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	<title>Librosylibretas.com &#187; Frases célebres</title>
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	<description>Blog de literatura, libros y anotaciones</description>
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		<title>Los celos como atenuante</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:20:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un muy corto relato, Manuel Peyrou imaginó el caso en que los celos eran un atenuante a la hora de juzgar un crimen. El hombre engañado, celoso siempre tendrá un perdón mayor que quien pretenda enarbolar la causa de la justicia o la libertad. “En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="text-align: justify;">En un muy corto relato, <strong>Manuel Peyrou</strong> imaginó el caso en que los celos eran un atenuante a la hora de juzgar un crimen. El hombre engañado, celoso siempre tendrá un perdón mayor que quien pretenda enarbolar la causa de la justicia o la libertad.<span id="more-4900"></span></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el conde.<br />
Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer en la celda.<br />
- ¿Por qué mentiste? – preguntó Giselle D’Orville- ¿Por qué me llenas de vergüenza?<br />
- Porque soy débil –repuso- De este modo me cortarán la cabeza, simplemente. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.”</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este artículo cuenta con un fragmento de <em>Cuentos breves y extraordinarios</em> de <strong>Manuel Peyrou</strong>, recogido en la antología de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.</p>
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		<title>Cuando una mujer venga sus celos</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:15:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Los amores de Leonor Montalvo – 1748]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Mujica Lainez]]></category>

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		<description><![CDATA[El pulpero Filomeno casi no lo cree, el hacendado Don Francisco Montalvo, un hombre grande que era dueño de muchas casas durante el virreinato pidió la mano de su hija (Leonor). Seamos sinceros, esta no era una joven ni bonita y sus modales eran bastante básicos. El pulpero cree que la fortuna le sonríe, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="text-align: justify;">El pulpero Filomeno casi no lo cree, el hacendado Don Francisco Montalvo, un hombre grande que era dueño de muchas casas durante el virreinato pidió la mano de su hija (Leonor). Seamos sinceros, esta no era una joven ni bonita y sus modales eran bastante básicos. El pulpero cree que la fortuna le sonríe, pero esto no es así. Leonor antes de cumplir los 18 años de edad termina casada con un hombre mayor, impotente y muy celoso. Él construye una casa para mantenerla encerrada y así evitar que ella busque algún joven de quien enamorarse. Obligada a padecer en silencio esta desdicha la joven ve cómo pasan sus años.<span id="more-4898"></span></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Leonor Montalvo era como su casa de San Isidro: la uniformidad de su recato exterior disfrutaba lo que adentro escondía. Agarrotada por un marido celoso, cuidada como un objeto frágil, no dejaban aflorar las tempestades de su ánimo. Aprendió de Don Francisco a pronunciar sólo palabras ineludibles. Cruzaba como una sombra las galerías y nadie, ni su esposo taciturno ni las negras que remendaban infinitos lienzos, hubiera podido penetrar qué pensaba, qué soñaba, ni presentir en las líneas leves que empezaban a marcar su frente lisa la huella de una protesta contra la vida monjil que le había deparado la suerte.”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pasaron los años hasta que la sombra de la muerte de Don Francisco aparece.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“En 1748, cuando el hidalgo contaba con setenta y dos años y parecía un fantasma de aquel que seis lustros antes había alumbrado las aspiraciones del ya difunto Filomeno, un ataque postró a Don Francisco. El físico que audio de Buenos Aire, con más pompa que luces, declaró que se había roto un canal en su cerebro. Aconsejó reposo pues las consecuencias podrían ser fatales. (…) Aquella noche acostaron a Don Francisco más temprano que de costumbre (…) A los pies de la cama, Leonor desenroscaba un rosario de amatistas. Su sombra cuadrada, maciza, se volcaba sobre las esteras del suelo. Hundido en los almohadones, el viejo la espiaba. Meditaba la señora. Su vida entera desfilaba por su imaginación como pasaban por sus dedos las cuentas cristalinas. La veía en sus detalles íntimos y del fondo de su animo se levantaba por fin la rebeldía como un perro castigado por muestra los dientes (…) ¿Sobrevivía Montalvo? ¿O se iría para siempre atravesando las rejas de las ventanas? ¿Y si partiera para el viaje tenebroso, era justo dejarlo ir así, con la sensación del triunfo?”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Frente a la mirada desconfiada de Don Francisco Leonor se rebela por primera vez.