1951, los cuales fueron publicados tiempo más tarde después de que triunfara la Revolución cubana.<br />
Después de un tiempo se dio a conocer que aquel viaje, que tenía la finalidad de cambiar el rumbo de Cuba y, por qué no, del mundo, dio sus primeros pasos rumbo a la costa Atlántica de Argentina. Primero paró en Villa Gesell y luego en Miramar. Según cuentan los que saben es acá donde tuvo un ‘paréntesis amoroso’. De esta forma relata aquellos días de playa en donde tuvo lugar su gran metejón.<span id="more-4864"></span></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Alberto veía el peligro y ya se imaginaba solitario por los caminos de América, pero no levantaba la voz. La puja era entre ella y yo (…) Los dos días programados se estiraron como goma hasta hacerse ocho, y con el sabor agridulce de la despedida mezclándose a mi inveterada halitosis me sentí llevar definitivamente por aires de aventuras (…). Recuerdo un día que el amigo mar decidió salir en mi defensa y sacarme del limbo. La playa estaba solitaria y el viento fuerte soplaba hacia la tierra. Mi cabeza estaba en el regazo que me sujetaba a esas tierras.”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El Che que reescribe las anécdotas que pasaron intenta sacarle el peso afectivo a la despedida de la que era su enamorada y maquilla la situación con humor. Sigue el relato:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Yo me acordaba de la recomendación de Alberto: ‘la pulsera o no sos quien sos’. Sus manos se perdían en el hueco de las mías.<br />
- Chichina, esta pulsera… ¿si me acompañara en todo el viaje como un guía y un recuerdo?<br />
¡Pobre! Yo sé que no pesó el oro, pese a lo que digan: sus dedos trataban de palpar el cariño que me llevara a reclamar los kilates que reclamaba. Eso, al menos, pienso honestamente yo. Alberto dice (con cierta picardía, me parece) que no se necesita tener dedos muy sensibles para palpar la densidad 29 de mi cariño”.</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este artículo cuenta con fragmentos de <em>Notas de viaje por América Latina, </em>publicado por el Centro de Estudios Che Guevara y Ocean Press.</p>
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