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Insensiblemente, como quien piensa en voz alta, Leonor comenzó a hablar… El caballero parecía un heno que ardía sin crepitar, un leño podrido que las llamas iban vaciando por dentro, comiendo el corazón. Aleteaban sus párpados. Hubiera querido apretarse las manos en el oído, imprecar, rogar, pero nada era posible (…) Leonor hablaba como una poseída, confesaba las minucias más horribles, sin rotreceder (…) ¿Qué no le dijo en las horas tendidas hasta el amanecer? Las traiciones, una a una, representaron en el aposente sus escenas infames, que ella declamaba cambiando el tono y exagerando el ademán. Y entre unas y otras enlazábase el ritornelo de las acusaciones irónicas y sañudas al hombre incapaz de hombría. Don Francisco vio con nitidez al guitarrero más joven y más hermoso de la pulpería conducido por sus negros al cuarto de Leonor, durante uno de sus viajes a Córdoba. Vio al buhonero andaluz que, aprovechando una de sus ausencias a Buenos Aires había conseguido deslizarse al estrado con sus baratijas (…) Vio, a medida que trascurrían los años, a los esclavos robustos de Anola -¡sí, los mismos negros! ¡Los mismos negros!- buscando con el labio goloso el pecho blanco del ama, entre las cortinas de la cama enorme. Y así… y así… estremesíase el salón con el chasquido de los besos con las risas lascivas, con los quejidos pecadores. Ahora, mientras estallaba la fanfarria de los gallos en la huerta, la orgía culminaba con la estampa grotesca de la matrona acosada en su otoño por Don Sacristán, el esclavo idiota.<br />
Como un reloj que se para, roto e mecanismo, detúvose el tic que desencajaba el ojo izquierdo del hidalgo. La hija del pulpero continuo girando, desbocada, azuzada por la histeria.<br />
De repente la inmovilizo el terror. Fue como si el muerto hubiera recobrado el dominio. Entonces, inesperadamente ágil, la gruesa mujer huyó por los corredores hacia su alcoba. El eco de sus mentiras la seguía, rebotando en las puertas, entre el zumbido de los abejorros y de los insectos peludos escapados de la habitación.”</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este artículo cuenta con un fragmento de <em>Los amores de Leonor Montalvo – 1748</em> de <strong>Manuel Mujica Laínez.</strong></p>
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		<title>Campanita, muy simpática pero muy celosa</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2009 18:35:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[James Mathew Barrie]]></category>
		<category><![CDATA[Peter Pan]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos estamos acostumbrados a ver a Campanita como un personaje muy tierno, simpático, travieso y encantador, por lo menos de esta forma la pensaron los realizadores de Disney. Pero la verdadera Campanita pertenece a la novela de James Mathew Barrie. Ella, en este caso, es el paradigma de la mujer celosa que ataca al rival [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Todos estamos acostumbrados a ver a <strong>Campanita</strong> como un personaje muy tierno, simpático, travieso y encantador, por lo menos de esta forma la pensaron los realizadores de Disney. Pero la verdadera Campanita pertenece a la novela de James Mathew Barrie. Ella, en este caso, es el paradigma de la mujer celosa que ataca al rival que tiene cerca.</p>
<p>En esta novela, el hada es mala y cruel, además de un poco calculadora llega a convencer a los Chicos Perdidos de que disparen contra Wendy –esa chica que ahora captura la atención de Peter Pan- hasta matarla con sus flechas.<span id="more-4878"></span></p>
<p>Al principio de la aventura cuando Wendy va por primera vez al encuentro de los Chicos Perdidos, se ofrece a llevar al hada en su sombrero. Entonces nos cuenta el autor:</p>
<blockquote><p><em>“Como veremos, esto causó dificultades. Campanita no quería deberle ningún favor a Wendy (…) Hubiera sido mejor para Wendy dejar caer el sombrero. No sé si la idea se le ocurrió a Campanita de pronto o si lo había planeado en el camino, pero de pronto saltó del sombrero y empezó a atraer a Wendy a la ruina. Campanita no era mala del todo, o mejor dicho era mala pero otras veces era buena. Las hadas tienen que ser una u otra cosa porque por desgracia son tan pequeñas que sólo tienen espacio para un sentimiento a la vez. Pueden cambiar, pero el cambio tiene que ser completo. En ese momento, Campanita estaba llena de celos hacia Wendy. Desde luego, Wendy no pudo entender lo que le decía el hada con su lindo tintineo (creo que en parte fueron malas palabras). Pero era amable y volaba a su alrededor indicando claramente.”</em></p></blockquote>
<p>Cuando llegan donde se encuentran los Chicos Perdidos, están solas Wendy y Campanita, y claramente ella la hostiga:</p>
<blockquote><p><em>“-¡Miren, ahí vienen!- Curly señaló a Wendy en el cielo.<br />
Wendy ya estaba casi sobre ellos, y pudieron oír su lastimero llanto.<br />
Pero más clara les llegó la voz chillona de Campanita. La celosa hada había abandonado su actitud amistosa y se lanzaba sobre su víctima desde todas las direcciones, pellizcándola salvajemente cada vez que la tocaba.<br />
-¡Hola Campanita!- exclamaron los chicos perplejos.<br />
Por respuesta, Campanita replicó:<br />
-¡Peter quiere que derribe a Wendy!<br />
Los chicos no solían cuestionar las órdenes de Peter.<br />
-¡Hagamos lo que quiere Peter!- exclamaron los muy simples-. ¡Rápido, arcos y flechas!<br />
Tootles ya traía su arco y sus flechas. Campanita lo notó y se rastreó las manitos.<br />
-¡Rápido Tootles, rápido!- lo incitó- ¡Peter quedará encantado!<br />
Tootles, excitado, encajó una flecha en el arco.<br />
-¡Correte, Campanita!- gritó y entonces disparó. Wendy cayó aleteando a tierra, con una flecha en el pecho.”</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con fragmentos de <em>Peter Pan</em> de <strong>J. M. Barrie</strong></p>
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		<title>Estar en la cama no significa siempre erotismo</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 15:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ezra Pound]]></category>
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		<category><![CDATA[La buhardilla]]></category>
		<category><![CDATA[La casa de las bellas durmientes]]></category>
		<category><![CDATA[Mi noche triste]]></category>
		<category><![CDATA[Pascual Contursi]]></category>
		<category><![CDATA[Yasunari Kawabata]]></category>

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		<description><![CDATA[Si bien es cierto que es el escenario típico del erotismo, en lo referente a la literatura, no es el único sentido que se le da. La cama ha sido testigo de desazones, proezas, una prueba de la existencia del dios Eros, el terreno en donde uno puede llegar a sentirse invadido. Te presentamos una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="TEXT-ALIGN: justify">Si bien es cierto que es el escenario típico del erotismo, en lo referente a la literatura, no es el único sentido que se le da. La cama ha sido testigo de desazones, proezas, una prueba de la existencia del dios Eros, el terreno en donde uno puede llegar a sentirse invadido. Te presentamos una serie de fragmentos de artículos en donde se relacionan los distintos vínculos que se establecen entre el amor y la cama.<span id="more-4866"></span></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Ven y apiadémonos de lo que tienen más que nosotros.<br />
Ven, amiga y recuerda<br />
Que los ricos tienen criados y no amigos<br />
Y nosotros amigos, no criados,<br />
Ven y apiadémoslos de solteros y casados.</em></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>El alba entra en puntas de pie<br />
Como una dorada Pavlova<br />
Y yo estoy próximo a mi deseo.<br />
Nada puede darnos la vida<br />
Mejor que esta hora de clarísima frescura<br />
La hora de despertarnos juntos.”</em></p></blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>La buhardilla, </em>de <strong>Ezra Pound</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">“<em>De noche cuando me acuesto<br />
No puedo cerrar la puerta<br />
porque dejándola abierta<br />
me hago la ilusión que volvés,<br />
siempre llevo biscochitos<br />
pa tomar matecitos<br />
como si estuvieses vos<br />
y si vieras la catrera<br />
cómo se pone cabrera<br />
cuando no nos ve a los dos.</em></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>(…) Y la lámpara del cuarto<br />
también tu ausencia ha sentido<br />
porque su luz no ha querido<br />
mi noche triste alumbrar.</em></p></blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>Mi noche triste, </em>de <strong>Pascual Contursi.</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Cuando leí ‘Veinte años después’, ‘La isla misteriosa’ y ‘Jerry’ en la isla lo hice tumbado tripa abajo en mi cama. La cama se convertía en cabaña de tramperos, o bote salvavidas en pleno océano tempestuoso, o baobab amenazado por un incendio, tienda levantada en el desierto (…) La cama: lugar de la amenaza infortunada, lugar de los contrarios, espacio del cuerpo solitario atestado de sus serrallos efímeros, espacio prescrito del deseo, lugar improbable del arraigo, espacio del sueño y de la nostalgia edifica.”</em></p>
</blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>Especies de espacios, </em>de <strong>George Perec</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Se deslizó quedamente bajo ella, temeroso de que la muchacha, aunque sabia que seguiría durmiendo, se derpertara. Parecía estar totalmente desnuda. No hubo reacción, ningún encogimiento de hombros ni torsión de las caderas como sugerencia de que ella notaba su presencia. Era una muchacha joven y por muy profundo que fuera su sueño, debería haber una especie de reacción rápida. Pero él sabia que este no era un sueño normal (…) quizás únicamente con el objeto de rechazar una fría sensación de culpa, el anciano creyó sentir música en el cuerpo de la muchacha. En la música del amor. Como si quisiera escapar, miró las cuatro paredes, tan cubiertas de terciopelo carmesí que podría no haber existido un salida. El terciopelo carmesí, que absorbía la luz del lecho, era suave y estaba totalmente inmóvil. Encerraba a una muchacha que había sido adormecida, y un anciano.<br />
- Despierta, despierta…”</em></p></blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de <em>La casa de las bellas durmientes, </em>de <strong>Yasunari Kawabata.</strong></p>
<blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><em>“Aquella noche nos habíamos acostado sin hablarnos. Yo estuve leyendo, no sé qué y a veces, de reojo, veía dormirse a Cecilia. Ella tenia una expresión lenta, dulce, casi risueña, una expresión de antes, de cuando se llamaba Ceci, para la que yo había construido una imagen exacta que ya no podía ser recordada. Nunca pude dormirme antes que ella. Dejé el libro y me puse a acariciarla con un género de caricia monótona que apresura el sueño. Siempre tuve miedo a dormir antes que ella, sin saber la causa. Aun adorándola, era algo así como dar la espalda al enemigo. No podía soportar la idea de dormirme y dejarla a ella en la sombra, lúcida, absolutamente libre, viva aún.”</em></p>
</blockquote>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Fragmento de<em> El pozo</em>, de <strong>Juan Carlos Onetti.</strong></p>
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		<title>Notas de viaje por América Latina</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 04:24:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Centro de Estudios Che Guevara y Ocean Press]]></category>
		<category><![CDATA[Notas de viaje por America Latina]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de cuatro décadas, los ecos de esa ética acompañan a Ernesto Che Guevara en la partida, en su moto dirigiéndose a la América profunda. Las travesías y experiencias se pueden leer en la reescritura de los apuntes que fueron tomados en el año 1951, los cuales fueron publicados tiempo más tarde después de que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p style="text-align: justify;">Después de cuatro décadas, los ecos de esa ética acompañan a <strong>Ernesto Che</strong> <strong>Guevara</strong> en la partida, en su moto dirigiéndose a la América profunda. Las travesías y experiencias se pueden leer en la reescritura de los apuntes que fueron tomados en el año 1951, los cuales fueron publicados tiempo más tarde después de que triunfara la Revolución cubana.<br />
Después de un tiempo se dio a conocer que aquel viaje, que tenía la finalidad de cambiar el rumbo de Cuba y, por qué no, del mundo, dio sus primeros pasos rumbo a la costa Atlántica de Argentina. Primero paró en Villa Gesell y luego en Miramar. Según cuentan los que saben es acá donde tuvo un ‘paréntesis amoroso’. De esta forma relata aquellos días de playa en donde tuvo lugar su gran metejón.<span id="more-4864"></span></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Alberto veía el peligro y ya se imaginaba solitario por los caminos de América, pero no levantaba la voz. La puja era entre ella y yo (…) Los dos días programados se estiraron como goma hasta hacerse ocho, y con el sabor agridulce de la despedida mezclándose a mi inveterada halitosis me sentí llevar definitivamente por aires de aventuras (…). Recuerdo un día que el amigo mar decidió salir en mi defensa y sacarme del limbo. La playa estaba solitaria y el viento fuerte soplaba hacia la tierra. Mi cabeza estaba en el regazo que me sujetaba a esas tierras.”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El Che que reescribe las anécdotas que pasaron intenta sacarle el peso afectivo a la despedida de la que era su enamorada y maquilla la situación con humor. Sigue el relato:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“Yo me acordaba de la recomendación de Alberto: ‘la pulsera o no sos quien sos’. Sus manos se perdían en el hueco de las mías.<br />
- Chichina, esta pulsera… ¿si me acompañara en todo el viaje como un guía y un recuerdo?<br />
¡Pobre! Yo sé que no pesó el oro, pese a lo que digan: sus dedos trataban de palpar el cariño que me llevara a reclamar los kilates que reclamaba. Eso, al menos, pienso honestamente yo. Alberto dice (con cierta picardía, me parece) que no se necesita tener dedos muy sensibles para palpar la densidad 29 de mi cariño”.</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este artículo cuenta con fragmentos de <em>Notas de viaje por América Latina, </em>publicado por el Centro de Estudios Che Guevara y Ocean Press.</p>
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		<title>Juan Bautista Alberdi viaja a Italia</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 00:18:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Bautista Alberdi]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos de mi viaje]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan Bautista Alberdi fue un activo exiliado antiterrorista en Montevideo, donde se dedicó al periodismo militante y a escribir diferentes obras teatrales. Cuando Montevideo fue sitiado y perdida toda esperanza de poner fin al régimen de Rosas, realiza un largo viaje por Europa en el año 1843. Seguramente que la naturaleza es bella en Italia, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>Juan Bautista Alberdi</strong> fue un activo exiliado antiterrorista en Montevideo, donde se dedicó al periodismo militante y a escribir diferentes obras teatrales. Cuando Montevideo fue sitiado y perdida toda esperanza de poner fin al régimen de Rosas, realiza un largo viaje por Europa en el año 1843.<span id="more-4851"></span></p>
<blockquote><p><em>Seguramente que la naturaleza es bella en Italia, pero es necesario no desconocer que los prodigios de esa belleza son casi exclusivamente obra del arte y la labor del hombre. Sin aquella tierra , creada y fabricada por la mano de la industria, digámoslo así; sin aquellos árboles sembrados, educados, alineados por el arte, sin aquellos edificios de perspectiva tan graciosa, aquel país seria bello todavía indudablemente, pero de una belleza no mayor que la familiar a España, África o América. ¡Oh! En cuanto a la América, es cosa enteramente distinta. Yo haré justicia a todo cuando se diga de ciertos países meridionales de Europa; pero al hablar del ponderado cielo de la Italia, diré que los lagos de Suiza son menos risueños que los blancos raudales del Paraná, sembrando de floridas islas, y desnudos sus horizontes de montañas que le quiten la luz, diré que los torrentes y accidentes sublimes de la Saboya, tan parecida a Grecia según M.Chautebriand, me han parecido menos grandiosos que los que ofrece Tucumán, donde el arte italiano podría encontrar tipos de imitación que la fantasía humana es incapaz de concebir. Es que la belleza de América, falta el manto prestigioso de la celebridad, ese lustre dado por la mano del tiempo, y que presta a los objetos el auxilio de la imaginación, partidaria eterna de la belleza lejana y de los encantos pasados y muy especialmente la magia del poeta que hace subirle azul del cielo y el bermejo de los rosas. No sabemos cuanto debe a esta hora el arte europeo a las magnificencias naturales de la América; pues baste decir que en ellas bebió sus más grades inspiraciones el autor de ‘Atala’ y ‘Los Natches’, decano y maestro de los poetas de este siglo. Mientras que cantor americano le sucede a veces que escribe versos sobre la luna de Italia, a la luz de la luna de América, que suple a su lámpara; paseando por azucenas y yerbas sahumadas, lee con entusiasmo las descripciones de la Suiza y recostado bajo las forestas del Paraná, sueña en los prodigios de Oriente, mientras los pájaros dorados cantan a su oído y se pasean por sus miembros embargados de sueño.</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con fragmentos de <em>Recuerdos de mi viaje y otras páginas</em>, de <strong>Juan Bautista Alberdi.</strong></p>
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		<title>Theophile Gautier en Granada</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 20:15:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Theophile Gautier]]></category>
		<category><![CDATA[Viaje a España]]></category>

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		<description><![CDATA[Gautier viajó por España durante el año 1840, acompañando a un importante coleccionista al que asesoraba en materia de obras de arte y antigüedades. En este viaje escribió Viaje a España en donde dejó las impresiones que le llevaba de los lugares que recorría. Este libro fue uno de los más leídos de su época. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>Gautier</strong> viajó por España durante el año 1840, acompañando a un importante coleccionista al que asesoraba en materia de obras de arte y antigüedades. En este viaje escribió <em>Viaje a España</em> en donde dejó las impresiones que le llevaba de los lugares que recorría. Este libro fue uno de los más leídos de su época.<span id="more-4842"></span></p>
<blockquote><p><em>Aguafuertes españolas<br />
El aspecto general de Granada defrauda todas las previsiones formadas previamente. A pesar de todo y de las muchas decepciones sufridas, uno no puede darse cuenta de que han pasado trescientos o cuatrocientos años y multitudes de burgueses por aquel teatro de tantas acciones románticas y caballerescas. Os figuráis una ciudad mitad morisca, mitad gótica en la que los campanarios alados se mezclasen con los almirantes y en la que los hastiales alternasen con as terrazas; se espera encontrar casas con relieves, historiadas con escudos y lemas heroicos, construcciones raras de pisos superpuestos, de vigas salientes, de ventanas adornadas con tapices de Persia y tiestos azules y blancos; en fin, una decoración de opera en la realidad que representa alguna maravillosa perspectiva de la Edad Media.<br />
Las personas con las que os encontráis con traje moderno, con sombrero hongo, con levita de señor, producen involuntariamente efecto desagradable, pareciendo más ridículas de los que son en realidad, pues, ciertamente, no pueden pasearse, para gloria del color local, con el albornoz moro de tiempos de Boadbil o la armadura de hierro de la época de Fernando e Isabel la Católica. Tienen a gala como casi todos los burgueses de las ciudades españolas, demostrar que no son pintorescos y dar pruebas de civilización luciendo pantalones de trabilla.<br />
Tal es la idea que les preocupa, temen pasar por bárbaros por atrasados, y cuando se les alaba la belleza salvaje de su país, disculpanse humildemente de no tener ferrocarriles y de carecer de fábricas de vapor. Uno de estos honrados ciudadanos, ante quien yo cantaba los encantos de Granada, me contestó: ‘Es la ciudad mejor alumbrada de Andalucía, fíjese usted en la cantidad de faroles, pero ¡qué lástima que no sean de gas!’<br />
Granada es alegre, riente, animada, aunque desprovista de su antiguo esplendor. Los habitantes se multiplican y representan a maravilla una gran población, los coches son más numerosos y más bonitos que en Madrid. La petulancia expande por las calles un movimiento y una vida desconocidos de los graves paseantes castellanos, que no hacen más ruido que su propia sombra (…)<br />
Un viaje por España es aun empresa peligrosa y romántica; hay que contribuir con la persona, tener valor, paciencia y fuerza. A cada paso se arriesga la piel y los menores inconvenientes con los que se tropieza son las privaciones de todo género, la carencia de las cosas más indispensables para la vida, el peligro de los caminos, verdaderamente impracticables para quines no sean arrieros andaluces, un calor infernal, un sol capaz de derretir el cráneo, hay además que habérselas con los facciosos, los ladrones y los posaderos, gente bribona, cuya honradez se acomoda al numero de carabina que lleva uno consigo. El peligro os rodea, os sigue, os precede, solo ois cuchichear historias terribles y misteriosas. Ayer comieron los bandidos en esta posada. Una caravana fue detenida y llevada al monte por los facinerosos, para pedir rescate, Palillos, está emboscado en tal sitio, por donde tienen ustedes que pasar. Indudablemente, en todo esto existe mucha exageración; pero, por muy incrédulo que uno sea es preciso convencerse de que hay algo de cierto, cuando en cada encrucijada se ven cruces de madera con inscripciones de este género: ‘Aquí mataron a un hombre’. ‘Aquí murió de mano airada’.<br />
Habíamos salido de Granada a la caída de la tarde y teníamos que andar toda la noche. No tardó en salir la luna, inundando con sus rayos de plata los resaltes de las montañas. Las sombras de los roquedos se alargaban y se acortaban, adoptando formas extrañas, en el camino que seguíamos y producían efectos de óptica originales. (…)</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con fragmentos de <em>Viajes por España</em> de <strong>Gautier</strong></p>
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		<title>Schopenhauer y el amor que perturba</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 15:13:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando uno ve en diferentes textos o en la vida misma a los amantes que tristes y melancólicos van a parar al manicomio o se suicidan, cabe dudar acerca de tal sentimiento. Si bien es cierto que no es lícito dudar de la realidad del amor ni de su importancia, en este contexto Schopenhauer nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Cuando uno ve en diferentes textos o en la vida misma a los amantes que tristes y melancólicos van a parar al manicomio o se suicidan, cabe dudar acerca de tal sentimiento. Si bien es cierto que no es lícito dudar de la realidad del amor ni de su importancia, en este contexto <strong>Schopenhauer</strong> nos presenta su propia hipótesis: “el amor no es más que la tendencia a la perturbación de las especies” y trata el enamoramiento con cierto aire sarcástico:<span id="more-4840"></span></p>
<blockquote><p><em>“No espero aprobación ni elogio por parte de los enamorados, que naturalmente propenden a expresar las imágenes más sublimes y más etéreas la intensidad de sus sentimientos. A ellos mi punto de vista les parecerá demasiado físico, harto material, por metafísico y trascendente que sea en el fondo. Ante de juzgarme, que se den cuenta de que el objeto de su amor, o sea la mujer a la cual exaltan hoy en madrigales y sonetos, apenas hubiera obtenido de ellos una mirada si hubiese nacido dieciocho años antes. Toda inclinación tierna, por etérea que afecte ser, sumerge todas sus raíces en el instinto natural de los sexos (…) El amor, que es el fin ultimo de casi todo esfuerzo humano, que tiene una influencia perturbadora sobre los más importantes negocios, que interrumpe a todas horas las ocupaciones más serias; que a veces hace cometer tonterías a los más grandes genios, que tiene maña para deslizar sus dulces esquelas y sus mechoncitos de cabellos hasta en las carteras de los ministros y los manuscritos de los filósofos (…) y que aparece como un demonio que se esfuerza en trastornarlo todo, embrollarlo todo, destruirlo todo, al punto de exclamarnos: ¿Por qué tanto ruido? Pues no se trata más que de una cosa muy sencilla; sólo se trata, de que cada macho se ayunte con su hembra. ¿Por qué tal sutileza ha de representar un papel tan importante e introducir continuamente el trastorno y el desarreglo en la vida bien ordenada de los hombres? (…) El in definitivo de toda empresa amorosa, lo mismo si se inclina a lo trágico que a lo cómico, es el más grave e importante fin de la vida y merece la profunda seriedad con que cada uno lo persigue. Se trata nada menos que de la combinación de la generación próxima. Los actores que entraran en escena cuando salgamos nosotros, se encontraran así determinados en su existencia y en su naturaleza por esta pasión tan frívola.”</em></p></blockquote>
<p>Siente una antipática y fría visión en lo que respecta a la pasión erótica, creyendo que tiene una profunda misoginia (esto es adjudicado a los celos que tenía el autor por el joven amante de su madre). Como consecuencia presenta una teoría sobre el matrimonio aclarando que es un gran negocio para las mujeres:</p>
<blockquote><p><em>“Es inútil disputar acera de la poligamia, puesto que de hecho existe en todas partes y sólo se trata de organizarla. ¿Dónde se encuentran verdaderos monógamos? Todos, a lo menos durante algún tiempo, y la mayoría casi siempre vivimos en la poligamia. Si todo hombre tienen necesidad de varias mujeres, justo es que sea libre y hasta que se le obligue a cargar con varias mujeres. Estas quedaran de ese modo reducidas a su verdadero papel, que es el de un ser subordinado, y se verá desaparecer de este mundo la dama, ese monstruo de la civilización europea y de la estolidez germano – cristiana, con sus ridículas pretensiones al respecto y al honor (…)<br />
El matrimonio es una celada que nos tiende la Naturaleza.<br />
El honor de las mujeres lo mismo que el de los hombres, es un “espíritu de cuerpo” bien entendido. En la vida de las mujeres, las relaciones sexuales son un gran negocio. El honor consiste para una joven soltera en la confianza que inspire su inocencia, y para una mujer casada, en la fidelidad que tenga a su marido.”</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con fragmentos de <em>El amor, las mujeres y la muerte</em> de <strong>Schopenhauer.</strong></p>
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		<title>El amor y el deseo de controlar por celos</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 04:16:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Dino Buzzatti]]></category>
		<category><![CDATA[Un Amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Dino Buzzatti, a través de su novela Un amor, nos cuenta la historia de una relación que gracias a los celos se vuelve tortuosa. Se trata de un arquitecto de 49 años (Antonio Dorigo) y Laide, una joven bailarina que trata de evitarlo. Los personajes se conocen en un prostíbulo. Con el correr del tiempo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>Dino Buzzatti,</strong> a través de su novela <em>Un amor</em><strong>, </strong>nos cuenta la historia de una relación que gracias a los celos se vuelve tortuosa. Se trata de un arquitecto de 49 años (Antonio Dorigo) y Laide, una joven bailarina que trata de evitarlo. Los personajes se conocen en un prostíbulo. Con el correr del tiempo Antonio se enamora perdidamente, y ella acude a las más inverosímiles mentiras para esquivar ese sentimiento.<br />
El protagonista se vuelve obsesivo y celoso de la vida de Laide, que no puede controlar, perdiendo su trabajo, su familia y hasta sus amigos. En determinado momento llega un acuerdo comercial con ella, en donde él le ofrece pagarle por verla tres veces por semana. Ella acepta el trato. Esto en vez de calmarlo acrecienta su obsesión. El trato lo lleva a sentir celos aún más profundos.<span id="more-4848"></span></p>
<blockquote><p><em>“Peor que al principio, porque ahora ese embrión de derecho sobre ella volvía todavía más insoportable la libertad de Laide, lo ponía todavía más celoso. En el fondo, hasta hoy los encuentros con la chica eran maravillas concesiones, un privilegio. Del mundo de Laide, hasta hoy, él había quedado afuera, había una especie de muro que escondía su vía con los relativos misterios y él no presumía poder conocerlos: su familia, sus primeros amores, los novios, las ‘salidas’ con los rufianes, las noches en el Due, la dudosa ocupación en La Scala, sólo que de tanto en tanto ella salía para encontrarse con Antonio, con él. Antonio, afuera, esperaba ansiosamente, cada vez que Laide aparecía era un indecible alivio. Luego ella regresaba a su mundo, él ya no sabia nada más y renunciaba a esperar. Pero ahora se había abierto una pequeña puerta, él había entrado apenas unos pasos, y estaba oscuro, ahí no se veía nada, menos que antes cuando estaba afuera. Había entrado no obstante, pero poco, poquísimo, tal vez se había encastrado en su vida y estaba feliz por esto como si fuera adelante, como una conquista y sin embargo es peor que al principio, ahora él ya no es un extraño, en cierto sentido tendría derecho a saber y no sabe, ni puede siquiera preguntar o indagar por miedo a arruinarlo todo, guau si Laide tuviera dudas de que por esas miserables cincuenta mil liras a la semana él se iba a creer con el derecho de un patrón,¿no lo había dicho él que la dejaba libre? De este modo, afloran aun más que antes y entran en contradicción las pocas cosas que Laide contó de sí misma, cosas incluso terribles que la metían en un berenjenal difícil de explicar en el que caben celos, ira, lujuria y que volvían a atizar el amor.<br />
Fragmentos turbios y ambiguos, verdaderos y falsos, tal vez inventados por ella con malicia sutil por instinto, para excitarlo, para volverse más interesante, mostrarse segura, más allá del bien y del mal, una mezcla de franqueza inverecunda, confusa sed de vida, ganas de vengarse de la suerte humilde, orgullo popular, candor de niña.”</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con un fragmento de <em>Un amor</em>, de <strong>Dino Buzzatti.</strong></p>
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		<title>Los viajes de Raymond Roussel</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Oct 2009 21:12:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Raymond Roussel]]></category>
		<category><![CDATA[viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Raymond Roussel fue uno de los casos más raros que nos brindó la literatura moderna. Siempre se caracterizó por ser terriblemente original en su estética. Se lo puede considerar uno de los precursores del surrealismo. A comienzo de las década del 20 viajó por todo el mundo malgastando toda una herencia familiar. Acá te brindamos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>Raymond Roussel</strong> fue uno de los casos más raros que nos brindó la literatura moderna. Siempre se caracterizó por ser terriblemente original en su estética. Se lo puede considerar uno de los precursores del surrealismo.<br />
A comienzo de las década del 20 viajó por todo el mundo malgastando toda una herencia familiar. Acá te brindamos un resumen de algunos de los sitios que visitó.<span id="more-4836"></span></p>
<blockquote><p><em>Quisiera hablar de un hecho bastante curioso. He viajado mucho. Especialmente en 1920 – 1921 di la vuelta al mundo, pasando por la India, Australia, Nueva Zelanda, las islas del Pacifico, China, Japón y América. (Durante ese viaje me detuve un largo tiempo en Tahití, donde encontré a algunos personajes del admirable libro de Pierre Loti). Ya conocía los principales países de Europa. Egipto, todo el norte de África y más tarde visité Constantinopla, Asia Menor y Persia. Sin embargo, ninguno de esos viajes me procuró el menor material para mis libros. Me pareció que valía la pena señalar este hecho, porque muestra de un modo muy palpable que para mí la imaginación lo es todo</em>.</p></blockquote>
<blockquote><p>(En Australia)<br />
<em>Melbourne no te gustará porque está llena de handsomes cabs. A mi me encanta, adoro este tipo de locomoción. Y usaré la calefacción a vela, porque aquí me encontré con el invierno, durante la primera parte de la travesía, creo que las velas se hubieron consumido sin necesidad de prenderlas. Como mi habitación da de lleno al norte, tengo el sol todo el día. Hay ostras exquisitas y como estamos en los meses que se escriben sin ‘r’, es absolutamente la mejor época. Una de estas noches me propongo tomar sopa de canguro, una gran especialidad australiana. Las carreras de caballos son una maravilla. Hay siete hipódromos en Melboure y todas las grandes ciudades tienen una buena cantidad; y las pequeñas al menos uno. Esta es la patria de Melba, su verdadero nombre es Amstron, Melba es el sobrenombre de Melbourne. Cerca de aquí hay dos estaciones balnearias, Brighton y Menton. Vale la pena venir de tan lejos para ir de excursión a Brighton y a Menton, cosa que hice.</em></p></blockquote>
<blockquote><p>En Tahití<br />
<em>El Papete, vivía en la Rue de Rivoli, justo al revés que en Paris. Si en mi Rue de Rivoli no están los Rumpelmeyer, al menos se comen frutas sorprendentes. Soy vecino de la reina u nos llevamos muy bien. Haba perfecto francés y es muy interesante cuando habla de su isla. La otra noche escuché himenés. Son coros tahitianos absolutamente extraños y poéticos.</em></p>
<p><em>En Persia<br />
El otro día pinché una goma en Tyr, me pareció bastante elegante. Desde Beirut hice excursiones por el Líbano, y después estuve en Damas, donde hay un helado de malvavisco extraordinario; ahora estoy en Bagdad, el país de las mil y una noches y de Ali Babá, lo que me hace pensar en Lecop; la gente tiene costumbres más asombrosas que las comparsas de la Gaite. Mi cuarto da al Tigres; visite las ruinas de Babilonia.</em></p>
<p><em>En Persia<br />
Camino a Teheran, pasé una noche en Ecabatne, capital de Darius y Xerxes. Fui de paseo al Mar Caspio, el reino del caviar. Esperando comer los extra-frescos pero ahora no es temporada, y el que me convidaron estaba un poco salado. Si allí llegué demasiado temprano para el caviar, aquí en Ispahán, llegué demasiado tarde para las rosas. Persia es muy curiosa, pero poco confortable parece que estuviera en el 1346 de la era cristiana y no de la hégira.</em></p></blockquote>
<p>Este artículo cuenta con fragmentos que pertenecen a una nota de <strong>Michel Leiris</strong> publicada en <em>TSE</em>.</p>
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